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lunes, 25 de abril de 2016

The Forest

No hay nada más interesante que los mitos y el que rodea al famoso "Bosque Suicida" de Japón es más que cautivante para los interesados en estas cuestiones. El lugar se llama Akiogahara, se encuentra al pie del Monte Fuji en el país asiático y tiene la fama bien ganada de ser uno de los mejores lugares para quitarse la vida.

Hay varios documentales al respecto, siendo el más interesante uno de la muy buena cadena de noticias alternativa Vice, en donde de la mano de un experimentado guía, dos reporteros se adentran en lo que desde la apariencia es un hermoso lugar, naturaleza en estado puro, pero que es también un sitio de reflexión y de muerte.

Hubiese sido extraño que ningún estudio o director tomase la idea y la convirtiese en un largometraje, algo que justamente hizo Jason Zada. Con Natalie Dormer como cabeza de cartel, el filme era sin dudas interesante y parecía respetar bastante los elementos clásicos del cine de terror japonés. El resultado sin dudas que es disparejo, con algunos baches notorios, pero The Forest logra llegar a la meta sin que le falte nada ni le sobre demasiado.




Jess (Natalie Dormer) tiene un mal sueño, que consiste en ver a su hermana gemela corriendo en un bosque oscuro en Japón, pidiendo ayuda a los gritos mientras trata de huir lo más rápido posible de algo o alguien que la persigue. De inmediato, Jess toma la decisión de ir a buscar a su hermana, pues siente que ella de alguna manera le está pidiendo que vaya a rescatarla.

Entre varios flashbacks y flashforwards, nos enteramos que la hermana de Jess está desaparecida hace varios días y que ingresó al "Bosque Suicida", algo que suele alertar a las autoridades que esperan muy poco tiempo para dar a la persona por muerta. Los sueños acerca de la infancia se hacen más recurrentes en Japón, todo al mismo tiempo en que Jess investiga que es lo que sucede en ese bosque.

Una visita a la escuela donde ella trabajaba como maestra del primario la termina por convencer de adentrarse en el bosque. Es advertida por la directora acerca de la leyenda que rodea el lugar, pero no duda en comenzar por ver si su cuerpo no se encuentra entre los varios que son extraídos del lugar a cada semana.




En el lugar, una misteriosa persona le pide que no se adentre en el bosque porque al estar muy triste por dentro, el lugar la va a utilizar para atraparla y jamás dejarla salir. En el hotel conoce a un periodista llamado Aidan (Taylor Kinney) que le explica que irá con un guía a recorrer el lugar y que - a cambio de la posibilidad de escribir acerca de su caso específico- puede ir con ellos.

Luego de cruzarse con algunos cadáveres, muchos caminos marcados al estilo de Ariadna en el laberinto del minotauro y una carpa con una persona indecisa respecto de su futuro próximo, dan con la carpa y las cosas de Sara (también es Natalie Dormer, algo bastante lógico y digamos que menos caro). Jess elige quedarse a dormir allí a la espera de que Sara regrese y Aidan se queda con ella para que no corra peligro.

Comenzará el momento de las reflexiones, de las charlas acerca del pasado, de las diferencias entre ella y su hermana respecto de algunos hechos que marcaron sus vidas. Un camino que se convertirá en una pesadilla impulsada por esos mitos que son mucho más reales y espeluznantes de lo imaginado.




La trama de The Forest es interesante, no tanto por lo que sucede en el filme - salvo en algunos momentos con sustos repentinos-, sino por la leyenda y los hechos que rodean al Bosque de Akiogahara. El cuadro general muestra varios clichés del género, sin lograr emular el éxito y la calidad de otros proyectos de terror japonés que logran ponerle a uno los pelos de punta. Se puede decir que en comparación con otros intentos recientes, este es el mejor de todos, algo que no es un elogio demasiado importante pero que le permite a The Forest superar el piso mínimo.

El espectador quedará sumergido de a ratos en la atmósfera tensa y oscura, llena de soledad y desesperación, que la historia plantea, pero lamentablemente tardará bastante poco en salir de ella. El guión es un poco engañoso, con un buen giro final que resuelve el conflicto basal pero que deja una sorpresa mucho más grande para los minutos previos a los créditos.





PUNTAJE: 6/10









sábado, 19 de septiembre de 2015

El Clan


Ha llegado la hora de hablar un buen rato de la figura de la cartelera de invierno. Sería de necios negar que El Clan, de Pablo Trapero, obtuvo sus números actuales - en constante crecimiento, cerca del récord- debido al prestigio del director, la presencia de varios actores y actrices de peso/actualidad y al morbo que generó el resurgimiento del caso Puccio. Uno que estremeció al país en los 80' y que mediante un muy poderoso aparato publicitario - más un libro intenso y una serie televisiva a punto de estrenarse- ha sido colocado nuevamente en el centro de los debates. Ahora, la verdad es que como historia es muy interesante y Trapero consigue dar en la tecla con su enfoque.

No creo que sirva de mucho explicar la historia, pues todos ya la hemos leído en las muchas críticas que tiene el filme, en el libro de Rodolfo Palacios que acaba de salir - muy interesante, lo recomiendo- y en los innumerables artículos y entrevistas que adornaron diarios y revistas durante más de dos meses donde el furor fue absoluto. Pablo Trapero es un director que ama el cine y se nota en cada una de sus películas, uno de los últimos exponentes del añorado cine de autor. Esta debe ser la que menos conecta en lo estilístico con toda su filmografía y está bien que así sea. Tal vez estemos ante el filme más mainstream y simple de la carrera de Trapero, algo que en el balance no resultó tan mal pues ha batido el récord nacional de venta de entradas y se ha llevado - con ovación de pie tras la proyección- el Leon de Plata en el Festival de Venecia.


El director posa su mirada sobre la relación entre Arquímedes Puccio (Guillermo Francella) y su hijo del medio, Alejandro Puccio (Pedro Lanzani). Todos los demás personajes, y hasta la misma trama siniestra, siempre aparecen como música de fondo. Claro que vemos como se orquesta cada secuestro, como la familia lo toma como algo cotidiano - tal vez lo más monstruoso del filme sea justamente eso- y como de a poco un joven rugbier con un gran futuro por delante va cayendo en las garras de un hombre frustrado, mediocre, gris y macabro. Para su mala suerte, algo que él mismo repetiría en el juicio posterior a su captura e intento de suicidio fallido, le fue imposible elegir a su padre y tuvo que sobrevivir en un ambiente hostil tanto fuera como dentro de la casa. Es interesante como Trapero y Lanzani logran que tengamos algo de simpatía por Alex, tarea difícil pues lo cierto es que estaba al tanto de todo y que en dos de los secuestros sirvió como carnada y como recolector del dinero. Y también, claro, era el "portero del infierno", encargado de abrirle el portón a su padre y sus socios cuando llegaban con un cuerpo en el baúl.


Los secuestros del Clan Puccio sucedieron entre 1982 y 1983 y Trapero los usa para explicar lo que fue esa transición hacia la democracia. Como mientras los amigos y socios militares de la SIDE lo protegían, Arquímedes - y otros varios colegas suyos- pudieron hacer lo que quisieron, total los secuestros sucedían a diario desde hacía mucho tiempo y nadie decía absolutamente nada por miedo. El final de la guerra de Malvinas es el punto de quiebre en la película, que coincide con el regreso del hermano mayor Daniel "Maguila" Puccio (Gastón Cocchiarale) tras una larga estadía en Nueva Zelanda - que no tarda en unirse al negocio familiar- y con el crecimiento tanto profesional como personal de Alex, muy cerca de dar el salto al exterior y de casarse con su novia Mónica (Stefanía Koessl). Todos sabemos de antemano como terminó la historia, pero viendo el desarrollo de las acciones lo cierto es que con la democracia aún fresca, la protección a Puccio se extendió hasta el máximo posible durante el secuestro de Nélida Bollini de Prado, que sería el último de la serie macabra. Hubieron advertencias desde arriba, pero Puccio con mucha altanería decidió ignorarlas por completo y seguir adelante con un plan motorizado, no ya por el dinero sino por la maldad y la sensación de impunidad absolutas. El hecho de que el mismo Arquímedes fuese el que realizaba las llamadas sin esconder su voz, es una marca importante de su personalidad. Y el que todas esas conversaciones estuviesen grabadas por el gobierno militar, la prueba de que Puccio jamás entendió un momento histórico del cual se creyó dueño.


Lo que no vemos en el filme es como fue que Arquímedes Puccio llegó a armar la banda con la que realizó esos 4 secuestros, los cuales 3 terminaron con la víctima ejecutada a sangre fría. Tampoco profundiza demasiado en el aspecto político, poniéndo todo el énfasis en la familia y en las relaciones entre Arquímedes-Alejandro y la de Alejandro con todo su entorno de amistades. El argumento clasista está presente, pues los Puccio no fueron una familia típica de San Isidro sino una más bien de clase media llana que miraba con resentimiento al resto de las personas que venían a saludarlos por el talento de sus 3 hijos varones a la hora de jugar al rugby. Todo esto se encuentra presente en El Clan, pero cuando se hace cine - a diferencia de un realizador de televisión- se debe elegir sobre que focalizar. Pablo Trapero nos sitúa en 1982 a la perfección desde el escenario, el vestuario y la música y nos propone ver un duelo entre padre e hijo que estalla en un cara a cara final que es imposible no dibuje una sonrisa en todos los espectadores.


Las escenas están filmadas con maestría, dignas de un director de la experiencia, el talento y el renombre de Trapero. Sin abusar de la cantidad de planos, logra imprimirle mucha dinámica a un filme que tiene tres o cuatro escenas donde hay acción real. La película se divide en dos partes y la pared es una brillante escena - para verla y aplaudirla hasta la eternidad- donde Trapero ejecuta una superposición entre la primera cita de Alex y Mónica - con una buena y jugada escena de sexo- y la ejecución pos-cobro de rescate de la primera víctima del clan. El tema de fondo es el famoso "Wadu Wadu" de Virus y las dos situaciones escalan en paralelo, combinando la oscuridad y la luz de una forma más bien original. Respecto de la musicalización, muchos opinaron que los temas elegidos eran demasiado alegres para una historia y ciertos momentos muy lúgubres, algo con lo que disiento. Es parte del ambiente que se construye que las canciones sean todas movidas y simpáticas, no olvidar que hay un predominio de sonido ambiente, que cada canción tiene un propósito visible a los ojos de cualquiera con ganas de mirar un poco más allá. Un mensaje bastante claro: parecía que habíamos salido de la oscuridad, pero todavía estábamos completamente inmersos en ella.


Guillermo Francella se luce en un personaje que está fuera de su órbita, mucho más que aquel gran papel que tuvo en El Secreto De Tus Ojos por el que también fue muy elogiado. Desde su aparición inicial, lo que nos transmiten sus ojos es el mal puro, ese mismo que se puede ver en la grabación de un Puccio que mientras agonizaba sostenía que no había matado a nadie y que había cumplido con un deber patriótico. Porque lo que el personaje nos transmite con el cuerpo, la mirada y sus frases es que siente que está haciéndole un favor a la patria al secuestrar y recuperar el dinero de "los ricos que arruinaron el país". Algo que no sonaría descabellado si esos billetes no hubiesen ido a parar a sus bolsillos y a los de sus hijos y socios. Tampoco si sus víctimas hubiesen sobrevivido, dato importante pues Francella deja muy en claro con su interpretación que Arquímedes mataba por mero placer. Un aspecto importante sobre el que bucea el guión es el complejo que Puccio tenía con sus hijos, a los que miraba con amor pero por sobre todo con tristeza y bronca porque sentía que no eran agradecidos con todo lo que él había hecho por ellos. Un hombre que, por ejemplo, sostenía que el éxito de su hijo Alejandro no se debía al talento y el trabajo de este, sino a los hilos que él teóricamente había movido. Puccio padre habría sido un muy buen candidato a Presidente en los tiempos que corren sin duda alguna.


Pedro Lanzani sigue demostrando que es un actor fenomenal, dejando atrás por completo el debate acerca de sus orígenes con Cris Morena. Le pone el cuerpo al enfrentamiento con un enorme actor como Francella y no desentona en ningún momento de la película. Es el verdadero protagonista de la historia y logra exhibir toda la fragilidad y las dudas de un muchacho al que la vida de a poco se le va desmoronando. De esa cara que pone cuando recibe de regalo una gran cantidad de dólares de parte de su padre por su buen trabajo, hasta la ruptura cuando decide cambiar su vida e irse con la mujer que ama para salvarse de un destino que lamentablemente para él ya estaba escrito. No se trata, como ya mencionamos, de afirmar que Alejandro Puccio no tuvo nada que ver y que fue otra de las víctimas. Pero en parte podemos decir que sí, porque las presiones a las que fue sometido por un padre psicópata - y una madre que era socia principal en el crimen, a pesar de haberse salvado de ir presa- al que solo le importaba lo propio terminaron por convencerlo de que esa "empresa" de secuestros express no era más que un trabajo para sostener a la familia y que al poco tiempo se terminaría.


El Clan es por sobre todas las cosas, una gran película y Pablo Trapero tiene muy merecidos todos los elogios y premios que viene cosechando. Lo de la venta de butacas es lo de menos porque el cine no se trata de eso, más allá de que un récord siempre llama la atención. Logra sacar lo mejor de cada uno de sus actores y tiene en Lanzani y Francella dos protagonistas de lujo que aceptan gustosos un duelo que tanto en la ficción como en la vida real, quedó inconcluso. No hay ninguna carencia en lo que respecta a la profundidad de cada uno de los temas, sino una elección - y omisión- consciente de ellos. Les recomiendo la mini-serie Historia De Un Clan, que puede servirles a quienes desean el detalle absoluto pues al estar compuesta por once emisiones semanales, es garantía de tiempo para abordar decenas de situaciones. Por lo pronto, como se puede ver en El Clan queda bastante claro que Pablo Trapero sabe elegir y muy bien.


Puntaje: 8/10

lunes, 8 de junio de 2015

It Follows


David Robert Mitchell es el director y escritor de esta nueva perla del Indie, aclamada en todo el mundo como la tan necesitada renovación del género de terror. It Follows ha recibido elogios en todos los festivales en los que fue exhibida y la crítica posterior se ha encargado de colocarle el sello de "Filme Obligatorio" para este 2015. Hace unas semanas en este blog dijimos que The Babadook (2015) era por unanimidad la mejor película de terror del año, y sinceramente debo decir que nunca consideré siquiera la posibilidad de que It Follows pudiese superarla en ningún aspecto. Si bien son dos filmes muy diferentes en lo narrativo y lo técnico, me sorprendí al encontrarme con una película bastante superior en casi todos los aspectos. Muy posiblemente esto sea tan solo una cuestión de gusto personal de quien les escribe, pero vayamos al análisis para justificar esta afirmación.


It Follows comienza con un amanecer en un suburbio tradicional en Michigan, Estados Unidos. Una muchacha sale corriendo, vestida tal cual llegó a su casa luego de una salida nocturna, escapando de algo o alguien que nosotros no llegamos a visualizar como espectadores. Su padre y sus vecinos le preguntan varias veces si está bien y ella atina a decir que sí, pero sin jamás dejar de mirar hacia atrás y seguir corriendo de esta supuesta amenaza invisible. Se sube a su auto y maneja hasta una playa bastante alejada de la tranquilidad suburbana. Procede a llamar, envuelta en lagrimas, a su papá y a su pareja para decirles que los ama mucho. Acto seguido, lo que imaginamos: aparece muerta, brutalmente asesinada siendo la palabra "descuartizada" bastante inadecuada para describir la forma en la que encuentran su cadáver.



Sin ninguna explicación más que un corte abrupto, la historia vira hacia Jay (Maika Monroe), una adolescente que se está preparando para una cita con un novio. Todo anda de maravillas hasta que en el cine, su acompañante comienza a ponerse nervioso y a señalar a personas que Jay no puede ver. Se retiran del lugar y todo parece quedar en el olvido, ya que arreglan para salir nuevamente al otro día. Luego de un momento de pasión en el asiento trasero del auto, el tipo se trastorna y la duerme con cloroformo. Sin entender nada, Jay despierta en un edificio abandonado, atada de pies y manos a una silla de ruedas. El joven en cuestión le explica que en el momento en el que tuvieron sexo, él le pasó algo extraño que lo viene persiguiendo y acechando hace mucho tiempo. Una especie de entidad maléfica que nadie más que ella puede ver y que asume cualquier forma humana ¿El problema? Que hará todo lo posible por llegar hacia ella y asesinarla de la manera más brutal posible.

Comencemos por los aspectos técnicos y narrativos de It Follows, que son más bien interesantes pues están sacados directamente del manual de John Carpenter. Tenemos los travellings y las panorámicas lentas, la cámara subjetiva que acecha a las protagonistas femeninas e insinúa una amenaza - para luego retirarse y abrir el plano y tornarlo inofensivo o concretar esa peligrosidad- y la banda sonora con predominio de graves que nos recuerdan por sobre todas las cosas a esa obra maestra titulada Halloween (1978). La conexión con este filme es más que evidente, hasta para quien apenas si lo vió por arriba alguna vez en su vida. Otros elementos presentes y muy bien utilizados son el desenfoque y esa combinación siempre atractiva entre el plano subjetivo tembloroso y el plano medio. No debería sorprender, en esta misma clave, la presencia del travelling lento desde el auto con paseo por esa Norteamérica destruida y desesperada que nunca vemos en nuestros viajes y/o en las fotos. La mirada a cámara que traspasa la pantalla y el desenfoque son también dos elementos clave en lo narrativo, ayudando a generar una profunda sensación de persecución y pánico.


Los paisajes están filmados con excelencia y los planos abiertos siguen el mismo patrón. Estamos ante una crudeza extrema de la imagen, en lo que refiere a la calidad visual. Tal cual el Halloween y en filmes más recientes como Palo Alto (2013) - para más referencias busquen cualquiera de Gus Van Sant o Harmony Korine-, esta elección es la ideal para retratar el suburbio. El espíritu de It Follows es hermosamente ochentoso por donde se lo mire, siendo primero que todo un homenaje al cine de John Carpenter, algo que para quienes gustan del género - o del buen cine en general- será como mínimo muy emotivo. El terror es construido de manera progresiva. La imagen y la banda sonora son utilizadas con mucha inteligencia, en especial cuando se las hace más lentas para facilitar un susto menos sorpresivo pero mucho más profundo en cada uno de los momentos más importantes. La trama es interesante, muy atrapante y los suficientemente intrigante como para evitar que el espectador se distraiga por un segundo siquiera. Flota en el aire la sensación de que si uno mira al costado, puede estar perdiéndose de un detalle central para el desarrollo de la historia.



Todos los jóvenes actores se llevan las palmas, en especial la intrigante Maika Monroe de la que seguramente escucharemos mucho más con el correr de los años. Ella sola lleva adelante una historia complicada, pues hablamos de una lucha contra un enemigo invisible - y en apariencia invencible- en la que estará sola hasta que pueda convencer a sus mejores amigos de que no está loca y que su vida corre peligro.


It Follows tiene un cierre impecable, previsiblemente clásico en el mejor de los sentidos. Oscilando entre dejar la puerta abierta para una secuela dejando varios cabos sueltos - como por ejemplo, la explicación del origen de esta entidad malvada- y darle una muy buena conclusión al mejor filme de terror de los últimos años. Hace varias semanas que se habla de una secuela y es imposible no emocionarse con ese prospecto. Sin dudas que será una labor compleja, pues no siempre las segundas partes son una buena idea (y más si la primera puso la vara demasiado alta) pero bien vale la pena intentarlo. El cine Indie nos sigue sorprendiendo - buen en realidad, confirmando lo que ya sabemos de él- y demostrando que muchas veces no se trata de presupuesto ni de campañas publicitarias gigantes, sino de corazón, trabajo e inteligencia. Desde este blog, chocamos nuestras copas por estos directores y estas producciones.



Puntaje: 9/10



miércoles, 1 de abril de 2015

Backcountry

Apenas vi el afiche promocional de Backcountry y la leyenda de "basado en una historia real", me acordé de ese gran documental de Werner Herzog titulado Grizzly Man (2005) donde mostraba mediante la edición del material crudo filmado en sus expediciones a Alaska para proteger a los osos grizzly, la trágica historia de los activistas Timothy Treadwell y Amie Huguenard. También me vino a la cabeza Jaws (1975) pues la imagen del oso acechando a uno de los protagonistas sin que este se de cuenta que está allí es un guiño demasiado obvio como para ser dejado de lado. Dirigida y escrita por Adam MacDonald, Backcountry - como puede verse- de entrada prometía mucho y algunas críticas habían sido bastante elogiosas con el filme. Nada podía hacernos pensar que iba a terminar viendo un producto bastante mediocre que se queda a mitad de camino en cada una de sus propuestas.

La trama es bastante fácil de seguir, nada demasiado complejo o filosófico: Alex (Jeff Roop) y Jenn (Missy Peregrym) son una joven pareja que sale de su rutina ciudadana para tomarse un fin de semana en lo salvaje. Él es un amante de la naturaleza, pues ha crecido entre los árboles y recorriendo reservas naturales, y dice conocer al parque nacional canadiense donde se dirigen como la palma de su mano. Ella es claramente un bicho de ciudad, aferrada a su celular todo el tiempo pero dispuesta a lanzarse en brazos de lo desconocido. Sus miedos y precauciones son objeto de burla de su pareja, que parece desconfiar bastante de los movimientos de la mujer a la que ama - digamos que, más allá de no tener razones concretas, cree que ella se la pasa coqueteando con cuanto hombre le pasa por al lado-. Más allá de esto, el viaje tiene un propósito y el lugar para concretarlo es un pasaje llamado Backfoot. El supervisor del parque le explica que no puede ir porque esta temporada se encuentra cerrado al público y le ofrece un mapa que es rechazado con altanería por él. Cruzan a remo un hermoso y ancho lago, con la clásica panorámica del mundo sin edificios ni ruido, y llegan al punto de partida. Todo un cliché hasta el momento, bastante lento y sorpresivamente consumidor de demasiados minutos sin sentido alguno. La acción que tanto se promete tarda en llegar y esto es raro porque no hay nada en la historia que amerite un desarrollo demasiado profundo.


En apenas medio día, todos los problemas que Alex y Jenn poseen como pareja afloran e implosionan. Celos, rencores, conflictos bobos...cuestiones que la rutina frenética del trabajo y la ciudad no suelen dejar salir pero que se hacen presentes con un poco de silencio y momentos en soledad el uno con el otro. Un nuevo cliché argumental, pero que no molesta demasiado porque sabemos que a la vuelta de la esquina se encuentra un feroz oso que tratará de comerlos por haber invadido su territorio de forma accidental. Pero nada de esto sucede, porque en su primera noche cruzan camino con un irlandés bien turbio llamado Brad (Eric Balfour) que es invitado por Jenn a cenar y no para de tirarle los perros y de desafiar a Alex que no reacciona ni siquiera ante la mirada de susto de su novia. Cuando retoman el camino tras ese mal trago, el joven explorador se topa con una gran huella pero decide ocultar esta información para así poder seguir adelante con su plan romántico. Una segunda noche en vela tras escuchar ruidos extraños fuera de la carpa y una serie de destrozos en el perímetro son suficiente como para asustarlos, aunque no para detener su paso raudo hacia Backfoot. Alex se dispone a mostrar que controla la situación, que conoce el lugar mejor que nadie y que ni un león va a detenerlo en su intento de recomponer una pareja visiblemente estancada.


Backcountry llega a su clímax cuando los dos protagonistas en lugar de toparse con una gran laguna (que da comienzo al pasaje hacia el que se dirigen) encuentran una marea de árboles que no parece tener fin. Poco tardan en darse cuenta que sus vidas corren peligro, pues un oso grizzly adulto y muy agresivo - con toda la razón del mundo, si lo pensamos objetivamente- los está acechando hace varios días.


La tensión está sin dudas bien construida más allá de la pereza con la que se desenvuelve el guión. El modelo a seguir es el de Jaws sin lugar a dudas, sugiriendo mucho más de lo que finalmente se termina mostrando. La confrontación final es bien explícita y no apta para personas con un estómago y mente sensibles. Cualquier amante del gore como quien escribe estas líneas, se encontrará muy agradecido con este detalle. Backcountry es una cacería combinada con un drama sentimental que nada tiene que envidiarle a cualquier libro de Nicholas Sparks (esto dicho en el peor de los sentidos posibles). El ser humano termina siendo presa dentro de ese hermoso, peligroso e intrigante laberinto que es la naturaleza.


Más allá del ambiente tenso, no suceden demasiadas cosas hasta los minutos finales. La acción pura y dura es bastante poca en comparación con el bodrio que hay que aguantar hasta llegar a ella. Y a decir verdad, si bien es lo suficientemente sangrienta, tampoco posee una duración que compense el tiempo perdido con una historia de fondo que no es para nada interesante más allá de estar construida a un buen ritmo. El filme vira de un drama clásico a una Blitzkrieg donde la supervivencia lo es todo, aunque ya sepamos lo que le va a pasar a al menos uno de nuestros aventureros. Se pueden visualizar elementos de esa obra maestra del terror llamada Open Water (2003) y de la sólida 128 Hours (2010). Me niego a colocar a la gloriosa Into The Wild (2007) en esta lista porque sería un insulto, aunque sí pondré a la ya mencionada Grizzly Man (2005) solamente por la temática que comparten.

Backcountry posee una ambientación espléndida, con paisajes hermosos que ponen la piel de gallina de tan solo pensar en su existencia. Esta belleza hace de fondo a la batalla palmo a palmo entre la bestia y el hombre, aunque en realidad debería llamarlo una carrera de los protagonistas hacia la salvación pues en la pelea no tienen chance alguna. MacDonald muestra un muy buen manejo de cámara, con la dosis exacta de frenetismo y firmeza, y la edición de imagen y de sonido es optima. Las actuaciones son aceptables, nada del otro mundo pero pasan el examen sin demasiadas complicaciones.


Lo que enoja de Backcountry es que anuncia algo impresionante y lo único que termina entregando es una resolución a velocidad luz de todos los conflictos que plantea. Se le vende al consumidor un filme de supervivencia pura, cuando en realidad esta ocupa apenas 15' de los 92' de duración. El cierre es demasiado apurado y más bien obvio, poniéndole el moño a un show de previsibilidad que nunca consigue salirse del esquema. La labor técnica es muy buena, los actores más que decentes y la idea es interesante, pero para poder tener éxito hay que saber plasmar todo eso en la pantalla. Una verdadera lástima, una hora y media a la basura.



Puntaje: 4.5/10 

martes, 23 de diciembre de 2014

The Babadook

Varias veces he escrito aquí que James Wan fue con su irrupción en 2007 una bocanada de aire fresco para el género de terror. Un maestro a la hora de crear atmósferas y un brillante contador de historias, que siempre sabe cuando llevarte de la calma aparente al máximo sobresalto. Wan se destacó por sobre la media simplemente por el hecho de no apostar a las historias zonzas y al susto fácil. Si bien es innegable que al director oriundo de Malasia le gusta ponerle la piel de gallina al espectador con esas subidas violentas de sonido - algo que no inventó sino que heredó del Giallo y lo adaptó a los tiempos que corren-, nadie puede decir que sus filmes sean cáscaras vacías. Hay personajes intensos e interesantes al mismo tiempo, con varias capas, y también dispone frente a nosotros un escenario complejo y esculpido con un detalle digno de las mejores obras de arte. El gran problema es que como todo estilo, la manera de filmar de James Wan posee varias marcas características; por lo que han sido muchos ya los directores que lograron convencer a un estudio de que son la próxima gran maravilla cuando en realidad son meros imitadores de su colega malasio. De a poco, el mismo Wan fue cayendo en una lógica espiral que se pudo confirmar con la mediocre Annabelle - que pareció hecha a desgano, solo por dinero- y de la que se espera pueda salir pronto. Mientras tanto, en medio de un océano de productos como mínimo de existencia inexplicable, en este bimestre se estrenó The Babadook. Y aquí hubo que detener la vista, porque desde el trailer daba la impresión de que nuevamente estábamos ante algo muy diferente y emocionante. La actriz, guionista y directora Jennifer Kent es quien se colocó tras las cámaras y escribió todo el libro de este más que inquietante y oscuro filme.

Amelia (Essie Davis) y su particular e inquieto hijo Samuel (Noah Wiseman) los protagonistas de la historia. Ella es una enfermera de geriátrico cuyo marido falleció en un trágico accidente automovilístico cuando iban camino al hospital para el parto que a pesar de las dificultades y riesgos pudo ser llevado adelante. Amelia se encuentra en un mal momento, agobiada por la vida misma y teniendo que cargar sobre sus espaldas todos los problemas psicológicos de Samuel. Él es un muchacho al que la contención maternal no le es suficiente simplemente por el hecho de que su madre no termina de cerrar el capítulo más doloroso de su vida. Las pesadillas lo persiguen constantemente y vive diciendo que en su cuarto se esconden monstruos que buscan dañarlos a los dos. Para repelerlos, inventa una serie bastante ingeniosa de armas que lo único que consiguen es hacer de la casa un caos y, por ende, irritar a Amelia cada día más. Una noche antes de ir a dormir, ambos encuentran un libro rojo en la cómoda de Samuel. Este cuenta la historia de un tal Babadook, una especie de demonio que aterroriza a las personas para quedarse con sus almas. Un material más bien tenebroso, que sobrepasa los límites del buen gusto y lo razonable aún para un adulto y que los deja perturbados a los dos. El terror de Samuel comienza a crecer de manera exponencial, pues afirma haber visto merodeando por la casa a la entidad malvada de la que habla el libro. Amelie no le cree al principio, pero al poco tiempo comienza a sentir que algo anda realmente mal; sus peores pesadillas y sus mayores miedos la acechan, dejándola sin razones para no creer en lo que dice su hijo.

The Babadook posee una historia muy bien desarrollada, que se va revelando en capas y que no aburre a pesar de que se toma su tiempo con cada uno de sus segmentos. No se salta ningún paso y va construyendo una atmósfera general que cuadro a cuadro se convierte en algo verdaderamente terrorífico para sus personajes y para el espectador. Es de esos filmes que consigue asustar en serio y con armas más que nobles, algo que lo coloca por encima de la mayoría de los de su propia especie. La transición de la densidad que genera el conflicto entre la madre y el hijo al terror absoluto que deberán enfrentar juntos, está lograda y además explota muy bien la ambigüedad que plantea desde las escenas iniciales. Hay un punto en el que no queda muy en claro si lo que vemos es producto de la imaginación de Amelia o si en serio es una presencia demoníaca que busca atacarlos. La delgada línea entre la alucinación y la pesadilla está presente durante casi toda la película y se disipa casi sin avisar.

Cruza entre un thriller psicológico-psiquiátrico y el más puro terror Clase B, The Babadook logra que el sub-género de la posesión demoníaca se inserte a la perfección en la trama y que no parezca que se lo utilizó solamente para robar un par de sustos más. Es diferente a Insidious más allá de compartir algunos elementos basales: construye el miedo de forma progresiva, pero no abusa de las subidas estridentes de la banda sonora. El susto repentino con esos agudos altísimos, algo tan característico de James Wan no es lo que reina y si aparece en algún momento lo hace de manera justificada - y no mecánica-.

La estética es impecable y cada escena se encuentra invadida por una oscuridad que petrifica. La definición de la imagen es excelente y el trabajo de cámaras es muy dinámico. El juego de sugestión es maravilloso: como en los filmes de la vieja escuela del terror, al misterioso y maligno Babadook (Tim Purcell) no lo vemos nunca por completo. Siempre aparece entre juegos de sombras y espejos, y solo mediante elementos que se acoplan de inmediato a la escenografía. Essie Davis y Noah Wiseman tiene una química excelente y cumplen con creces sus dificultosos roles. El joven actor es un calco del perturbado Danny Torrance de esa obra maestra llamada The Shining (1980) tanto físicamente como en la manera de interpretar al pequeño Samuel.


The Babadook tiene todos los boletos para ganarse el premio al mejor filme de terror de este años. Es un viaje al pasado en el mejor de los sentidos, a las grandes épocas de un género que, si bien repuntó en este último tiempo, hoy se encuentra una vez más al borde de una dura recaída. Con un guión terrorífico, progresivo e inteligente, una directora y escritora que promete y actores que lograron ponerse en la piel de sus personajes, The Babadook no ha parado de recibir nominaciones en diversos festivales y de cosechar premios sin parar. La nueva sensación dentro del Terror se llama Jennifer Kent y es una distinción muy merecida. Los fanáticos del género y la industria deberán seguir con atención sus próximos pasos, porque no es fácil encontrar semejante talento y audacia en una opera prima. Si quieren dos palabra para definir este filme, aquí tienen: horroríficamente magnífico.



Puntaje: 9/10