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lunes, 25 de abril de 2016

The Forest

No hay nada más interesante que los mitos y el que rodea al famoso "Bosque Suicida" de Japón es más que cautivante para los interesados en estas cuestiones. El lugar se llama Akiogahara, se encuentra al pie del Monte Fuji en el país asiático y tiene la fama bien ganada de ser uno de los mejores lugares para quitarse la vida.

Hay varios documentales al respecto, siendo el más interesante uno de la muy buena cadena de noticias alternativa Vice, en donde de la mano de un experimentado guía, dos reporteros se adentran en lo que desde la apariencia es un hermoso lugar, naturaleza en estado puro, pero que es también un sitio de reflexión y de muerte.

Hubiese sido extraño que ningún estudio o director tomase la idea y la convirtiese en un largometraje, algo que justamente hizo Jason Zada. Con Natalie Dormer como cabeza de cartel, el filme era sin dudas interesante y parecía respetar bastante los elementos clásicos del cine de terror japonés. El resultado sin dudas que es disparejo, con algunos baches notorios, pero The Forest logra llegar a la meta sin que le falte nada ni le sobre demasiado.




Jess (Natalie Dormer) tiene un mal sueño, que consiste en ver a su hermana gemela corriendo en un bosque oscuro en Japón, pidiendo ayuda a los gritos mientras trata de huir lo más rápido posible de algo o alguien que la persigue. De inmediato, Jess toma la decisión de ir a buscar a su hermana, pues siente que ella de alguna manera le está pidiendo que vaya a rescatarla.

Entre varios flashbacks y flashforwards, nos enteramos que la hermana de Jess está desaparecida hace varios días y que ingresó al "Bosque Suicida", algo que suele alertar a las autoridades que esperan muy poco tiempo para dar a la persona por muerta. Los sueños acerca de la infancia se hacen más recurrentes en Japón, todo al mismo tiempo en que Jess investiga que es lo que sucede en ese bosque.

Una visita a la escuela donde ella trabajaba como maestra del primario la termina por convencer de adentrarse en el bosque. Es advertida por la directora acerca de la leyenda que rodea el lugar, pero no duda en comenzar por ver si su cuerpo no se encuentra entre los varios que son extraídos del lugar a cada semana.




En el lugar, una misteriosa persona le pide que no se adentre en el bosque porque al estar muy triste por dentro, el lugar la va a utilizar para atraparla y jamás dejarla salir. En el hotel conoce a un periodista llamado Aidan (Taylor Kinney) que le explica que irá con un guía a recorrer el lugar y que - a cambio de la posibilidad de escribir acerca de su caso específico- puede ir con ellos.

Luego de cruzarse con algunos cadáveres, muchos caminos marcados al estilo de Ariadna en el laberinto del minotauro y una carpa con una persona indecisa respecto de su futuro próximo, dan con la carpa y las cosas de Sara (también es Natalie Dormer, algo bastante lógico y digamos que menos caro). Jess elige quedarse a dormir allí a la espera de que Sara regrese y Aidan se queda con ella para que no corra peligro.

Comenzará el momento de las reflexiones, de las charlas acerca del pasado, de las diferencias entre ella y su hermana respecto de algunos hechos que marcaron sus vidas. Un camino que se convertirá en una pesadilla impulsada por esos mitos que son mucho más reales y espeluznantes de lo imaginado.




La trama de The Forest es interesante, no tanto por lo que sucede en el filme - salvo en algunos momentos con sustos repentinos-, sino por la leyenda y los hechos que rodean al Bosque de Akiogahara. El cuadro general muestra varios clichés del género, sin lograr emular el éxito y la calidad de otros proyectos de terror japonés que logran ponerle a uno los pelos de punta. Se puede decir que en comparación con otros intentos recientes, este es el mejor de todos, algo que no es un elogio demasiado importante pero que le permite a The Forest superar el piso mínimo.

El espectador quedará sumergido de a ratos en la atmósfera tensa y oscura, llena de soledad y desesperación, que la historia plantea, pero lamentablemente tardará bastante poco en salir de ella. El guión es un poco engañoso, con un buen giro final que resuelve el conflicto basal pero que deja una sorpresa mucho más grande para los minutos previos a los créditos.





PUNTAJE: 6/10









domingo, 15 de noviembre de 2015

Escalofríos

Todo el que haya sido un niño - como quien les escribe- en la década de 1990, sabe de la existencia de Robert Lawrence Stine o, más simple, R. L Stine que escribió varios cuentos de terror clásicos que asustaron - y asustan- a varias generaciones de niños. Tanto sus libros como su show de televisión basado en su material literario, con título homónimo al de este filme, eran una combinación entre el horror más básico y efectivo y un suspense muy bien logrado que servía para mantener pegado al televisor a cualquiera. El disfraz que el autor usaba era el de un simple cuento de horror para niños, pero en cada historia había un factor macabro y retorcido que de repente trasladaba una historia inocente y misteriosa hacia lugares un poco más oscuros. La llegada de un filme - dirigido por Rob Letterman- que, en los papeles, buscaría juntar a todas sus criaturas y poner en la piel del escritor al gran Jack Black fue una buena noticia más allá de que el resultado era sin dudas incierto.

La historia es más bien simple: Zach (Dylan Minette) y su madre Gale (Amy Ryan) llegan a un pequeño pueblo desde Nueva York buscando superar la repentina y dolorosa muerte del padre de Zach. En medio de su vida rutinaria, con los toques de su muy particular tía Lorraine (Jillian Bell), conoce a su vecina Hannah (Odeya Rush). Tienen una química inmediata pero hay un problema grande: su extraño, gruñon y misterioso padre (Jack Black) le prohíbe que se acerque a ella y lo amenaza con denunciarlo a las autoridades si vuelve a siquiera mirarla. Tras escuchar una discusión a los gritos entre los dos desde su cuarto, Zach llama a la policía pero todo termina en la nada misma ya que no encuentran a nadie en la casa más que al hombre malhumorado.


Junto a su muy gracioso nuevo amigo Champ (Ryan Lee), Zach decide ir al rescate de Hannah y tras ingresar a la casa por el sótano descubren una gran librería que tiene todos los cuentos del misterioso y legendario R. L Stine. Cada libro está cerrado con candado y este par de muchachos no tiene mejor idea que abrir uno de ellos. De aquí en adelante, los monstruos se harán presentes en la pantalla dando lugar a un escenario de caos absoluto que amenaza con destruir la pacífica y saludable vida de este tranquilo pueblito alejado de todo. 


Escalofríos es sin dudas un filme destinado a los más chicos, pero que hará reír a cualquiera de los que se sienten a verlo sin importar su edad. Las actuaciones son muy buenas, Odeya Rush juega muy bien el rol de adolescente valiente e idealista - ya verán porqué hace esto- y la dupla Dylan Minette-Ryan Lee provee una serie de gags que arrancan carcajadas. La química entre los tres jóvenes actores es óptima, pero quien lógicamente se lleva todas las miradas y aplausos es Jack Black con una nueva composición capaz de descostillar a una piedra. Comienza como un viejo delirante e insoportable y termina como un personaje tan loco como querible, el líder de una sin dudas gran aventura. Le pone la voz a varios de los monstruos y el foco debe estar puesto en uno de ellos: su némesis Slappy, al que logra darle desde lo vocal varias de sus características corporales e interpretativas. 


No se le puede pedir demasiado a un guión muy previsible, sobre todo cuando empieza a llegar al final. Pero sí se puede destacar una gran virtud: que parece un gran y universal cuento escrito por R. L Stine donde él y todas sus creaciones son partícipes. Hay lugar - mucho- para el amor, para la aventura, para la amistad y para los sustos - claro, je- no mucho más que eso. Los efectos especiales son excelentes, los monstruos aparecen ante nosotros tal como los imaginábamos al escuchar las historias de R. L Stine y logran ese equilibrio entre el susto y la risa. A fin de cuentas, Escalofríos busca colocarse en esa delgada línea, objetivo que logra con total éxito. Las actuaciones son muy buenas y el tiempo de duración es el justo y necesario, hasta llegando a parecer mucho menos por el buen rato que uno pasa. Un filme para toda la familia, ideal para esta época del año y que por suerte no sucumbió ante el imperio del 3D, algo que sin dudas le habría quitado su esencia. Un triunfo y una reivindicación a un muy buen autor que siempre es olvidado por la crítica culta más allá de haber sido un bestseller en sus años. Atentos al cameo del mismísimo Stine.



Puntaje: 7.5/10


lunes, 8 de junio de 2015

It Follows


David Robert Mitchell es el director y escritor de esta nueva perla del Indie, aclamada en todo el mundo como la tan necesitada renovación del género de terror. It Follows ha recibido elogios en todos los festivales en los que fue exhibida y la crítica posterior se ha encargado de colocarle el sello de "Filme Obligatorio" para este 2015. Hace unas semanas en este blog dijimos que The Babadook (2015) era por unanimidad la mejor película de terror del año, y sinceramente debo decir que nunca consideré siquiera la posibilidad de que It Follows pudiese superarla en ningún aspecto. Si bien son dos filmes muy diferentes en lo narrativo y lo técnico, me sorprendí al encontrarme con una película bastante superior en casi todos los aspectos. Muy posiblemente esto sea tan solo una cuestión de gusto personal de quien les escribe, pero vayamos al análisis para justificar esta afirmación.


It Follows comienza con un amanecer en un suburbio tradicional en Michigan, Estados Unidos. Una muchacha sale corriendo, vestida tal cual llegó a su casa luego de una salida nocturna, escapando de algo o alguien que nosotros no llegamos a visualizar como espectadores. Su padre y sus vecinos le preguntan varias veces si está bien y ella atina a decir que sí, pero sin jamás dejar de mirar hacia atrás y seguir corriendo de esta supuesta amenaza invisible. Se sube a su auto y maneja hasta una playa bastante alejada de la tranquilidad suburbana. Procede a llamar, envuelta en lagrimas, a su papá y a su pareja para decirles que los ama mucho. Acto seguido, lo que imaginamos: aparece muerta, brutalmente asesinada siendo la palabra "descuartizada" bastante inadecuada para describir la forma en la que encuentran su cadáver.



Sin ninguna explicación más que un corte abrupto, la historia vira hacia Jay (Maika Monroe), una adolescente que se está preparando para una cita con un novio. Todo anda de maravillas hasta que en el cine, su acompañante comienza a ponerse nervioso y a señalar a personas que Jay no puede ver. Se retiran del lugar y todo parece quedar en el olvido, ya que arreglan para salir nuevamente al otro día. Luego de un momento de pasión en el asiento trasero del auto, el tipo se trastorna y la duerme con cloroformo. Sin entender nada, Jay despierta en un edificio abandonado, atada de pies y manos a una silla de ruedas. El joven en cuestión le explica que en el momento en el que tuvieron sexo, él le pasó algo extraño que lo viene persiguiendo y acechando hace mucho tiempo. Una especie de entidad maléfica que nadie más que ella puede ver y que asume cualquier forma humana ¿El problema? Que hará todo lo posible por llegar hacia ella y asesinarla de la manera más brutal posible.

Comencemos por los aspectos técnicos y narrativos de It Follows, que son más bien interesantes pues están sacados directamente del manual de John Carpenter. Tenemos los travellings y las panorámicas lentas, la cámara subjetiva que acecha a las protagonistas femeninas e insinúa una amenaza - para luego retirarse y abrir el plano y tornarlo inofensivo o concretar esa peligrosidad- y la banda sonora con predominio de graves que nos recuerdan por sobre todas las cosas a esa obra maestra titulada Halloween (1978). La conexión con este filme es más que evidente, hasta para quien apenas si lo vió por arriba alguna vez en su vida. Otros elementos presentes y muy bien utilizados son el desenfoque y esa combinación siempre atractiva entre el plano subjetivo tembloroso y el plano medio. No debería sorprender, en esta misma clave, la presencia del travelling lento desde el auto con paseo por esa Norteamérica destruida y desesperada que nunca vemos en nuestros viajes y/o en las fotos. La mirada a cámara que traspasa la pantalla y el desenfoque son también dos elementos clave en lo narrativo, ayudando a generar una profunda sensación de persecución y pánico.


Los paisajes están filmados con excelencia y los planos abiertos siguen el mismo patrón. Estamos ante una crudeza extrema de la imagen, en lo que refiere a la calidad visual. Tal cual el Halloween y en filmes más recientes como Palo Alto (2013) - para más referencias busquen cualquiera de Gus Van Sant o Harmony Korine-, esta elección es la ideal para retratar el suburbio. El espíritu de It Follows es hermosamente ochentoso por donde se lo mire, siendo primero que todo un homenaje al cine de John Carpenter, algo que para quienes gustan del género - o del buen cine en general- será como mínimo muy emotivo. El terror es construido de manera progresiva. La imagen y la banda sonora son utilizadas con mucha inteligencia, en especial cuando se las hace más lentas para facilitar un susto menos sorpresivo pero mucho más profundo en cada uno de los momentos más importantes. La trama es interesante, muy atrapante y los suficientemente intrigante como para evitar que el espectador se distraiga por un segundo siquiera. Flota en el aire la sensación de que si uno mira al costado, puede estar perdiéndose de un detalle central para el desarrollo de la historia.



Todos los jóvenes actores se llevan las palmas, en especial la intrigante Maika Monroe de la que seguramente escucharemos mucho más con el correr de los años. Ella sola lleva adelante una historia complicada, pues hablamos de una lucha contra un enemigo invisible - y en apariencia invencible- en la que estará sola hasta que pueda convencer a sus mejores amigos de que no está loca y que su vida corre peligro.


It Follows tiene un cierre impecable, previsiblemente clásico en el mejor de los sentidos. Oscilando entre dejar la puerta abierta para una secuela dejando varios cabos sueltos - como por ejemplo, la explicación del origen de esta entidad malvada- y darle una muy buena conclusión al mejor filme de terror de los últimos años. Hace varias semanas que se habla de una secuela y es imposible no emocionarse con ese prospecto. Sin dudas que será una labor compleja, pues no siempre las segundas partes son una buena idea (y más si la primera puso la vara demasiado alta) pero bien vale la pena intentarlo. El cine Indie nos sigue sorprendiendo - buen en realidad, confirmando lo que ya sabemos de él- y demostrando que muchas veces no se trata de presupuesto ni de campañas publicitarias gigantes, sino de corazón, trabajo e inteligencia. Desde este blog, chocamos nuestras copas por estos directores y estas producciones.



Puntaje: 9/10



martes, 23 de diciembre de 2014

The Babadook

Varias veces he escrito aquí que James Wan fue con su irrupción en 2007 una bocanada de aire fresco para el género de terror. Un maestro a la hora de crear atmósferas y un brillante contador de historias, que siempre sabe cuando llevarte de la calma aparente al máximo sobresalto. Wan se destacó por sobre la media simplemente por el hecho de no apostar a las historias zonzas y al susto fácil. Si bien es innegable que al director oriundo de Malasia le gusta ponerle la piel de gallina al espectador con esas subidas violentas de sonido - algo que no inventó sino que heredó del Giallo y lo adaptó a los tiempos que corren-, nadie puede decir que sus filmes sean cáscaras vacías. Hay personajes intensos e interesantes al mismo tiempo, con varias capas, y también dispone frente a nosotros un escenario complejo y esculpido con un detalle digno de las mejores obras de arte. El gran problema es que como todo estilo, la manera de filmar de James Wan posee varias marcas características; por lo que han sido muchos ya los directores que lograron convencer a un estudio de que son la próxima gran maravilla cuando en realidad son meros imitadores de su colega malasio. De a poco, el mismo Wan fue cayendo en una lógica espiral que se pudo confirmar con la mediocre Annabelle - que pareció hecha a desgano, solo por dinero- y de la que se espera pueda salir pronto. Mientras tanto, en medio de un océano de productos como mínimo de existencia inexplicable, en este bimestre se estrenó The Babadook. Y aquí hubo que detener la vista, porque desde el trailer daba la impresión de que nuevamente estábamos ante algo muy diferente y emocionante. La actriz, guionista y directora Jennifer Kent es quien se colocó tras las cámaras y escribió todo el libro de este más que inquietante y oscuro filme.

Amelia (Essie Davis) y su particular e inquieto hijo Samuel (Noah Wiseman) los protagonistas de la historia. Ella es una enfermera de geriátrico cuyo marido falleció en un trágico accidente automovilístico cuando iban camino al hospital para el parto que a pesar de las dificultades y riesgos pudo ser llevado adelante. Amelia se encuentra en un mal momento, agobiada por la vida misma y teniendo que cargar sobre sus espaldas todos los problemas psicológicos de Samuel. Él es un muchacho al que la contención maternal no le es suficiente simplemente por el hecho de que su madre no termina de cerrar el capítulo más doloroso de su vida. Las pesadillas lo persiguen constantemente y vive diciendo que en su cuarto se esconden monstruos que buscan dañarlos a los dos. Para repelerlos, inventa una serie bastante ingeniosa de armas que lo único que consiguen es hacer de la casa un caos y, por ende, irritar a Amelia cada día más. Una noche antes de ir a dormir, ambos encuentran un libro rojo en la cómoda de Samuel. Este cuenta la historia de un tal Babadook, una especie de demonio que aterroriza a las personas para quedarse con sus almas. Un material más bien tenebroso, que sobrepasa los límites del buen gusto y lo razonable aún para un adulto y que los deja perturbados a los dos. El terror de Samuel comienza a crecer de manera exponencial, pues afirma haber visto merodeando por la casa a la entidad malvada de la que habla el libro. Amelie no le cree al principio, pero al poco tiempo comienza a sentir que algo anda realmente mal; sus peores pesadillas y sus mayores miedos la acechan, dejándola sin razones para no creer en lo que dice su hijo.

The Babadook posee una historia muy bien desarrollada, que se va revelando en capas y que no aburre a pesar de que se toma su tiempo con cada uno de sus segmentos. No se salta ningún paso y va construyendo una atmósfera general que cuadro a cuadro se convierte en algo verdaderamente terrorífico para sus personajes y para el espectador. Es de esos filmes que consigue asustar en serio y con armas más que nobles, algo que lo coloca por encima de la mayoría de los de su propia especie. La transición de la densidad que genera el conflicto entre la madre y el hijo al terror absoluto que deberán enfrentar juntos, está lograda y además explota muy bien la ambigüedad que plantea desde las escenas iniciales. Hay un punto en el que no queda muy en claro si lo que vemos es producto de la imaginación de Amelia o si en serio es una presencia demoníaca que busca atacarlos. La delgada línea entre la alucinación y la pesadilla está presente durante casi toda la película y se disipa casi sin avisar.

Cruza entre un thriller psicológico-psiquiátrico y el más puro terror Clase B, The Babadook logra que el sub-género de la posesión demoníaca se inserte a la perfección en la trama y que no parezca que se lo utilizó solamente para robar un par de sustos más. Es diferente a Insidious más allá de compartir algunos elementos basales: construye el miedo de forma progresiva, pero no abusa de las subidas estridentes de la banda sonora. El susto repentino con esos agudos altísimos, algo tan característico de James Wan no es lo que reina y si aparece en algún momento lo hace de manera justificada - y no mecánica-.

La estética es impecable y cada escena se encuentra invadida por una oscuridad que petrifica. La definición de la imagen es excelente y el trabajo de cámaras es muy dinámico. El juego de sugestión es maravilloso: como en los filmes de la vieja escuela del terror, al misterioso y maligno Babadook (Tim Purcell) no lo vemos nunca por completo. Siempre aparece entre juegos de sombras y espejos, y solo mediante elementos que se acoplan de inmediato a la escenografía. Essie Davis y Noah Wiseman tiene una química excelente y cumplen con creces sus dificultosos roles. El joven actor es un calco del perturbado Danny Torrance de esa obra maestra llamada The Shining (1980) tanto físicamente como en la manera de interpretar al pequeño Samuel.


The Babadook tiene todos los boletos para ganarse el premio al mejor filme de terror de este años. Es un viaje al pasado en el mejor de los sentidos, a las grandes épocas de un género que, si bien repuntó en este último tiempo, hoy se encuentra una vez más al borde de una dura recaída. Con un guión terrorífico, progresivo e inteligente, una directora y escritora que promete y actores que lograron ponerse en la piel de sus personajes, The Babadook no ha parado de recibir nominaciones en diversos festivales y de cosechar premios sin parar. La nueva sensación dentro del Terror se llama Jennifer Kent y es una distinción muy merecida. Los fanáticos del género y la industria deberán seguir con atención sus próximos pasos, porque no es fácil encontrar semejante talento y audacia en una opera prima. Si quieren dos palabra para definir este filme, aquí tienen: horroríficamente magnífico.



Puntaje: 9/10