miércoles, 24 de junio de 2015

Furious 7

Con mucha felicidad podemos afirmar que hasta el día de la fecha, la mayoría de grandes estrenos de la temporada han sido todo menos decepcionantes. Furious 7 tenía que superar tres duras pruebas: lograr al menos equiparar a su - genial y gigante- antecesora, demostrar que el enroque de directores (entra James Wan, sale Justin Lin) no iba a empeorar el producto final y enfrentar el duro adiós a un emblema de la saga como Paul Walker que falleció en un trágico accidente automovilístico - mientras se dirigía junto a un amigo, que iba al volante, hacia una gala de su organización de caridad- cuando le faltaban apenas dos o tres escenas para completar el rodaje. Con una carga emotiva muy grande a cuestas - pues todos esperamos ese homenaje aún sin saber como es que Brian O'Conner se va a despedir para siempre-, podemos decir que tanto el nuevo director como los actores lograron salir más que airosos de esta experiencia. Con la parte número ocho de la saga anunciada para dentro de un par de años, Furious 7 hizo lo imposible: pudo colocarse por encima de Fast & Furious 6 (2013), que había roto con todos los parámetros del cine sobre ruedas y llevado la historia hacia el máximo de acción, potencia, combustible y locura posible colocándola en la cima del universo cinematográfico. Claro que nunca le faltaron las críticas de quienes consideran que el cine debe ser un espejo de la realidad y algo hiper-artsy, cuestión que retomaremos en el párrafo final. Más allá de todo esto, ya hablamos en su momento de esta gran franquicia y la realidad es que desde que Justin Lin decidió comenzar todo de nuevo con la injustamente poco valorada tercera entrega - una que recién ahora ve como todos los cabos que dejó sueltos son atados-, como espectadores no hemos parado de recibir dosis tras dosis de cine puro y duro. De ese que hace tanta falta en un sistema lleno de remakes dudosas, copias baratas, efectos especiales de pésima calidad y actuaciones desganadas sin ningún tipo de compromiso. 


La historia retoma en el punto (casi) exacto donde nos había dejado la escena tras los créditos del filme anterior. Vemos como Deckard Shaw (Jason Statham) un ex Black Ops convertido en un asesino a sueldo sanguinario, visita a su hermano Owen Shaw (Luke Evans) en el hospital donde yacía detenido con vigilancia máxima tras haber quedado al borde de la muerte debido pos enfrentamiento contra Toretto y sus amigos. Le promete que se va a vengar de todos los que lo dejaron prácticamente inválido y a su salida termina de matar a los últimos que quedaron vivos tras su intempestiva entrada al complejo de salud. 


Un flashback nos lleva a una visita a la vieja pista en el desierto, de Dom (Vin Diesel) junto a una Letty (Michelle Rodríguez) que todavía no recuerda demasiado de su pasado pero que de a poco se va aclimatando a la compañía de quien hasta hace poco era el amor de su vida. Tras ganar una carrera con mucha facilidad, Letty es felicitada por todos sus viejos conocidos y amigos pero termina entrando en shock y escapando del lugar en su auto. Frente a la lápida que tiene su nombre pero no su cuerpo, le explica a Dominic que debe irse para poder primero encontrarse a ella misma. Del otro lado del país, Shaw confronta a las trompadas y a los tiros, bombas y demás a Hobbes (Dwayne Johnson) en su oficina. El agente norteamericano queda muy maltrecho tras una dura pelea y haber salvado a Elena (Elsa Pataky) de una muerte segura, en una caída espectacular. Con la información que robó de la computadora de Hobbes, Deckard consigue lo que necesita y procede con su plan: primero asesina a Han en Tokyo y luego con una bomba hace volar la casa de Brian (Paul Walker) y Mia (Jordana Brewster) y su pequeño hijo. Quedan cerca de morir, pero sobreviven más allá de la tristeza que les genera ver caer la casa donde todo comenzó. 


La conexión con Tokyo Drift llega a su punto final, con la charla entre Dominic y Sean (Lucas Black) tras esa carrera que significó el regreso del peso pesado a la saga. Trae el cadáver de su amigo y le da un entierro con su familia, para en ese mismo momento comenzar un enfrentamiento con su nuevo enemigo. La primera lección que aprende es que para poder vencerlo, tendrá que salir de la calle pues Shaw es directamente invisible y no juega ni vive con sus mismas reglas. Para ello aparece un muy buen amigo de Hobbes, Mr.Nobody (Kurt Russell) que le provee todo lo que necesita para atrapar a un criminal que él también anda buscando hace mucho tiempo. 


En Furious 7, la trama no es en absoluto lineal algo que rompe un poco el molde de las 6 películas previas. Consigue estabilidad narrativa a pesar de ir y venir, muchas veces sin anuncio previo, en el tiempo. La acción pura sin ningún tipo de vueltas está presente desde el primer cuadro, sin tregua ni humildad alguna lo cual es admirable y muy disfrutable. Quien se siente a ver el filme, estará recibiendo una bomba atómica cuyo contenido es la guerrilla automovilística llevada a un extremo que - hace rato- supera lo posible. La testosterona no ha parado de aumentar desde la llegada de Justin Lin y no hay razón para que eso termine en este séptimo capítulo. La calidad, la ferocidad y la espectacularidad continúan en ascenso y no parecen dispuestas a detenerse ni en los momentos más tranquilos y divertidos de la película. La velocidad es la de siempre, pero potenciada con autos que son más estrambóticos, rápidos y militares que nunca. Furious 7 tiene su base en el delirio total, con un trabajo de cámaras impactante que da como resultado un trabajo visualmente hermoso, que posee su cumbre en la escena de los rascacielos en Dubai. Una que si no le saca a uno los ojos de órbita, sería interesante que esa persona se replantee cual es la razón por la cual le gusta el cine. 


La familia sigue en el centro de la trama, algo que no sorprende y que cobra aún mayor relevancia por razones obvias. Tyrese Gibson, Kurt Russell y Ludacris además de realizar un muy buen trabajo, son quienes cargan con la responsabilidad de hacer reír y lo logran con mucho éxito. De todos los productos fílmicos de esta saga, es el más directo en el mejor de los sentidos: el preludio, la introducción, consiste en dos o tres escenas de acción y persecución impecables e implacables, no hay un solo momento en el que la trama se quede quieta. James Wan, que algo sabe del tema, maneja muy bien la tensión. Nos vemos obligados a estar atados al borde de la butaca de la mano de los recursos estilísticos que le conocemos al malasio pero con una inyección de anabólicos y varias capas de la influencia de una serie a la que recién se ha incorporado como un elemento más en la cadena de montaje. Si uno mira bien, la huella de James Wan está más que presente en cada escena, pero no es su intención que esto resalte sino que más bien se funda con todo lo demás. 


La épica llega hasta alturas que ni los más fanáticos se pudieron llegar a imaginar alguna vez. Lo que es digno de resaltar es que la subida es progresiva y está impresa dentro de la trama, algo que se lo debemos a la mano de James Wan. El camino es duro y está pavimentado con trompadas, autos de guerra, explosiones, saltos interminables e imposibles, maniobras enfermizas, lealtad, emoción y un amor inquebrantable por el cine. El clímax no podría ser mejor: un retorno a casa, a las calles de Los Ángeles tras haber viajado sin parar por el mundo con cuanta persona existiese tratando de matarlos y/o capturarlos. Su casa como campo de batalla, su lugar en el mundo para dirimir que es lo que va a suceder en el futuro. 


Las actuaciones son muy parejas y cada uno en su rol se luce (y con ganas). Jason Statham brilla como el sin dudas mejor villano de la saga. Demostrando que es un actor de primer nivel y el mejor dentro del cine de acción clásico y moderno, pone al servicio de la historia su mejor cara de enojado con la vida y una postura tan rígida que genera tensión con tan solo mirarlo. Un trabajo físico lógicamente espectacular, puro músculo y agilidad para antagonizar con otros dos pesos pesados. Vin Diesel y Dwayne Johnson siguen matando prejuicios y además exhiben una química de aquellas. Energía, potencia y sentimiento, con una simpatía - distinta en cada personaje- ante la que no se puede no caer rendido. Otra buena noticia: el retorno activo de Michelle Rodríguez como Letty, dejándonos una pelea para el recuerdo con Rhonda Rousey y el reencuentro con el amor de su vida. Ludacris y Tyrese Gibson, como ya se comentó, juegan perfecto su rol de comediantes y le ponen el pecho a las balas en todas las escenas donde es necesario. Nathalie Emmanuel decidió que no era suficiente sorprender y maravillar en Game Of Thrones y se mudó un rato a la saga más exitosa del mundo como una joven hacker llena de carácter que va a dar que hablar en lo que sigue. Por si se preguntaban, les confirmo la duda: hay un homenaje jamesbondiano que la tiene como protagonista.
El gran Kurt Russell la rompe como un agente muy inusual e ingresa con bombos y platillos a la historia. No se sabe si va a participar en el nuevo proyecto, pero su chispa y talento levantan cada una de las escenas en las que está presente.


Párrafo aparte para la muy buena labor de Paul Walker, cuya presencia fue rellenada con sus hermanos y un poco de CGI para el homenaje final. Un cierre perfecto que logra rendirle tributo tanto dentro como fuera de la historia. Los personajes y los actores se despiden y es imposible no largarse a llorar como un desgraciado. Todo el dolor por la pérdida de un gran amigo, de un hermano, canalizado de la mejor manera posible con una escena final llena de lágrimas contenidas, un repaso por varios momentos de un personaje que a los fanáticos nos marcó a fuego y una última carrera con Vin Diesel diciendo unas palabras desde el corazón para decirle adiós a su amigo del alma. Ah y la excelente canción - "See You Again"- a cargo de Wiz Khalifa y Charlie Puth que de por sí hace llorar para acompañar este momento.  


Mientras se me vuelve a caer alguna que otra lágrima, les dedico unas palabras a quienes desde una falsa superioridad artística e intelectual suelen despedazar a estas películas. Lo voy a hacer con un argumento muy simple: lo que se le achaca a Fast & Furious es que las persecuciones y las escenas no son "realistas". Mi pregunta es ¿Que es realista en el cine, a fin de cuentas? Justamente para esto para esto nos sentamos como niños sin importar la edad que tengamos, ante una pantalla gigante. La "realidad" en crudo la tenemos ante nuestros ojos todos los días, y la verdad es que a veces agota. El cine es otra cosa que combina elementos de ella y otros que solo son posibles por eso que llamamos "la magia del cine", una que nos lleva bastante lejos de lo cotidiano - si el filme es bueno, claro- por varias horas. La "realidad" en esta saga no se encuentra en las escenas donde vuelan autos sino en el corazón de la historia y el de sus personajes. En el vínculo que generaron con el espectador, y en todo lo demás también sin lugar a dudas. Pero si no me creen, tómense el tiempo de ver la escena donde se recuerda a Paul Walker y después me cuentan.



Puntaje: 10+/10

lunes, 8 de junio de 2015

It Follows


David Robert Mitchell es el director y escritor de esta nueva perla del Indie, aclamada en todo el mundo como la tan necesitada renovación del género de terror. It Follows ha recibido elogios en todos los festivales en los que fue exhibida y la crítica posterior se ha encargado de colocarle el sello de "Filme Obligatorio" para este 2015. Hace unas semanas en este blog dijimos que The Babadook (2015) era por unanimidad la mejor película de terror del año, y sinceramente debo decir que nunca consideré siquiera la posibilidad de que It Follows pudiese superarla en ningún aspecto. Si bien son dos filmes muy diferentes en lo narrativo y lo técnico, me sorprendí al encontrarme con una película bastante superior en casi todos los aspectos. Muy posiblemente esto sea tan solo una cuestión de gusto personal de quien les escribe, pero vayamos al análisis para justificar esta afirmación.


It Follows comienza con un amanecer en un suburbio tradicional en Michigan, Estados Unidos. Una muchacha sale corriendo, vestida tal cual llegó a su casa luego de una salida nocturna, escapando de algo o alguien que nosotros no llegamos a visualizar como espectadores. Su padre y sus vecinos le preguntan varias veces si está bien y ella atina a decir que sí, pero sin jamás dejar de mirar hacia atrás y seguir corriendo de esta supuesta amenaza invisible. Se sube a su auto y maneja hasta una playa bastante alejada de la tranquilidad suburbana. Procede a llamar, envuelta en lagrimas, a su papá y a su pareja para decirles que los ama mucho. Acto seguido, lo que imaginamos: aparece muerta, brutalmente asesinada siendo la palabra "descuartizada" bastante inadecuada para describir la forma en la que encuentran su cadáver.



Sin ninguna explicación más que un corte abrupto, la historia vira hacia Jay (Maika Monroe), una adolescente que se está preparando para una cita con un novio. Todo anda de maravillas hasta que en el cine, su acompañante comienza a ponerse nervioso y a señalar a personas que Jay no puede ver. Se retiran del lugar y todo parece quedar en el olvido, ya que arreglan para salir nuevamente al otro día. Luego de un momento de pasión en el asiento trasero del auto, el tipo se trastorna y la duerme con cloroformo. Sin entender nada, Jay despierta en un edificio abandonado, atada de pies y manos a una silla de ruedas. El joven en cuestión le explica que en el momento en el que tuvieron sexo, él le pasó algo extraño que lo viene persiguiendo y acechando hace mucho tiempo. Una especie de entidad maléfica que nadie más que ella puede ver y que asume cualquier forma humana ¿El problema? Que hará todo lo posible por llegar hacia ella y asesinarla de la manera más brutal posible.

Comencemos por los aspectos técnicos y narrativos de It Follows, que son más bien interesantes pues están sacados directamente del manual de John Carpenter. Tenemos los travellings y las panorámicas lentas, la cámara subjetiva que acecha a las protagonistas femeninas e insinúa una amenaza - para luego retirarse y abrir el plano y tornarlo inofensivo o concretar esa peligrosidad- y la banda sonora con predominio de graves que nos recuerdan por sobre todas las cosas a esa obra maestra titulada Halloween (1978). La conexión con este filme es más que evidente, hasta para quien apenas si lo vió por arriba alguna vez en su vida. Otros elementos presentes y muy bien utilizados son el desenfoque y esa combinación siempre atractiva entre el plano subjetivo tembloroso y el plano medio. No debería sorprender, en esta misma clave, la presencia del travelling lento desde el auto con paseo por esa Norteamérica destruida y desesperada que nunca vemos en nuestros viajes y/o en las fotos. La mirada a cámara que traspasa la pantalla y el desenfoque son también dos elementos clave en lo narrativo, ayudando a generar una profunda sensación de persecución y pánico.


Los paisajes están filmados con excelencia y los planos abiertos siguen el mismo patrón. Estamos ante una crudeza extrema de la imagen, en lo que refiere a la calidad visual. Tal cual el Halloween y en filmes más recientes como Palo Alto (2013) - para más referencias busquen cualquiera de Gus Van Sant o Harmony Korine-, esta elección es la ideal para retratar el suburbio. El espíritu de It Follows es hermosamente ochentoso por donde se lo mire, siendo primero que todo un homenaje al cine de John Carpenter, algo que para quienes gustan del género - o del buen cine en general- será como mínimo muy emotivo. El terror es construido de manera progresiva. La imagen y la banda sonora son utilizadas con mucha inteligencia, en especial cuando se las hace más lentas para facilitar un susto menos sorpresivo pero mucho más profundo en cada uno de los momentos más importantes. La trama es interesante, muy atrapante y los suficientemente intrigante como para evitar que el espectador se distraiga por un segundo siquiera. Flota en el aire la sensación de que si uno mira al costado, puede estar perdiéndose de un detalle central para el desarrollo de la historia.



Todos los jóvenes actores se llevan las palmas, en especial la intrigante Maika Monroe de la que seguramente escucharemos mucho más con el correr de los años. Ella sola lleva adelante una historia complicada, pues hablamos de una lucha contra un enemigo invisible - y en apariencia invencible- en la que estará sola hasta que pueda convencer a sus mejores amigos de que no está loca y que su vida corre peligro.


It Follows tiene un cierre impecable, previsiblemente clásico en el mejor de los sentidos. Oscilando entre dejar la puerta abierta para una secuela dejando varios cabos sueltos - como por ejemplo, la explicación del origen de esta entidad malvada- y darle una muy buena conclusión al mejor filme de terror de los últimos años. Hace varias semanas que se habla de una secuela y es imposible no emocionarse con ese prospecto. Sin dudas que será una labor compleja, pues no siempre las segundas partes son una buena idea (y más si la primera puso la vara demasiado alta) pero bien vale la pena intentarlo. El cine Indie nos sigue sorprendiendo - buen en realidad, confirmando lo que ya sabemos de él- y demostrando que muchas veces no se trata de presupuesto ni de campañas publicitarias gigantes, sino de corazón, trabajo e inteligencia. Desde este blog, chocamos nuestras copas por estos directores y estas producciones.



Puntaje: 9/10



miércoles, 20 de mayo de 2015

Kingsman: The Secret Service

Cualquier cosa que involucre por separado a Mark Millar y a Dave Gibbons siempre será de una calidad y una intensidad difíciles de superar. Teniendo en cuenta esto, el hecho de que hace 3 años se hayan juntado para crear una novela gráfica es una de las mejores cosas que le pasó a la literatura en general y al universo de los cómics en particular. Esta satírica, violenta e inteligente reinvención del género de espionaje tuvo por fin este año su adaptación a la pantalla grande. Matthew Vaughn ya había escrito el guión y dirigido Kick-Ass (2010), otro filme basado en una historieta de Mark Millar que tuvo mucho éxito y resultó ser uno de los mejores pasajes del cómic al cine que se hayan visto después de Sin City (2005). Este director británico, productor de Lock, Stock & Two Smoking Barrels (1998) y Snatch (2000) - los dos primeros grandes pasos de su amigo Guy Ritchie - y responsable del resurgimiento de la saga X-Men, tendrá que colgar en su pared un nuevo trofeo. Lo que hizo en Kingsman: The Secret Service es superador de su trabajo en Kick-Ass y ha puesto (una vez más) muy alta la vara en lo que respecta a adaptaciones cinematográficas.    

El film abre en algún lugar de Medio Oriente, con helicópteros británicos entrando a los tiros al ritmo de Dire Straits. Estamos en 1997 y una operación secreta está siendo llevada adelante por un grupo de soldados de élite. Cuando todo parece encaminado, el líder falla en la lectura de una situación y no se da cuenta que el prisionero que han tomado está a punto de detonarse. Uno de los soldados se abalanza sobre él y les salva la vida a todo cubriendo la explosión de corto alcance. Harry Hart (Colin Firth) queda completamente sentido por la pérdida y se dirige a la casa del difunto compañero para consolar a su mujer y a su pequeño hijo. Tras ofrecer apoyo económico y para cualquier otra cosa por el resto de sus vidas, Harry le deja al niño una medalla de honor y valentía que su difunto padre se ganó en combate.


17 años más tarde, el Agente Lancelot (Jack Davenport) es asesinado mientras intenta rescatar al Profesor James Arnold (Mark Hamill), secuestrado por un misterioso personaje en la Argentina - Bariloche, para ser más precisos-. En ese instante, dos hechos colisionan entre sí: primero, el proceso de selección de un nuevo agente para la organización secreta Kinsgman y, segundo, una amenaza eugenésica comienza a surgir de la mano del malvado, mesiánico y seriamente trastornado Valentine (Samuel L. Jackson) y un invento tecnológico bastante ingenioso como para que su plan pueda ser llevado adelante con el beneplácito inconsciente de toda la población mundial.


Una vez realizada esta introducción, la mirada se dirige hacia Gary "Eggsy" Unwin (Taron Egerton), quien todavía lleva colgada en su cuello la medalla de honor que Harry le dió cuando apenas sí podía caminar. Su vida transcurre en los grises suburbios londinenses, una lucha por sobrevivir día a día sin demasiada perspectiva de futuro por encima de algún golpe de suerte. Su caso es especial, no solo por el pasado de su padre, sino por su extremadamente alto IQ, sus excelentes notas en la escuela primaria y unas capacidades físicas que lo colocaron hace no muy poco tiempo como posible atleta olímpico. Un incidente hace que termine en la cárcel y mientras está siendo interrogado, llama al número que se encuentra detrás de la medalla. Harry lo saca de allí con apenas un par de indicaciones por teléfono, dando comienzo a su duro recorrido para poder llegar a ser parte de Kingsman y salvar el mundo.


Kingsman: The Secret Service es un ejemplo de como se debe trasladar un cómic a la gran pantalla. Hay muy pocas cosas agregadas por Vaughn al estilo, ritmo y trama del filme, que transpira a cada segundo la esencia que Gibbons y Millar le dieron cuando escribieron y dibujaron esta historia. La sensibilidad no está admitida, pues hay sangre a chorros y violencia pura y explícita. Los diálogos están llenos de humor y picardía y la historia en sí misma es un canto a la incorrección política. Otros elementos también entran en juego, como el choque de clases, lo político, un nivel de adrenalina muy difícil de igualar, malos tan caricaturescos y poderosos como humanos - y por ello frágiles y destructibles- y héroes sin poder alguno más que el corazón, la buena voluntad y el músculo (que nunca viene mal).


La ejecución es perfecta en lo que respecta a lo técnico y detrás de la trama se esconde una clara parodia a los filmes de oro del género de espionaje. La dirección de Matthew Vaughn es impecable y la edición de cada una de las tantas peleas es digna de aplauso: logra imprimirle a cada una un ritmo bastante difícil de seguir por el ojo humano y no abusa en absoluto de los efectos especiales ni de esa digitalización estilo Matrix que termina por deshumanizar a los personajes. A todo esto hay que sumarle la parte del sonido, que es un complemento más que perfecto para todo esto que acabo de explicar. La escena de la iglesia, con un Colin Firth como nunca lo han visto ni lo verán jamás, es simplemente una de las mejores y más intensas que vi en mi vida al punto de que todos los POV (Point Of View) son muy fluidos y creíbles.


Kingsman: The Secret Service es una hermosa y delirante combinación entre James Bond y Misión Imposible. Un homenaje en forma de parodia y renovación de un género al mismo tiempo, uno que hace décadas se encuentra buscando algún nuevo nombre que reemplace a John Le Carré y a Robert Ludlum. El mensaje político-social es bastante claro y llega en forma de una crítica a la "tecnologización" de la sociedad global y de como esta dependencia nos hace blancos móviles de cualquier loco con un poco de ingenio y carisma. Nada demasiado alejado de lo que vemos, leemos y vivimos a diario hace varias décadas.


Colin Firth y Samuel L. Jackson llevan adelante un duelo fenomenal y cargan con el filme sobre sus anchas espaldas con mucho oficio. El primero es un gentleman de la vieja escuela, un agente de élite que considera que los buenos modales y la inteligencia lo son todo y definen a una persona. Además de todos estos atributos, también porta un coraje y un espíritu más grandes que el universo mínimo. El segundo compone a uno de los mejores malvados de la década, un genio macabro con un sentido del humor y un seseo demasiado particulares, que de a ratos genera simpatía porque aparenta ser un idiota. Su plan para conquistar el mundo y comenzar todo de nuevo es tan loco como posible, por lo que inevitablemente deja a cualquiera pensando sobre que pasaría sí...


Taron Egerton se pone en la piel de un muchacho que ha sido golpeado por la vida más de un millón de veces, pero que bajo la tutela de su nuevo mentor saca lo mejor de sí y logra demostrarse que es material más que digno para ingresar a ese club privilegiado que es Kingsman. En su primer protagónico dentro del mainstream, realiza un gran trabajo físico, le agrega una buena dosis de humor bien seco - muy de clase media baja británica- y un rostro perfecto pues exhibe una vida en la que nadie le dio siquiera la oportunidad de probar su valía. Claro que su performance se produce dentro de un esquema un poco más relajado que lo habitual, debido a las dos leyendas que sostienen la estructura del filme y lo liberan de toda presión.


Un breve párrafo dedicado a Mark Strong y a Michael Caine, que acompañan muy bien a los protagonistas principales y sobre el final ganan relevancia dentro de la trama. Óptimo trabajo de dos muy buenos actores - uno de ellos ya en el panteón de las leyendas vivientes- que se prueban ideales para sus respectivos papeles.


Kingsman: The Secret Service entrega épica pura en cada una de sus escenas. No para por un segundo, en un show de frenetismo e intensidad apoyado en una excelente labor detrás de cámaras y un guión adaptado que no teme a la hora de generar polémicas e indignación. La dinámica y la brutalidad de la novela gráfica aparecen ante nuestros ojos y - mucho más relevante- se materializa la esencia del trabajo de la dupla Millar/Gibbons: una cruza única entre la vieja y la nueva escuela. El cierre nos regala un apocalípsis y un héroe perfectos, del cual muchos se quejaron por su supuesta inocencia. Para quien les escribe, es el broche perfecto para dos horas de acción en continuado, dos horas que sin lugar a dudas son lo mejor que le puede pasar a una persona en este 2015. Imposible no salir repitiendo la frase: "Manners maketh man"...Y no estar completamente convencido de que eso es cierto.



Puntaje: 10+/10

jueves, 7 de mayo de 2015

Exists


Exists es otro filme dentro del género Found Footage. Sí, otro más señoras y señores. Pero llama la atención al punto de haber conseguido pantalla en los cines locales ¿Por qué? No es por su trama innovadora ni sus personajes profundos ni la reducción al mínimo de los clichés del género. La razón reside en que su director Eduardo Sánchez fue el segundo en la dupla que creó esa gema que es The Blair Witch Project (1999). Para quienes no lo saben, esta excelente película fue la que dió puntapié al género mencionado en la primera línea, uno que lamentablemente hoy por hoy se encuentra en un estado de putrefacción absoluta. Veamos si el trabajo de Sánchez logró salir de la media y proponer algo al menos similar a lo que dirigió hace unos largos 15 años.

El monstruo de ocasión en Exists es nuestro amigo Bigfoot o Piegrande, una criatura que es parte de las leyendas norteamericanas y al que muchos dicen al día de hoy - pleno siglo XXI y no es joda- habérselo cruzado en expediciones a lo salvaje. La historia inicia con la clásica sucesión de imágenes de un grupo de amigos compuesto por varones y mujeres que viajan por las largas y aburridas rutas de los Estados Unidos. Lo que debemos agradecer es que no siga el formato documental que sí se puede apreciar en la reciente The Frankenstein Theory (2013) de la que, en la concepción, parece un calco. 


La acción comienza cuando en medio de la noche, chocan contra algo muy grande y pesado que deja sangre en el paragolpes. Uno de ellos, el bobo que siempre registra todo con la cámara, logra captar una sombra que parece cualquier cosa menos humana pero que camina en dos pies y erguido como nosotros. A pesar de escuchar ruidos extraños que se acercan a ellos, deciden seguir su camino como lo dictan este tipo de guiones. El objetivo final es llegar a la cabaña del tío de uno de los protagonistas, pero lamentablemente el camino se encuentra bloqueado por un gran tronco que no deja pasar la camioneta. Van a pie y encuentran un lugar en ruinas, lleno de hojas y completamente abandonado en el que se disponen a pasar la noche de la mejor forma posible. Los aullidos y gritos siguen escuchándose a lo lejos, dando a entender que están siendo observados por una criatura que no se detendrá hasta obtener lo que busca. 


La referencia a Evil Dead (1981) es demasiado obvia, aunque el director es lo suficientemente sutil como para dejar todo lo relacionado con el diablo y las posesiones de lado. El juego de sombras y de sonidos para crear tensión sin exhibir al monstruo es óptimo a pesar de caer en la habitual sucesión de clichés. Las distorsiones en la pantalla no podían quedar afuera de esta fiesta, siendo el peor de los elementos del Found Footage, cabeza a cabeza con la cámara temblorosa y la respiración fuerte. La inclusión de la Go-Pro en sus salidas a andar en bicicleta por los bosques es novedosa, aunque muchos de ustedes ya habrán visto algo parecido en la fenomenal V/H/S 2 (2013), más precisamente en el corto donde se narra el comienzo del apocalipsis zombie en un POV maravilloso con una Go-Pro - solo se filmó con esta cámara- y un ciclista infectado. Claro, ese segmento está dirigido por...Eduardo Sánchez


El guión de Exists no es para nada original y mucho menos lo son sus personajes. Estamos ante el habitual: "no creíamos que existiese y vinimos a mostrar que somos machos, pero al final había un monstruo y estamos todos muertos". El esquema se desarrolla gradualmente y sin demasiadas sorpresas, aunque es destacable que el ritmo no sea frenético y se intente construir una historia sin saltear etapas. Piegrande está muy bien construido y funciona muy bien cuando aparece de noche, pues de día se desdibuja un poco más allá de estar muy bien construido digitalmente. 


Lo positivo de Exists es que la historia no se agota en el descubrimiento del horror sino que hace base en ello. El filme termina siendo uno de supervivencia más que de terror, con el protagonismo exclusivo de un monstruo que está dispuesto a asediarlos hasta matarlos a todos. Desde este momento en adelante, la historia repunta y logra salir del lugar común sobre el que se instituye. Las actuaciones son buenas, cada cual cumple con un rol básico que es hacer de sí mismos y la dirección de Sánchez es un millón de veces mejor que la de la masa de imitadores que hay allí afuera en la jungla de Hollywood. Exists es un buen producto que no tiene muchas luces al principio pero termina mostrando sus virtudes de la mitad hasta la muy buena escena final. Con clichés y todo, logra llegar a la meta sin perder demasiado en el camino. 



Puntaje: 5/10

viernes, 1 de mayo de 2015

Kill Me Three Times


Siempre me intrigaron los filmes en los que sus protagonistas principales se encuentran muy lejos de su zona de confort. Por eso es que me gusta mucho la particular The Number 23 (2007), que nos muestra a un Jim Carrey en el rol más oscuro y perturbador de toda su carrera (sí y estoy sacando de la lista a Irene, Yo y Mi Otro Yo eh). En Kill Me Three Times, dirigida por Kriv Stenders, nos encontramos con el fenomenal Simon Pegg en un rol bastante más lúgubre de los que nos tiene habituados. Que el rey de la comedia británica haya cambiado de ecosistema al menos por un rato, es noticia suficiente como para prestarle atención a este filme.

La historia comienza con Charlie Wolfe (Simon Pegg) narrando su inminente muerte tras, en apariencia, haber recibido un balazo en una lujosa mansión con frente hacia el mar. Nos anuncia tres muertes y con un flashback las primeras piezas del rompecabezas comienzan a encontrar su lugar. Nos enteramos que Wolfe es un solucionador de todo tipo de problemas, pues se encuentra en plena persecución en unas dunas. Antes de liquidar a su víctima y culminar con su trabajo, recibe un llamado al que responde con un: "estaré allí en una hora". Su viaje continuará con nuevos flashbacks y flashforwards que lo cruzarán con diversos personajes, entre ellos un dentista y su ambiciosa secretaria, un marido violento y alcohólico que sabe que su mujer lo está por abandonar, un amante dispuesto a hacer lo que sea por su enamorada, un policía que trabaja como recolector de la mafia local...todos ellos piezas centrales de un rompecabezas que comenzará a ser armado en el momento en el que nuestro trabajador sicario entra en acción.


Kill Me Three Times es un intenso filme noir con un guión que tiene todos los elementos del Guy Ritchie más clásico y un ritmo más bien sacado de una película de Quentin Tarantino. La combinación es sin dudas interesante y entretenida, pero una vez que supera las primeras escenas - donde reina la confusión por los cambiantes marcos narrativos- se termina convirtiendo en un producto demasiado previsible, pues no agrega nada nuevo a algo que ya conocemos de memoria (y que preferimos verlo de la mano de los dos directores mencionados). El choque accidental entre dos personas o grupos que poseen el mismo objetivo y que sin saberlo se allanan el camino mutuamente para conseguirlo es una fórmula eficaz pero tan explotada ya, que en mayoría de casos es un cliché absoluto.


Pero hay cosas positivas en Kill Me Three Times, como el giro que la historia da en la tercera de las muertes. Ingenioso, lo mejor dentro de un guión bastante chato que, como ya dijimos, se basa en la conexión de todos los personajes con dos o tres elementos centrales que hacen al todo como si fuese una gran telaraña. La tragedia y la sangre signan el camino del protagonista, aunque la pantalla no se tiñe de rojo comparativamente con como es preanunciado en las escenas iniciales.


Simon Pegg sale ileso de este experimento, luciéndose en un rol inesperado e intransitado por él. Humor negro y mucha maldad que logran generar una buena conexión con el espectador y hasta simpatía pues en un mar de personajes que son uno más chanta que el otro, al menos él intenta cumplir con su trabajo de manera - relativamente- limpia.


El cierre es muy bueno y logra sacar un poco el elemento previsible del medio. Esto sumado a la performance de Simon Pegg y a la dinámica que de a ratos el director le logra inyectar a la trama, consiguen salvar a Kill Me Three Times de un aplazo cantado. Las demás actuaciones - sobre todo las de Teresa Palmer y Alice Braga- son buenas y no se puede decir mucho en contra de los aspectos técnicos del trabajo detrás de cámaras, pero no por esto Kill Me Three Times deja de ser un filme calcado de cualquiera que esté dentro de la filmografía de Guy Ritchie.



Puntaje: 6/10

jueves, 23 de abril de 2015

Taken 3

Comencemos esta crítica con un pedido: es hora de que Liam Neeson deje de repetir el mismo personaje, o por lo menos no más de una vez por temporada. Desde la primera película de esta trilogía allá por el año 2008, hemos visto como este talentoso actor irlandés ha interpretado mayoritariamente roles que lo tenían como héroe de acción. Dentro de esta larga lista les recomiendo la magistral Unknown (2011) y sin dudas la ya mencionada Taken (2008) que fue el filme que lo relanzó en una industria que de a poco comenzaba a darle la espalda. Nobleza obliga, es innegable que esta particular combinación entre John McClane y Ethan Hunt que encarna el bueno de Neeson genera simpatía, entretiene y logra mantener a la audiencia enganchada hasta el final. Pero ya haberlo tenido solamente esta temporada en dos roles prácticamente iguales, terminó por ser la gota que rebasó el vaso. El mismo actor sostuvo en una entrevista durante la gira promocional de Taken 3 que por unos años iba a elegir otro tipo de rol con el fin de no cansar a los espectadores, más allá de que los números siguen siendo redondos.

Ahora hablemos de Taken 3, filme que parece cerrar de una buena vez una saga que se estaba convirtiendo en una parodia de sí misma, aunque no por ello se puede afirmar que es aburrida. Si hay algo de lo que no carece la película es de dinámica y muy buena acción, de esa que nos retrotrae a los años dorados del género en la que los efectos especiales eran apenas una excepción y/o acompañamiento y no la norma. Aquí nos encontramos de nuevo con la dirección de Olivier Megaton y el guión de Luc Besson, en una nueva aventura del sufriente pero duro Agente Bryan Mills (Liam Neeson). Tras primero haber rescatado a su hija adolescente de una red de trata en Europa Oriental y luego haber salvado a su mujer que casi muere asesinada en venganza por el desbaratamiento de aquella mafia europea, ahora Bryan tiene problemas un poco más terrenales. Leonore (Famke Janssen), que ahora es su ex esposa, no está muy conforme con su matrimonio y se la pasa coqueteando con él sin parar. Como si esto fuera poco, su eterna princesa Kim (Maggie Grace) está embarazada de un novio más bien particular y por el momento esconde su situación por lógico miedo a que todo estalle por los aires.


Tras una extraña visita nocturna de Stuart (Dougray Scott), el nuevo marido de Leonore, recibe al otro día un mensaje de ella diciéndole que quiere verlo de manera urgente en su departamento. Llega con café y bagels recién horneados y se encuentra con ella muerta en su propia cama. Al instante llega la policía que lo detiene parcialmente pero él logra a las patadas escaparse para iniciar la tradicional huida por los suburbios de Los Ángeles - sí, con saltos a los alambrados incluidos-. Aparece en escena el Detective Franck Dotzler (Forest Whitaker) que si bien no está demasiado convencido de la culpabilidad del nuevo prófugo, tampoco está con muchas ganas de incumplir con sus ordenes y lo que él cree es su deber. Bryan comienza así un camino a contrareloj para mantener a salvo a su hija, confundir a la policía, atar todos los cabos y dar con el responsable del asesinato de Leonore.


La tensión del filme está muy bien llevada de la mano de un director que, como buen discípulo de Luc Besson, sabe como crear buenas escenas de acción pura y dura. Liam Neeson y Forest Whitaker cargan con la historia sobre sus anchas espaldas sin mayores problemas, con una química ideal que convierte el trabajo en un mero trámite. El duelo entre gato y ratón que ambos llevan adelante es el centro de la trama, con pequeños bocados de sangre, fuego y trompada limpia cada tanto. Hay un exceso de momentos lacrimógenos que hace que Taken 3 pierda de a ratos su intensidad, pero todo el camino del héroe hacia su objetivo final es el mismo que en las dos antecesoras.


El guión no es para nada complejo, más bien todo lo contrario. Besson combina muy buena acción con el muy buen trabajo de dos actores con mucho oficio que no trabajan de taquito, por lo que levantan bastante lo que, caso contrario, sería otro filme basura sobre temas como la mafia, la policía corrupta, etc. El trabajo de Liam Neeson es digno de ser remarcado una vez más, ya que irradia simpatía por los poros y al mismo tiempo logra dar con la dureza necesaria para su personaje. Sus frases duras, terminantes, su tono ronco y esa mirada de nulos amigos arman un coctail explosivo con el que mejor no meterse. Lo que no queda bien es que hayan estirado sus acciones al límite total, alcanzando ya el delirio de todas las Misión Imposible y del nuevo James Bond.


Olivier Megaton pone ante nosotros todos los clichés y trucos baratos de edición que pertenecen al género. Taken 3 es entonces un filme chato por donde se lo mire pero que es efectiva si se consideran sus objetivos. El giro del final no es ninguna maravilla, pero al menos saca a la historia de la monotonía habitual y da pie a los fuegos artificiales con los que cierra la función ¿Entretiene? Sí ¿Es buen cine? Claro que sí, aunque eso depende de los gustos de cada uno. Taken 3 peca por repetirse una vez más, dejando en claro que ni el maquillaje puede sostenerla ya en el tiempo. Y una de las razones para demostrar esto es el que hasta Liam Neeson mismo esté harto de jugar este mismo rol ¿La paradoja? Que es justamente su presencia la que termina por darle el aprobado al filme.




Puntaje: 6.5/10

viernes, 17 de abril de 2015

Cub


El cine belga sigue demostrando además de vigencia, una notable vitalidad a la hora de renovar géneros en los que no parece haber muchas más cosas para inventar. Jonas Govaerts es el director de este interesante filme titulado Cub que explora un camino no demasiado transitado: el del terror para niños. No me refiero solamente a que sean jóvenes de menos de 12 años quienes protagonizan la película sino a que más allá de su componente gore, apunta a un público no tan grande en lo que a edad se refiere. Claro que todos pueden disfrutarlo, pero tengo la sensación de que es un producto más bien pensado para asustar a un determinado target y no a todos los espectadores que tengan la posibilidad de verlo. 

La trama no posee demasiada complejidad: un grupo de Boy Scouts que responde al nombre del filme, va a pasar un fin de semana de campamento a un territorio en el medio del bosque. Los dos líderes, Peter (Stef Aerts) y Chris (Titus De Voogdt), se la pasan todo el camino hablándoles del misterioso y terrorífico "Kai" que según cuenta la leyenda es una bestia poderosa que se esconde en lo salvaje. Para agregarle un poco de pimienta al asunto y tener a los chicos entretenidos, les avisan que muchos testigos avistaron a esta criatura justo en las inmediaciones del lugar al que se están dirigiendo tan inocentemente. La relevancia que le dan es nula pero uno de los chicos, Sam (Maurice Luijten), se lo toma bastante en serio al punto de que desde la camioneta que los transporta cree ver algo moviéndose entre los árboles.


En una parada, Peter entra en conflicto con dos muchachos que están jugando con un auto en el terreno donde en teoría debían acampar los Boy Scouts. Se terminan yendo tras un par de trompadas y no escuchan la advertencia desesperada de uno de estos, pidiéndoles que se mantengan alejados del peligro. Una vez que se asientan en el lugar, Sam se encuentra cavando un gran pozo a metros del campamento. Siente una presencia detrás suyo y sale corriendo hacia donde están sus compañeros, avisando que el "Kai" está cerca. Lo que recibe son golpes y burlas de parte de la mayoría así como también de Peter, que parece tener un ensañamiento particular con el chico. Este escenario es habitual para Sam, huérfano y rescatado por Chris del orfanato hace ya varios años.


Cuando cree que todo es producto de su imaginación, se encuentra con una enorme guarida construida con ramas, que cuelga de un enorme árbol. Antes de poder siquiera inspeccionarla, el supervisor del grupo lo lleva de las narices de vuelta hacia las carpas. No pasará mucho tiempo para que Sam se de cuenta que la historia del "Kai" no es ningún chiste y que tal vez sea necesario empezar a dormir con un ojo abierto y su navaja en la mano.


Cub es una película interesante, no tanto por la trama sino más bien por la manera en que lo real y lo imaginario no poseen una frontera tan claramente demarcada. El director de a ratos nos confirma que todo es parte de la realidad, pero aún así logra confundirnos pues todo es demasiado extraño. El terror es construido de una forma progresiva y sin abusar del susto fácil, aunque la primera parte es demasiado extensa y no posee ningún tipo de acción más que verlo a Sam ser sometido al bullying más básico posible.


Los interrogantes que se van generando son respondidos con buen timing, por lo que el interés en la historia jamás se pierde. Si bien la naturaleza de la amenaza es revelada antes de la mitad de la película, esto termina siendo tan solo una ínfima parte del peligro que se cierne sobre estos Boy Scouts. Sorprende que dentro de esta temática haya tanta violencia y sangre en estado puro, crudeza total, sin importar que sea un filme protagonizado por niños. La crítica político-social - algo que nunca falta y que muchas veces sobra- está en los pliegues del guión y sirve como justificación para el particular juego macabro que se desarrolla en ese bosque europeo.


Cub funciona como un raro espécimen que se mueve entre el gore y el slasher - a sabiendas de lo borrosa que es la frontera entre estos dos géneros, imaginen- y que posee influencias variadas. Desde Friday The 13th (1980) hasta Joy Ride (2001) nos podemos encontrar con filmes de los que Cub supo extraer algunas buenas herramientas. El cierre de la historia es buena, no deja cabos sueltos y resuelve el intrigante flashback que da inicio al filme con sobriedad, lo cual en estos tiempos no es poca cosa.


Cub posee un guión simple pero no por ello tonto y una dirección óptima. Las dosis de gore son perfectas y la atmósfera es creada de manera progresiva sin saltar ningún paso. El salto del espectador es buscado en algunas ocasiones, pero no en abundancia y las actuaciones son más que razonables. Los clichés dan el presente pero el Govaerts se encargó de reducirlos al mínimo posible y/o de darles una vuelta original. Cub logra aprobar porque dentro de un ámbito en el cual la repetición es ley, al menos busca ser una bocanada de aire fresco. Hay detalles, claro ¿Pero que es la vida sin esos detalles?



Puntaje: 6.5/10