sábado, 30 de abril de 2016

Game Of Thrones: Temporada 6, Episodio 1 "The Red Woman"



Luego de tanta espera, la ansiedad se terminó y el pasado Domingo comenzó la sexta temporada de Game Of Thrones. Ya en las primeras escenas, como espectadores nos dimos cuenta de dos cosas de gran relevancia: primero, que Jon Snow seguía efectivamente muerto - la trama comienza unos minutos más tarde del asesinato del Señor Comandante de la Guardia Nocturna- y, en segundo lugar, que por tal vez varios capítulos seguirá de la misma manera.

La quinta temporada había finalizado con un estruendo, dejando a casi todos los personajes principales repartidos por los más diversos y lejanos lugares del mapa, cada uno enfrentando un futuro inmediato bastante complicado.

Basta recordar que luego de un escape de Mereen sobre el lomo de Drogon y bajo una lluvia de flechas y lanzas, Daenerys Targaryen quedó a merced de una nueva y voluminosa horda de guerreros Dothraki que no tardó el hacerla su prisionera. Lo mismo aplica para personajes como la extraña pareja que conforman Tyrion Lannister y Sir Varys, ambos atrapados en una ciudad en plena guerra civil, con los dos lados de la contienda - cada uno con sus motivos- esperando el regreso de la Madre de los Dragones. Ni que hablar de Sansa Stark y Theon "Reek" Greyjoy que tras asesinar al verdadero amor de Ramsay Bolton, Myranda, eligieron tomarse de las manos y lanzarse por el barranco hacia lo incierto.

Pero mucho peor fue el castigo que recibió Arya Stark ya que tras asesinar sin el permiso del Dios de las Muchas Caras, quedó completamente ciega y sin ninguna posibilidad de escape. Tal vez su dolor sea gigante, pero nada equiparable al que sintieron la "arrepentida" Cersei Lannister y su hermano/amor de su vida Jaime Lannister al tener que enterrar el cuerpo sin vida de su hija Myrcella luego de que fuese envenenada por Ellaria Martell como primer paso para una venganza que se supone a mucha mayor escala que ese hecho individual.




Uno de los platos fuertes que este capítulo nos deparó fue el ver a la Madre de los Dragones al borde de las esclavitud y el abuso sexual, como si su vida ya no tuviese suficiente. Capturada por un nuevo Khalasar, es arrastrada por el desierto hasta llegar cara a cara con Khal Moro, que primero intenta violarla y que al escuchar que es la viuda de Khal Drogo promete no tocarla ni siquiera mirarla. Lo particular de la carta que Daenerys tenía bajo la manga es que si bien la salvó de un destino similar al que vimos en la primera temporada de Game Of Thrones, no pudo evitar su futuro traslado hacia el Templo de Dosh Khareen, lugar donde viven todas las viudas de los Khal hasta el día de su propia muerte.

Se espera que su destino no sea tan lúgubre, y algo al respecto hemos visto en los dos trailers previos al estreno: la imagen de uno de sus dragones sobrevolando el campamento de la horda Dothraki es la clave que nos puede hacer entender como es que, una vez más, la mujer de los mil títulos podrá sobrevivir y superar de manera exitosa esta nueva complicación que se le ha cruzado en el camino.




En el otro lado del mundo, más precisamente en Dorne, Ellaria Sand logra terminar con el primer gran paso de su venganza. Luego de ver morir al amor de su vida, Oberyn Martell en manos de "La Montaña Que Cabalga", Sandor Clegane, y de soportar que el hermano de este y Príncipe de Dorne, Doran Martell, se rehúse a tomar las armas contra los Lannister, esta guerrera y sus tres hijas toman las armas.

El asesinato de Doran no es inesperado ni tampoco el que nada se haya hecho para evitarlo, ya que casi todo el pueblo consideraba que el Rey era un cobarde y que estaba defendiendo y justificando a los asesinos no solo de su hermano, sino además de su hermana Elia Martell, masacrada por el mismo Clegane durante la toma de King's Landing en tiempos previos a todo lo que hemos visto desde la primera temporada.

Claro que el dardo envenenado llega directamente al corazón de Jaime y Cersei Lannister, que ven como la vida de su joven hija se ha esfumado en los aires debido a un conflicto en el que ella no tenía absolutamente nada que ver. El río de sangre sigue corriendo bajo los pies de la familia Lannister, que ha tenido que enterrar a otra persona y que se dispone a lanzar un contraataque lo más rápido posible.




En el frío Norte, Theon y Sansa lograron escapar con relativo éxito del castillo de los Bolton, pero no pudieron llegar demasiado lejos a pesar de su gran esfuerzo debido a una cacería implacable por parte de los soldados y sabuesos de Ramsay Bolton. La aparición de Brianne los salvó de la ira del heredero del Norte- dispuesto a hacer lo que sea para vengar la muerte de Myranda-, tomando esta vez Sansa la protección de su salvadora, algo que nunca debería haber rechazado en primera instancia más allá de que - al contrario del espectador, en un clásico recurso hitchcokiano- no sabía nada de la maldad que habitaba y crecía dentro de su futuro esposo.

Mientras Sansa imagina como vengarse de todos los que la despojaron de su familia y de la vida con la que tanto soñaba, su hermana más pequeña - con la que estuvo cerca de coincidir en el Nido del Águila unos días después del asesinato de su delirante tía Lysa Tully- se encuentra en Braavos sufriendo por haber asesinado a Meryn Trant sin el permiso de su nuevo Dios.



Cabe recordar que al final de la quinta temporada, Arya había perdido la vista tras matar a Meryn Trant, principal nombre en su lista negra, mientras este buscaba menores de edad para golpear y luego tener sexo en uno de los tantos prostíbulos de Braavos. Este error terminó por quitarle la vista a la mujer más pequeña de la familia Stark, que ahora comenzará un nuevo entrenamiento pues el Dios de las Muchas Caras le ha dado una nueva oportunidad a pesar de su desobediencia.

El sufrimiento es absoluto para la joven Stark, pero será recibida nuevamente en el templo y también guiada sin piedad alguna por su mentor Jaquen H'gar, quien sabe que ella es una pieza vital pero que necesita pasar por la oscuridad para alcanzar el gran objetivo. Su primera pelea a ciegas es lastimosa, recibiendo una gran golpiza de parte de The Waif, pero comenzando a ganar algo de motivación cuando creía que pasaría el resto de su vida posando como una mendiga en las calles para recolectar secretos.




Y para el final, el habitual golpe al mentón que siempre deja a todos preguntándose que es lo que había sucedido. En la secuencia que dio por finalizado el primer capítulo, una decepcionada y triste Lady Melisandre se encuentra en su habitación a punto de irse a dormir luego de otro día frustrante en el muro. Al sacarse el collar metálico que llevó puesto en casi todas las escenas desde su aparición, se revela que en realidad la imagen que teníamos de ella no era la correcta: como un gran homenaje a El Retrato de Dorian Gray, vemos como Melisandre no es más que una persona muy vieja, casi al punto de parecer un verdadero monstruo. Antes de seguir adelante, hay que aclarar que era de público conocimiento el hecho de que la Bruja Roja no tenía una edad convencional y que había vivido mucho más que el hombre promedio.

Una vez dicho esto, adentrémonos en las teorías conspirativas comenzaron a recorrer la Internet, haciendo hincapié la mayoría de éstas en la escena que comparten Melisandre y Selyse Florent, la atormentada esposa de Stannis Baratheon, donde ella se baña y no tiene puesto el ya famoso collar mágico. Lo cierto es que son las mismas líneas de su personaje en ese momento las que explican el por qué de la ausencia del elemento rodeando su cuello y el hecho de que nosotros tras la pantalla sólo la veamos con su apariencia habitual.

Bajo la atenta y extraña, casi perturbada, mirada de quien es una devota absoluta, Melisandre le cuenta que con quienes no están convertidos por completo ella está obligada a utilizar espejos y humo para engañarlos. Agrega que en el caso de ella, no se encuentra obligada a hacerlo porque la sabe entregada al Señor de la Luz, algo que visto en perspectiva parece aclarar todas las cuestiones suscitadas. Muchos hablarán de un error de continuidad - algo que también es posible- pero hay que tener en cuenta que el recurso de engañar el ojo del espectador no es novedoso, ya que en el momento en el que ingresa en la bañera, es imposible que nosotros podamos ver lo que Selyse - que baja muchas veces los ojos, como atraída y repelida al mismo tiempo- está visualizando a menos que la cámara sea completamente subjetiva.




Con el segundo episodio a horas de estrenarse, está claro que tras esta breve introducción el camino recién comienza para cada uno de los personajes mencionados. Luego de cinco temporadas en las que se mantuvieron luchando en un mismo lugar, el sexto capítulo de Game Of Thrones los encuentra dispersos por el mundo y lejos de ser lo que eran cuando la serie daba sus primeros pasos. El largo y espinoso camino del hombre, del ser humano, es lo que les espera a todos ellos, quedando la lucha por el Trono de Hierro muy desdibujada y atrapada dentro de lo que es el gran conflicto.

Y no se confundan al respecto, pues los muertos están viniendo. 























lunes, 25 de abril de 2016

The Forest

No hay nada más interesante que los mitos y el que rodea al famoso "Bosque Suicida" de Japón es más que cautivante para los interesados en estas cuestiones. El lugar se llama Akiogahara, se encuentra al pie del Monte Fuji en el país asiático y tiene la fama bien ganada de ser uno de los mejores lugares para quitarse la vida.

Hay varios documentales al respecto, siendo el más interesante uno de la muy buena cadena de noticias alternativa Vice, en donde de la mano de un experimentado guía, dos reporteros se adentran en lo que desde la apariencia es un hermoso lugar, naturaleza en estado puro, pero que es también un sitio de reflexión y de muerte.

Hubiese sido extraño que ningún estudio o director tomase la idea y la convirtiese en un largometraje, algo que justamente hizo Jason Zada. Con Natalie Dormer como cabeza de cartel, el filme era sin dudas interesante y parecía respetar bastante los elementos clásicos del cine de terror japonés. El resultado sin dudas que es disparejo, con algunos baches notorios, pero The Forest logra llegar a la meta sin que le falte nada ni le sobre demasiado.




Jess (Natalie Dormer) tiene un mal sueño, que consiste en ver a su hermana gemela corriendo en un bosque oscuro en Japón, pidiendo ayuda a los gritos mientras trata de huir lo más rápido posible de algo o alguien que la persigue. De inmediato, Jess toma la decisión de ir a buscar a su hermana, pues siente que ella de alguna manera le está pidiendo que vaya a rescatarla.

Entre varios flashbacks y flashforwards, nos enteramos que la hermana de Jess está desaparecida hace varios días y que ingresó al "Bosque Suicida", algo que suele alertar a las autoridades que esperan muy poco tiempo para dar a la persona por muerta. Los sueños acerca de la infancia se hacen más recurrentes en Japón, todo al mismo tiempo en que Jess investiga que es lo que sucede en ese bosque.

Una visita a la escuela donde ella trabajaba como maestra del primario la termina por convencer de adentrarse en el bosque. Es advertida por la directora acerca de la leyenda que rodea el lugar, pero no duda en comenzar por ver si su cuerpo no se encuentra entre los varios que son extraídos del lugar a cada semana.




En el lugar, una misteriosa persona le pide que no se adentre en el bosque porque al estar muy triste por dentro, el lugar la va a utilizar para atraparla y jamás dejarla salir. En el hotel conoce a un periodista llamado Aidan (Taylor Kinney) que le explica que irá con un guía a recorrer el lugar y que - a cambio de la posibilidad de escribir acerca de su caso específico- puede ir con ellos.

Luego de cruzarse con algunos cadáveres, muchos caminos marcados al estilo de Ariadna en el laberinto del minotauro y una carpa con una persona indecisa respecto de su futuro próximo, dan con la carpa y las cosas de Sara (también es Natalie Dormer, algo bastante lógico y digamos que menos caro). Jess elige quedarse a dormir allí a la espera de que Sara regrese y Aidan se queda con ella para que no corra peligro.

Comenzará el momento de las reflexiones, de las charlas acerca del pasado, de las diferencias entre ella y su hermana respecto de algunos hechos que marcaron sus vidas. Un camino que se convertirá en una pesadilla impulsada por esos mitos que son mucho más reales y espeluznantes de lo imaginado.




La trama de The Forest es interesante, no tanto por lo que sucede en el filme - salvo en algunos momentos con sustos repentinos-, sino por la leyenda y los hechos que rodean al Bosque de Akiogahara. El cuadro general muestra varios clichés del género, sin lograr emular el éxito y la calidad de otros proyectos de terror japonés que logran ponerle a uno los pelos de punta. Se puede decir que en comparación con otros intentos recientes, este es el mejor de todos, algo que no es un elogio demasiado importante pero que le permite a The Forest superar el piso mínimo.

El espectador quedará sumergido de a ratos en la atmósfera tensa y oscura, llena de soledad y desesperación, que la historia plantea, pero lamentablemente tardará bastante poco en salir de ella. El guión es un poco engañoso, con un buen giro final que resuelve el conflicto basal pero que deja una sorpresa mucho más grande para los minutos previos a los créditos.





PUNTAJE: 6/10









domingo, 24 de abril de 2016

Spectre

Es cierto que Spectre la nueva película de la eterna saga de James Bond, no fue muy bien recibida ni por el público ni por la crítica. Hubieron voces que se alzaron para defenderla, pero quedaron enterradas debajo del ruido que genera un fracaso de taquilla. Con un presupuesto de caso 300 millones de dólares, en su primer fin de semana en los Estados Unidos recaudó apenas 70 millones y ha redondeado un total de 200 millones desde el día de su estreno hasta su salida de las carteleras. La que fue presentada como la última intervención de Daniel Craig en la piel del mítico personaje de Ian Fleming, decepcionó - según los comentarios negativos- debido a su liviandad y a su cantidad de vueltas de tuerca psicológicas.

Negando absolutamente lo primero y poniendo en relieve, destacando como una virtud, lo segundo, desde Super 8 nos proponemos plantarnos del lado de Spectre ya que - aún con pasos en falso, de esos de los que nadie escapa- no deja de ser un clásico filme de James Bond bastante alejado de lo que venimos recibiendo hace años y mucho más cercano a aquellos de la edad de oro (Sean Connery) que todos los aficionados adoran y recuerdan con nostalgia.

El filme inicia con una muy buena secuencia en México, donde James Bond (Daniel Craig) actúa fuera del radar para encontrar un importante objetivo. Recordemos que en la parte anterior, el espía británico tuvo que ver como M moría en manos del villano de turno, teniendo la obligación de cumplir con el deseo final de quien fue su, sí vamos a decirlo, gran mentora. El asesinato sucede e incluye una gran cantidad de edificios demolidos y en llamas, con una pelea arriba de un helicóptero que genera un caos masivo.




Su regreso a casa lo encuentra con los cañones políticos y mediáticos apuntando hacia el MI6. El servicio secreto está en pleno proceso de fusión, en una crisis interna muy grande, que lleva al nuevo M (Ralph Fiennes) a tener las manos atadas. Luego del escándalo en México, Bond es suspendido provisoriamente, pero al mismo tiempo entiende que hay algo detrás del supuesto proceso de modernización - que implica cerrar el programa 00- bajo el lema "la máquina reemplaza al hombre".

Con el deseo de la difunta M en la cabeza, este agente ahora tan certero como humano - gran trabajo de los guionistas en esta saga-, se embarcará en una misión muy peligrosa que tiene como principal objetivo el desmantelar una organización secreta de gran poder político y de fuego que viene realizando ataques a gran escala en todo el mundo.

A medida que cava más y más profundo, James se encuentra con una de las peores sombras de su pasado, una que no ha dejado de atormentarlo jamás y que ahora se materializa de una vez por todas. Con muchas dudas acerca de la naturaleza de su profesión y los recuerdos más dolorosos de su pasado reciente, nuestro agente secreto favorito se dispone a salvar el mundo una vez más. La gran pregunta que surge es ¿Será ésta la última vez que lo haga o habrá oportunidad de verlo nuevamente en acción?




Las escenas de acción de Spectre se encuentran muy bien filmadas. Esto no es ninguna casualidad, algo habitual en la saga actual que tiene a Daniel Craig como protagonista principal. El sello de su James Bond está impreso en cada una de ellas sin lugar a dudas, es decir: un poco de la fantasía de siempre - nunca olvidar cuando Bond una vez se sacó un traje de buzo y abajo tenía un smoking- combinada con una muy bienvenida dosis de realismo, que implica que el Agente 007 puede ser lastimado y hasta morir como cualquier buen mortal.

El exceso de peleas cuerpo a cuerpo con Craig en el centro de ellas siempre se agradece y también la muy buena intervención de la talentosa Lea Seydoux dentro de una espiral de violencia que se ve aplacada por su presencia, que le da a Spectre ese toque de la vieja escuela que tanto le pedían los fanáticos de antaño a este nuevo James Bond.

Como espectadores estamos ante un festival de sangre, fuego e intensidad muy bien repartidas a lo largo de toda la película. No faltan los autos de lujo, nuevos y más vintage, ni los gadgets habituales aunque esta vez con un rol un poco más marginal. En lo que se refiere al vestuario, hay que decir que es impecable tanto en la ciudad como en el desierto y la nieve, elegancia al extremo como era de esperar.




Se habló bastante también acerca del aspecto psicológico del filme, pero lo cierto es que si bien el foco está puesto allí, tampoco va más allá de la simple reflexión acerca de las mujeres de su vida, de como las ha afectado o perdido solamente por la tarea que cumple día a día. Lógicamente, estas reflexiones llevan a que Bond tenga dudas acerca de su propio ser y de su accionar, dejando una puerta muy abierta para un retiro que es bastante improbable.

Spectre tiene un final explosivo, muy frenético, a pura velocidad de la mano de una persecución por Londres que deriva en una conclusión más bien reveladora acerca de James Bond. La escena que da por terminada la faena es la que no ha conformado a los grandes fanáticos de la saga, lo cual puede dejar a muchos preguntándose ¿Qué es lo que ellos consideran que debe ser una película clásica de 007? Puede que hayan olvidado la cursilería extrema del Bond original, una que terminó con la llegada de Daniel Craig pero que ha sido revisitada brevemente con el objetivo - ya podemos decir que está cumplido, sin dudas- de relanzar una serie de filmes que ha tenido una cosecha dispareja en lo que refiere a taquilla.





PUNTAJE: 7.5/10








martes, 29 de marzo de 2016

The Revenant

Hasta el final de los tiempos, The Revenant o El Renacido será recordado como el filme que le dio su merecido Oscar al Mejor Actor a Leonardo Di Caprio. Basada en una historia clásica norteamericana y dirigida por Alejandro González Iñárritu, este filme se adentra en el infierno del que tuvo que salir el cazador Hugh Glass, que luego de perder a su hijo en las manos de su peor enemigo y ser dado por muerto, logró recuperarse y concretar su venganza. Más allá de la historia, ya conocida por todo el mundo, The Revenant es una película tan intensa como polémica, algo que se puede observar en toda la filmografía del exitoso director mexicano.

No hay filme de Iñárritu desde su primer gran éxito, Amores Perros, que no pase por el ojo crítico sin dejar rastros. En una era donde el cine que vende la mayor cantidad de entradas suele estar más atado a los efectos especiales que a los debates alrededor del estilo y la idea a la hora de filmar, es imposible negar que más allá de todos los defectos que se le pueden señalar al realizador latinoamericano, sus productos son disparadores de esas viejas charlas acerca del cine - algo que sucede con pocos directores hoy día, Quentin Tarantino es el mejor ejemplo de esta tendencia en vías de extinción- y al mismo tiempo rinden en la taquilla como las grandes productoras y estudios esperan.




La historia ya la explicamos en el primer párrafo, pero hagamos el esfuerzo de cavar un poco más profundo: en 1823, una de tantas exploraciones del hombre blanco a lo salvaje termina en una emboscada de los indios. La masacre es cuasi absoluta y los sobrevivientes quedan a la deriva río arriba en un territorio que no conocen. Lejos de su base, Hugo Glass (Leonardo Di Caprio) y John Fitzgerald (Tom Hardy) se muestran como las dos figuras fuertes dentro de un grupo con hambre, frío y mucho miedo. Sabiendo que se encuentran expuestos a un nuevo ataque, los problemas internos no tardan en surgir.

La presencia del hijo de Glass, que casualmente es piel roja, complica la situación general y tensa al máximo posible la relación entre los dos protagonistas excluyentes. La decisión de abandonar el barco y adentrarse en el bosque es unánime, pero la lluvia, la nieve, el viento y el espesor del lugar hacen prácticamente imposible el avance a buena velocidad. Glass decide investigar a pie en soledad y comete el error de entrar en el perímetro de un gran oso y su cría, lo cual deriva en una lucha cuerpo a cuerpo entre el hombre y la naturaleza. La disparidad es lógicamente abrumadora y el cazador termina con el cuerpo destruido y su vida pendiendo de un hilo.




Cuando lo encuentran, es poco lo que pueden hacer para suturar sus múltiples heridas, aunque evitan que se desangre vivo. Logran estabilizarlo y comienzan a transportarlo en una gran camilla, pero al poco tiempo Fitzgerald comienza a presionar al Capitán Andrew Henry (Domhnall Gleeson) para que abandone a Glass y les permita a todos los demás regresar a salvo a la base. El odio es lo que mueve a Fitzgerald, que logra quedar en soledad con solamente un joven llamado Bridger (Will Poulter) y Glass y su hijo Hawk (Forrest Goodluck), a quien asesina ante los ojos de su padre - que nada puede hacer, pues está inmóvil- para luego enterrar vivo a su gran enemigo.

Milagrosamente, sucede lo que todos ya conocemos de antemano: Glass sobrevive, logra ponerse de pie y comienza a transitar lentamente su largo y duro camino hacia la venganza. La nula piedad de la naturaleza, sus heridas a flor de piel y los indios que lo persiguen completan el panorama para que de allí en adelante la historia se divida en dos partes que viajan en paralelo hasta cruzarse en el epílogo.




Es interesante el hecho de que el guión, la imagen y las actuaciones logren que una primera hora sin demasiada acción, con pocos escenarios y con diálogos cortos y mascullados sea dinámica y mantenga la atención del espectador. Los cortes de escena son ley, algo habitual en Iñárritu, y esta vez el movimiento de cámara seleccionado por el director es la panorámica, uno que gracias a la belleza y profundidad de los paisajes hace que cada cuadro sea muy estético.

El recurso de llenar espacios vacíos con majestuosidad puede ser pomposo, más si hablamos de este director en particular, pero eso ya es parte del análisis subjetivo. No es descabellado suponer que todos esos silencios contemplativos son la roca fundacional, la base sobre la que se erige The Revenant.




Gran parte de las escenas tienen en su centro a Leonardo Di Caprio - que demuestra todo su talento en un trabajo poco habitual, mereciendo el Oscar y mucho más por ello- y al sufrimiento constante por el que debe pasar su personaje, que no consigue paz hasta en los momentos en los que tenemos la impresión de que todo va a salir mejor. Un tour de force absoluto que lo lleva a caer desde peñascos muy altos, a sobrevivir a la deriva en los rápidos, a enfrentar un oso gigante, a escapar contínuamente de los indios, a dormir dentro de un caballo muerto y demás experiencias que marcan el viaje de Hugh Glass.

Las batallas con los indios están filmadas de una manera impecable, a pura crudeza, con los planos generando la sensación en el observador de estar en el medio de la contienda sangrienta. Todas las escenas de The Revenant son 100% explícitas, sin guardarse absolutamente nada, siendo un ejemplo acabado de esto la pelea con el oso: la brutalidad es notable, con el cuerpo de Glass siendo destrozado poco a poco por un animal tan majestuoso como mortífero, que debido a las leyes de la naturaleza lo deja al borde de la muerte.




Hay un fantasma moral que persigue a todos los involucrados en la farsa, en encubrir la muerte de Glass, que parece materializarse en la presencia de este, observando desde todos los rincones del mundo. El chamanísmo está presente, era imposible que faltase, un cliché sin dudas innecesario ya que no le agrega más que misticismo artificial al filme.

El trabajo de imagen es sin lugar a dudas lo mejor de The Revenant, una obra de arte por sí solo, con una colección abrumadora de paisajes hermosos, de los más puros que se pueden encontrar en el globo. Todos ellos filmados con una maestría innegable que hace que sea difícil como mínimo el no sucumbir ante la belleza y vastedad de un mundo que lejos de las grandes ciudades sigue estando allí para que lo descubramos.

Al mismo que tiempo, se ocupa de meterse de lleno en un tema siempre incómodo para los norteamericanos: la masacre y el robo de tierras por parte del hombre blanco y "civilizado" a los pueblos originarios, pobladores de ese territorio desde mucho antes de la llegada del a veces mal denominado "progreso".




La batalla final entrega al espectador todo lo que venía anunciando desde el inicio del filme: sangre e intensidad, sin efectos especiales ni retoques, dos hombres luchando mano a mano en el medio de la nada. La venganza llega, pero la manera en la que es ejecutada se ajusta al planteo ideológico del director, algo que para su fortuna resulta muy positivo para la historia. Los valores del personaje y la crítica a la masacre de los pueblos originarios quedan resumidos en una escena que cierra una película que desde su estreno viene dejando mucha tela para cortar.




PUNTAJE: 8/10













jueves, 11 de febrero de 2016

Clouds Of Sils Maria

Clouds Of Sils Maria es uno de los grandes filmes del año tanto por su guión, su calidad en cuanto a la filmación y las magistrales interpretaciones a cargo de Kristen Stewart y Juliette Binoche. Sin ir más lejos, compitió por la Palma de Oro en Cannes - que ciertamente mereció, pero no logró obtener de manera injusta debido a lo aburguesado que está ese festival- y le dio un premio César a Kristen Stewart como Mejor Actriz Secundaria, entre varios otros premios y nominaciones de gran importancia que recibió la actriz norteamericana por su labor. Claro que el jurado de los Premios Oscar no perdió su tiempo y decidió ignorar por completo a este filme, dándole a quienes no lo vieron aún una razón muy poderosa para hacerlo.

Valentine (Kristen Stewart) es la atareada asistente de una súper estrella de cine llamada María Enders (Juliette Binoche). Ambas se encuentran al inicio del filme en un tren que se dirige a la región de Sils María, un pequeño pueblo que se encuentra en el medio de los Alpes. Hay dos motivos para este viaje: el primero es un premio que María debe recibir allí, que también servirá para homenajear a un amigo de toda la vida y, segundo, para ensayar de cara a un nuevo proyecto que viene rechazando amablemente aunque con la intención clara de participar en él.

A pocas horas de llegar a Sils María, se entera de que su gran amigo - el homenajeado- acaba de fallecer luego de una lucha contra una enfermedad muy complicada. Llega al lugar y se contacta con familiares y amigos para expresar sus condolencias y compartir el profundo dolor que siente. Mientras tanto, una vez más le llega la propuesta a la que se viene negando, algo que tiene una razón profunda: la película es una remake del filme que la lanzó al estrellato hace veinte años, donde María interpretaba a una joven seductora y hermosa que entabla una relación amorosa con su jefa y luego la termina llevando al suicidio tras enamorarla, tenerla rendida a sus pies y dejarla tirada como si nada hubiese pasado.




El gran problema es que el rol en el que debe ponerse ahora es justamente el de la jefa caída en desgracia, algo que tiene sentido por el paso del tiempo y que al espectador lo retrotrae a Sleuth (1972/2007) adaptación de una obra de teatro homónima donde Michael Caine interpretó al joven amante en la primera versión y treinta y cinco años más tarde al esposo que entabla el duelo a muerte con el italiano que se acuesta con su mujer. Tras reflexionar con Valentine durante largas noches, María decide aceptar el papel y se comienza a preparar para el gran desafío de su exitosa carrera. Si bien la intimida el tener que conocer a la joven y rebelde estrella Jo-Ann Ellis (Chloë Grace Moretz) - que le recuerda mucho a ella misma cuando tenía esa edad- que será su compañera de trabajo, logra tranquilizarse y encarar el proyecto más que nada por el apoyo de su asistente.




Pero a la espera de que los ensayos formales comiencen, y con la sombra de Jo-Ann cerniéndose sobre ella, los miedos e inseguridades de María salen a la superficie. Esto genera varios choques frontales con Valentine, que es su sostén pero que también tiene opiniones propias que no necesariamente van de la mano con sus métodos y pensamientos. Poco a poco, María comienza a desarrollar una obsesión con su nueva co-protagonista, que combina admiración por temor a que la opaque y entierre su carrera a poco de terminarla. Además, todo lo que su nuevo personaje engloba es justamente aquello de lo que viene huyendo hace mucho tiempo: la vejez, la falta de carácter, la nula rebeldía, la poca autoridad, la carencia de control y de poder sobre su propia vida. Es decir, todo lo que ella jamás fue ni quiso ser, peligrosamente puesto como un espejo enfrente suyo.




Todos los pensamientos que posee acerca de la obra y de Jo-Ann están llenos de ira y angustia. Lo conflictivo es que los refleja en Valentine, algo que complica una excelente relación personal - y siempre al límite, bastante ambigua, bien jugada en ese sentido- llevando a los momentos de tensión ya mencionados durante los ensayos que se empiezan a parecer más y más a lo relatado en la ficción. Ambas mujeres se frustran por completo, llegando a un punto de cuasi no retorno, justo a días de que el encuentro entre María y Jo-Ann se realice.




Clouds Of Sils María es un filme clásico francés, con todos los ajustes que se le han venido haciendo a lo largo del tiempo. Todas las escenas poseen una duración similar y para separarlas se utiliza un recurso típico de este cine, que es el corte con un fade out a negro mientras la voz de uno de los personajes continúa aún cuando la pantalla queda completamente oscura. El ritmo es más bien lento, pero no cansino, pues hay que recordar que estamos frente a un exponente del cine de su país como Olivier Assayas por lo que como espectadores nos encontraremos con diálogos profundos y planos que cambian con la velocidad justa. Ni que hablar de lo magistrales que son las secuencias donde se ve solamente a los Alpes, de una belleza notable no solamente por el paisaje sino por la forma de registrar esos momentos con música de cámara como fondo, todos esenciales para la trama.




El guión es excelente, una clase práctica acerca de como interpretar a un personaje, de como poder realmente tomar su forma por completo. Todos los conflictos que se desatan dentro de un actor antes de realizar un trabajo quedan expuestos, sobre todo cuando se trata de un papel estresante y comprometedor como es el caso que María tiene en sus manos. También ahonda en ese momento de la carrera de una gran estrella en el que en realidad lo único que quiere es descansar, más allá de que a veces la presión de los medios, los representantes y el propio ego no se los permite. La historia se va desarrollando de una manera inteligente y posee un MacGuffin notable que permite que los momentos tal vez más lentos mantengan una leve y calculada tensión en el espectador. En lugar de Esperando a Godot, bien podríamos decir Esperando a Jo-Ann Ellis, algo que demuestra la pericia de Assayas a la hora de escribir el guión.




Las actuaciones son simplemente maravillosas, sobre todo la de Kristen Stewart, que en la piel de Valentine lleva a cabo una tarea impresionante con mucha expresividad - siempre se dice lo contrario, lo cual considero una locura- y una presencia implacable. Un duelo con constantes momentos de tensión y distensión entre ella y Juliette Binoche, compartiendo gran parte de las escenas de Clouds Of Sils Maria y mostrando un respeto y admiración mutuas notables. Los dos papeles son muy profundos y tienen varias capas, están llenos de angustia, matizados con sonrisas y buenos momentos, la contracara del rol interpretado por una eficiente y talentosa Chloë Grace Moretz cuya rol de una actriz rebelde es igual de complejo pero un poco más llevadero. Aún así, los tres personajes logran cristalizar lo difícil que es el mundo de los actores y actrices, mostrando que sus vidas detrás de cámara no son tan simples y felices como todo el mundo quiere imaginar.




Puntaje: 9/10








jueves, 21 de enero de 2016

The Gift

El australiano Joel Edgerton, gran actor por sobre todas las cosas y ahora también un muy interesante director, nos entrega esta joyita llamada The Gift. Luego de dos muy buenos cortometrajes, Edgerton dio el salto detrás de cámaras y sorprendió a todos con una opera prima llena de intensidad, sólidas actuaciones y giros argumentales inteligentes.

La historia es bastante simple de seguir: una pareja feliz se muda a California luego de vivir muchos años en Chicago. Este cambio se da gracias al ascenso de Simon (Jason Bateman) en su trabajo, algo que los tiene muy entusiasmados a él y a su pareja Robyn (Rebecca Hall). Un buen día, haciendo las compras para su nuevo y espacioso hogar, se cruzan con Gordon (Joel Edgerton), un viejo compañero de la secundaria de Simon que los saluda amablemente más allá de que es evidente que entre ellos hubo un conflicto de naturaleza complicada. Todo termina con una charla amistosa, apretón de manos y un intercambio de teléfonos para compartir una cena en el futuro cercano.

Al otro día, Robyn se encuentra sola en la casa y alguien toca el timbre pero cuando ella responde solo encuentra una botella de vino muy caro en el piso. La tarjeta está firmada por Gordon, en un gesto muy simpático pero que trae aparejado una cuestión particular: en su conversación previa, nunca le mencionaron en lugar exacto en donde vivían. De a poco, como espectadores nos vamos enterando de los claroscuros que posee la pereja: un año atrás, ella perdió un embarazo a pocos meses de concebir y ahora están lejos de la gran ciudad buscando reconstruir lo que se rompió.




Las sorpresas continúan, pues al otro día Gordon decide pasar por la casa a saludar cuando Simon se encuentra en el trabajo y tras ayudar a Robyn con un televisor nuevo, es invitado a cenar por ella. El evento inicia con total normalidad, pero a medida que el alcohol corre y los minutos pasan, queda claro que entre los dos hay una cuestión sin resolución. Simon termina la noche con la certeza de que su compañero de secundario no ha cambiado en nada y que está loco por pensar que alguna vez llegaron a ser buenos amigos.




De aquí en adelante la tensión aumenta, con los regalos de Gordon que siguen apareciendo en la puerta, generando algo de lástima y simpatía en ella - que lo considera una vía de escape para una realidad normal en la superficie pero asfixiante por debajo- y mucho enojo en Simon, logrando que surja lo peor de él, esa personalidad escondida detrás del hombre de negocios moderno que nunca dejó de ser ese muchacho altanero, pedante y abusivo que en la escuela le hizo la vida imposible a chicos como Gordon. Luego de una cena muy extraña ahora en la casa de él, Simon le exige que nunca más los visite ni les hable, que solucione sus fracasos en otro lado sin involucrarlos a ellos. 




La existencia de Simon y Robyn se hará imposible de allí en más, con la presencia ahora invisible de un Gordon dolido que parece tener más de una razón para mantenerse cerca de la pareja. La tensión en The Gift está muy bien manejada por un Edgerton que no parece estar al comando de su primer trabajo como director. La atmósfera es siempre oscura en plena luz del día, con la sensación de que a todo momento hay alguien observando desde la penumbra, recurso muy carpenteriano. El trabajo impecable de las cámaras y la posterior edición completan un cuadro muy prolijo, con unos acercamientos a velocidad mínima muy bien logrados para generar la sensación de que hay dos ojos pegados a nuestra nuca.




El puente introducido en el medio del guión para evitar que el filme caiga en el lugar común es muy bienvenido, pues trae algo de luz a una trama muy oscura materializada en la posibilidad de formar una familia luego de tanta frustración y dolor. No tarda mucho la historia en desenvolverse, explicando cual es la razón de Gordon para buscar obsesivamente el contacto con Simon y Robyn. La idea de venganza, pero también la de aleccionamiento, un plan macabro urdido con mucha paciencia y con varios puntos ciegos que dejan pensando al espectador acerca de la posible influencia de Gordon en el momento de crisis de la pareja.




El bullying es puesto en escena de una manera muy cruda, con una advertencia clara: no hay pecado del pasado que no regrese para cobrar la cuenta. Llevado al extremo, el abuso puede llevar a un daño muy profundo con cicatrices que en lugar de sanar se ahondan y transforman al niño más inocente en un monstruo. 




Jason Bateman se luce en un rol bien alejado de la comedia, demostrando que es un fantástico actor con un rango más bien amplio. La transformación que sufre su personaje a lo largo del filme de notable, todo mientras podemos ver como se encuentra al borde del estallido desde el primer momento en el que exhibe las partes más oscuras de su personalidad que lo hacen pasar de ser un marido cariñoso y un trabajador incansable a una basura sin escrúpulos y capaz de hacer lo que sea por conseguir sus objetivos. Rebecca Hall está muy sólida en el rol de una esposa llena de dolor y al borde de un colapso absoluto. El director, Joel Edgerton se pone con éxito en la piel de una víctima de los peores maltratos y humillaciones físicas y psicológicas que hace todo lo posible para ser el que ríe último.




La violencia en The Gift va in crescendo y en un punto los roles se dan vuelta por completo. Todo lo insinuado lentamente en la primera parte queda aplastado bajo un cierre lleno de intensidad. Para las escenas finales, la película se reserva un cartucho más: cuando todo parece encajar a la perfección, el giro de tuerca final provee una atmósfera excepcional que, como un thriller de calidad, da rienda suelta a un final muy bueno.



Puntaje: 8/10

miércoles, 2 de diciembre de 2015

The Visit

Tras varios fracasos tanto de taquilla como en la crítica, M. Night Shyamalan regresa a las fuentes con una película de bajo presupuesto que - por fin- lo acerca a sus orígenes. En una nota que leí hace unos días, se lo atacaba sobre todo por haberse dejado absorber por los grandes, enormes, presupuestos de los principales estudios de Hollywood en lugar de hacer lo que él sentía. El ejemplo más cercano y claro de esto es la destrozada After Earth (2013), de la cual aquí no tuvimos una tan mala impresión como casi todo el resto de la crítica especializada. Lo segundo con lo que estuve de acuerdo en esta nota fue en la afirmación de que el éxito de The Sixth Sense (1999) fue uno de los factores centrales en la repentina y lenta caída del director nacido en la India. Quedó instalada en la mente de todos los espectadores que ese era su estilo, que todas sus historias tenían que tener esa atmósfera, ese guión y - sobre todo- esos giros sobre el final que lo dejaban a uno boquiabierto. Lo cierto es que debido a esto, un filme sensacional como Unbreakable (2000) y otro bueno como The Village (2004) no fueron ni un éxito en la taquilla ni generaron mucho entusiasmo en la crítica. Luego de varios pasos fallidos en lo que refiere a entradas vendidas, el regreso de Shyamalan como productor y director - solo el primer episodio- de la serie Wayward Pines (2015) dejó en claro que a este talentoso director le quedan varias balas en el cargador. El anuncio de The Visit fue intrigante, pues tras muchos años, Shyamalan iba a filmar con poco presupuesto, un guión y producción enteramente propias e iba a explorar el universo del género de cámara en mano. Algunos levantaron la ceja, pues es sabido que este tipo de filmes ha agotado su potencial (salvo maravillas como las dos V/H/S) y que está en busca de un valiente que logre relanzarlo. Pero los adelantos y los posters promocionales fueron suficientes como para convencernos de que podíamos estar ante el resurgimiento definitivo de un muy talentoso profesional.



La historia es simple, sin demasiadas vueltas gracias a dios: Tyler (Ed Oxenbould, la revelación del año en una performance impresionante) y Becca (Olivia DeJonge, muy sólida como una chica valiente que trata de cuidar a su hermano a como de lugar) son dos hermanos que un buen día descubren que sus dos abuelos están vivos. Ambos contactan con su madre (Kathryn Hahn, rol completamente secundario, marginal en la trama aunque relevante para darle inicio a esta) por Internet y ella les explica que su relación con sus padres no fue la mejor, pues cuando era adolescente se escapó de la casa con su novio en ese entonces y embarazada de varios meses. Nunca más se hablaron, todo quedó en la oscuridad a pesar de algunos intentos de ellos de volver a conectarse, pero a pesar de esto no les prohíbe ir a pasar una semana con ellos. En ese tiempo, ella se irá a un crucero de lujo con su pareja para descansar un poco tras un año muy agitado en lo laboral, así que la invitación parece llegar en el mejor de los momentos.


Con su videograbadora - digital, ojo no es tan 90's aunque la estética diga lo contrario- los dos chicos llegan a la adorable casa de sus abuelos en las afueras de la ciudad. Su intención es filmar un documental acerca de la historia familiar y respetan a rajatabla los preceptos básicos a la hora de encarar un proyecto semejante. Se hacen entrevistas a ellos mismos, graban los alrededores, el interior de la casa, hacen una bitácora con sus experiencias diarias y tratan de convencer a los en un primer momento simpáticos y buena onda Nana (Deanna Dunagan, fantástica en su locura, el delirio macabro hecho persona) y Pop Pop (Peter McRobbie, el policía bueno de la pareja que de a poco va revelando su verdadera identidad). Se aclara que no son sus nombres reales - nunca los dan a conocer- sino los apodos con los que se suele llamar en Estados Unidos o cualquier otro lugar de habla inglesa a los abuelos.


Tras un muy buen primer día, hablan con su madre vía Skype y la despiden deseándole mucha suerte en el crucero. Cuando la noche comienza a caer, los abuelos son claros con las reglas: pueden comer todo lo que quieran, jugar por todos lados y no deben salir de sus cuartos a partir de las 21.30 en adelante. Becca rompe esta regla muy velozmente porque tiene hambre, yendo a la cocina unas horas más tarde del horario de dormir para buscar galletitas. Para su terror, se encuentra con Nana vomitando y haciendo ruidos extraños, algo que la hace regresar a máxima velocidad a su habitación. De aquí en más, todo comenzará a ponerse muy extraño debido a que esos dos simpáticos viejitos van a ir mostrando una cara muy diferente a la de las primeras horas de contacto. Con los ruidos nocturnos in crescendo y varios sucesos tan asquerosos como terroríficos, Tyler y Becca se asustan pero al mismo tiempo deciden tratar de llegar hasta el fondo de la cuestión. Lo que no saben es que su afán aventurero puede llegar a costarles bastante más de lo que en un principio imaginan.


El guión es inteligente, porque primero solventa algunas dudas con una explicación médica bastante racional en boca de Pop Pop. Pero de a poco el espectador se va dando cuenta de que con eso no alcanza, que hay algo extraño sucediendo en la casa y que no tiene ninguna relación aparente con cualquier cuestión estrictamente médica. Los días van pasando y la atmósfera pasa de ser agradable a tensa y oscura con varios momentos de terror puro y varios sobresaltos que todo fanático del género va a agradecer. Mientras más conocen a sus abuelos, mayor es la certeza de que algo extraño se esconde en esa casa. El guiño a Hansel y Gretel es bastante claro: los dos chicos perdidos en el medio de la nada, que ingresan felices a una casa hermosa y llena de cosas ricas que de a poco se va convirtiendo en la peor de sus pesadillas. Un show conducido por los dueños de casa, que se van desenvolviendo como personas tan extrañas que infligen miedo y desesperación en sus dos nietos.



El suspenso está muy bien llevado y los sustos a los que el director nos somete son efectivos y están muy bien dosificados. La ausencia total de banda sonora - regla central del género- logra que el ambiente se tense al máximo y que todo fluya al ritmo justo y necesario. Los clichés de la cámara en mano no son eludidos por Shyamalan, pero como primera incursión dentro de este género hay que decir que no está para nada mal pues logra usar varios de ellos a su favor, introduciéndolos como un paso de comedia en medio de la trama.


La idea de que los dos protagonistas hagan un documental es interesante, porque sirve para que de a ratos puedan salir un poco de la vivencia cotidiana en la casa e introducirse en cuestiones personales que al ser indagadas abren muchas puertas. En el guión hay varias menciones a clásicos contemporáneos del terror pero no hay excesos en ese aspecto. El guión está muy bien escrito y pensado, porque comienza por la previsibilidad absoluta y empieza a decantar en cuestiones bastante más terrenales como el desarraigo, la vejez, la locura, en fin, la condición humana y todas las complejidades que esta trae durante ese período que llamamos vida.


El cierre de The Visit es fantástico, con una escena a pura adrenalina en la que aparece por única vez la música en el fondo. La delgada línea que divide a lo real de lo sobrenatural es transitada con éxito por un revitalizado M. Night Shyamalan, aún tras una conclusión bastante sangrienta. El mensaje del final, presente en esa escena que queda separada del resto del filme, funciona como una especie de moraleja que no puede evitar el cliché. Pero para sorpresa de muchos, este cliché no desentona porque es lo que le permite a la historia cerrar de forma perfecta. Señoras y señores, terminemos con el mensaje más importante de The Visit: Shyamalan está de regreso y, esperemos, sea para quedarse de una vez por todas.


Puntaje: 8/10