lunes, 8 de junio de 2015

It Follows


David Robert Mitchell es el director y escritor de esta nueva perla del Indie, aclamada en todo el mundo como la tan necesitada renovación del género de terror. It Follows ha recibido elogios en todos los festivales en los que fue exhibida y la crítica posterior se ha encargado de colocarle el sello de "Filme Obligatorio" para este 2015. Hace unas semanas en este blog dijimos que The Babadook (2015) era por unanimidad la mejor película de terror del año, y sinceramente debo decir que nunca consideré siquiera la posibilidad de que It Follows pudiese superarla en ningún aspecto. Si bien son dos filmes muy diferentes en lo narrativo y lo técnico, me sorprendí al encontrarme con una película bastante superior en casi todos los aspectos. Muy posiblemente esto sea tan solo una cuestión de gusto personal de quien les escribe, pero vayamos al análisis para justificar esta afirmación.


It Follows comienza con un amanecer en un suburbio tradicional en Michigan, Estados Unidos. Una muchacha sale corriendo, vestida tal cual llegó a su casa luego de una salida nocturna, escapando de algo o alguien que nosotros no llegamos a visualizar como espectadores. Su padre y sus vecinos le preguntan varias veces si está bien y ella atina a decir que sí, pero sin jamás dejar de mirar hacia atrás y seguir corriendo de esta supuesta amenaza invisible. Se sube a su auto y maneja hasta una playa bastante alejada de la tranquilidad suburbana. Procede a llamar, envuelta en lagrimas, a su papá y a su pareja para decirles que los ama mucho. Acto seguido, lo que imaginamos: aparece muerta, brutalmente asesinada siendo la palabra "descuartizada" bastante inadecuada para describir la forma en la que encuentran su cadáver.



Sin ninguna explicación más que un corte abrupto, la historia vira hacia Jay (Maika Monroe), una adolescente que se está preparando para una cita con un novio. Todo anda de maravillas hasta que en el cine, su acompañante comienza a ponerse nervioso y a señalar a personas que Jay no puede ver. Se retiran del lugar y todo parece quedar en el olvido, ya que arreglan para salir nuevamente al otro día. Luego de un momento de pasión en el asiento trasero del auto, el tipo se trastorna y la duerme con cloroformo. Sin entender nada, Jay despierta en un edificio abandonado, atada de pies y manos a una silla de ruedas. El joven en cuestión le explica que en el momento en el que tuvieron sexo, él le pasó algo extraño que lo viene persiguiendo y acechando hace mucho tiempo. Una especie de entidad maléfica que nadie más que ella puede ver y que asume cualquier forma humana ¿El problema? Que hará todo lo posible por llegar hacia ella y asesinarla de la manera más brutal posible.

Comencemos por los aspectos técnicos y narrativos de It Follows, que son más bien interesantes pues están sacados directamente del manual de John Carpenter. Tenemos los travellings y las panorámicas lentas, la cámara subjetiva que acecha a las protagonistas femeninas e insinúa una amenaza - para luego retirarse y abrir el plano y tornarlo inofensivo o concretar esa peligrosidad- y la banda sonora con predominio de graves que nos recuerdan por sobre todas las cosas a esa obra maestra titulada Halloween (1978). La conexión con este filme es más que evidente, hasta para quien apenas si lo vió por arriba alguna vez en su vida. Otros elementos presentes y muy bien utilizados son el desenfoque y esa combinación siempre atractiva entre el plano subjetivo tembloroso y el plano medio. No debería sorprender, en esta misma clave, la presencia del travelling lento desde el auto con paseo por esa Norteamérica destruida y desesperada que nunca vemos en nuestros viajes y/o en las fotos. La mirada a cámara que traspasa la pantalla y el desenfoque son también dos elementos clave en lo narrativo, ayudando a generar una profunda sensación de persecución y pánico.


Los paisajes están filmados con excelencia y los planos abiertos siguen el mismo patrón. Estamos ante una crudeza extrema de la imagen, en lo que refiere a la calidad visual. Tal cual el Halloween y en filmes más recientes como Palo Alto (2013) - para más referencias busquen cualquiera de Gus Van Sant o Harmony Korine-, esta elección es la ideal para retratar el suburbio. El espíritu de It Follows es hermosamente ochentoso por donde se lo mire, siendo primero que todo un homenaje al cine de John Carpenter, algo que para quienes gustan del género - o del buen cine en general- será como mínimo muy emotivo. El terror es construido de manera progresiva. La imagen y la banda sonora son utilizadas con mucha inteligencia, en especial cuando se las hace más lentas para facilitar un susto menos sorpresivo pero mucho más profundo en cada uno de los momentos más importantes. La trama es interesante, muy atrapante y los suficientemente intrigante como para evitar que el espectador se distraiga por un segundo siquiera. Flota en el aire la sensación de que si uno mira al costado, puede estar perdiéndose de un detalle central para el desarrollo de la historia.



Todos los jóvenes actores se llevan las palmas, en especial la intrigante Maika Monroe de la que seguramente escucharemos mucho más con el correr de los años. Ella sola lleva adelante una historia complicada, pues hablamos de una lucha contra un enemigo invisible - y en apariencia invencible- en la que estará sola hasta que pueda convencer a sus mejores amigos de que no está loca y que su vida corre peligro.


It Follows tiene un cierre impecable, previsiblemente clásico en el mejor de los sentidos. Oscilando entre dejar la puerta abierta para una secuela dejando varios cabos sueltos - como por ejemplo, la explicación del origen de esta entidad malvada- y darle una muy buena conclusión al mejor filme de terror de los últimos años. Hace varias semanas que se habla de una secuela y es imposible no emocionarse con ese prospecto. Sin dudas que será una labor compleja, pues no siempre las segundas partes son una buena idea (y más si la primera puso la vara demasiado alta) pero bien vale la pena intentarlo. El cine Indie nos sigue sorprendiendo - buen en realidad, confirmando lo que ya sabemos de él- y demostrando que muchas veces no se trata de presupuesto ni de campañas publicitarias gigantes, sino de corazón, trabajo e inteligencia. Desde este blog, chocamos nuestras copas por estos directores y estas producciones.



Puntaje: 9/10



miércoles, 20 de mayo de 2015

Kingsman: The Secret Service

Cualquier cosa que involucre por separado a Mark Millar y a Dave Gibbons siempre será de una calidad y una intensidad difíciles de superar. Teniendo en cuenta esto, el hecho de que hace 3 años se hayan juntado para crear una novela gráfica es una de las mejores cosas que le pasó a la literatura en general y al universo de los cómics en particular. Esta satírica, violenta e inteligente reinvención del género de espionaje tuvo por fin este año su adaptación a la pantalla grande. Matthew Vaughn ya había escrito el guión y dirigido Kick-Ass (2010), otro filme basado en una historieta de Mark Millar que tuvo mucho éxito y resultó ser uno de los mejores pasajes del cómic al cine que se hayan visto después de Sin City (2005). Este director británico, productor de Lock, Stock & Two Smoking Barrels (1998) y Snatch (2000) - los dos primeros grandes pasos de su amigo Guy Ritchie - y responsable del resurgimiento de la saga X-Men, tendrá que colgar en su pared un nuevo trofeo. Lo que hizo en Kingsman: The Secret Service es superador de su trabajo en Kick-Ass y ha puesto (una vez más) muy alta la vara en lo que respecta a adaptaciones cinematográficas.    

El film abre en algún lugar de Medio Oriente, con helicópteros británicos entrando a los tiros al ritmo de Dire Straits. Estamos en 1997 y una operación secreta está siendo llevada adelante por un grupo de soldados de élite. Cuando todo parece encaminado, el líder falla en la lectura de una situación y no se da cuenta que el prisionero que han tomado está a punto de detonarse. Uno de los soldados se abalanza sobre él y les salva la vida a todo cubriendo la explosión de corto alcance. Harry Hart (Colin Firth) queda completamente sentido por la pérdida y se dirige a la casa del difunto compañero para consolar a su mujer y a su pequeño hijo. Tras ofrecer apoyo económico y para cualquier otra cosa por el resto de sus vidas, Harry le deja al niño una medalla de honor y valentía que su difunto padre se ganó en combate.


17 años más tarde, el Agente Lancelot (Jack Davenport) es asesinado mientras intenta rescatar al Profesor James Arnold (Mark Hamill), secuestrado por un misterioso personaje en la Argentina - Bariloche, para ser más precisos-. En ese instante, dos hechos colisionan entre sí: primero, el proceso de selección de un nuevo agente para la organización secreta Kinsgman y, segundo, una amenaza eugenésica comienza a surgir de la mano del malvado, mesiánico y seriamente trastornado Valentine (Samuel L. Jackson) y un invento tecnológico bastante ingenioso como para que su plan pueda ser llevado adelante con el beneplácito inconsciente de toda la población mundial.


Una vez realizada esta introducción, la mirada se dirige hacia Gary "Eggsy" Unwin (Taron Egerton), quien todavía lleva colgada en su cuello la medalla de honor que Harry le dió cuando apenas sí podía caminar. Su vida transcurre en los grises suburbios londinenses, una lucha por sobrevivir día a día sin demasiada perspectiva de futuro por encima de algún golpe de suerte. Su caso es especial, no solo por el pasado de su padre, sino por su extremadamente alto IQ, sus excelentes notas en la escuela primaria y unas capacidades físicas que lo colocaron hace no muy poco tiempo como posible atleta olímpico. Un incidente hace que termine en la cárcel y mientras está siendo interrogado, llama al número que se encuentra detrás de la medalla. Harry lo saca de allí con apenas un par de indicaciones por teléfono, dando comienzo a su duro recorrido para poder llegar a ser parte de Kingsman y salvar el mundo.


Kingsman: The Secret Service es un ejemplo de como se debe trasladar un cómic a la gran pantalla. Hay muy pocas cosas agregadas por Vaughn al estilo, ritmo y trama del filme, que transpira a cada segundo la esencia que Gibbons y Millar le dieron cuando escribieron y dibujaron esta historia. La sensibilidad no está admitida, pues hay sangre a chorros y violencia pura y explícita. Los diálogos están llenos de humor y picardía y la historia en sí misma es un canto a la incorrección política. Otros elementos también entran en juego, como el choque de clases, lo político, un nivel de adrenalina muy difícil de igualar, malos tan caricaturescos y poderosos como humanos - y por ello frágiles y destructibles- y héroes sin poder alguno más que el corazón, la buena voluntad y el músculo (que nunca viene mal).


La ejecución es perfecta en lo que respecta a lo técnico y detrás de la trama se esconde una clara parodia a los filmes de oro del género de espionaje. La dirección de Matthew Vaughn es impecable y la edición de cada una de las tantas peleas es digna de aplauso: logra imprimirle a cada una un ritmo bastante difícil de seguir por el ojo humano y no abusa en absoluto de los efectos especiales ni de esa digitalización estilo Matrix que termina por deshumanizar a los personajes. A todo esto hay que sumarle la parte del sonido, que es un complemento más que perfecto para todo esto que acabo de explicar. La escena de la iglesia, con un Colin Firth como nunca lo han visto ni lo verán jamás, es simplemente una de las mejores y más intensas que vi en mi vida al punto de que todos los POV (Point Of View) son muy fluidos y creíbles.


Kingsman: The Secret Service es una hermosa y delirante combinación entre James Bond y Misión Imposible. Un homenaje en forma de parodia y renovación de un género al mismo tiempo, uno que hace décadas se encuentra buscando algún nuevo nombre que reemplace a John Le Carré y a Robert Ludlum. El mensaje político-social es bastante claro y llega en forma de una crítica a la "tecnologización" de la sociedad global y de como esta dependencia nos hace blancos móviles de cualquier loco con un poco de ingenio y carisma. Nada demasiado alejado de lo que vemos, leemos y vivimos a diario hace varias décadas.


Colin Firth y Samuel L. Jackson llevan adelante un duelo fenomenal y cargan con el filme sobre sus anchas espaldas con mucho oficio. El primero es un gentleman de la vieja escuela, un agente de élite que considera que los buenos modales y la inteligencia lo son todo y definen a una persona. Además de todos estos atributos, también porta un coraje y un espíritu más grandes que el universo mínimo. El segundo compone a uno de los mejores malvados de la década, un genio macabro con un sentido del humor y un seseo demasiado particulares, que de a ratos genera simpatía porque aparenta ser un idiota. Su plan para conquistar el mundo y comenzar todo de nuevo es tan loco como posible, por lo que inevitablemente deja a cualquiera pensando sobre que pasaría sí...


Taron Egerton se pone en la piel de un muchacho que ha sido golpeado por la vida más de un millón de veces, pero que bajo la tutela de su nuevo mentor saca lo mejor de sí y logra demostrarse que es material más que digno para ingresar a ese club privilegiado que es Kingsman. En su primer protagónico dentro del mainstream, realiza un gran trabajo físico, le agrega una buena dosis de humor bien seco - muy de clase media baja británica- y un rostro perfecto pues exhibe una vida en la que nadie le dio siquiera la oportunidad de probar su valía. Claro que su performance se produce dentro de un esquema un poco más relajado que lo habitual, debido a las dos leyendas que sostienen la estructura del filme y lo liberan de toda presión.


Un breve párrafo dedicado a Mark Strong y a Michael Caine, que acompañan muy bien a los protagonistas principales y sobre el final ganan relevancia dentro de la trama. Óptimo trabajo de dos muy buenos actores - uno de ellos ya en el panteón de las leyendas vivientes- que se prueban ideales para sus respectivos papeles.


Kingsman: The Secret Service entrega épica pura en cada una de sus escenas. No para por un segundo, en un show de frenetismo e intensidad apoyado en una excelente labor detrás de cámaras y un guión adaptado que no teme a la hora de generar polémicas e indignación. La dinámica y la brutalidad de la novela gráfica aparecen ante nuestros ojos y - mucho más relevante- se materializa la esencia del trabajo de la dupla Millar/Gibbons: una cruza única entre la vieja y la nueva escuela. El cierre nos regala un apocalípsis y un héroe perfectos, del cual muchos se quejaron por su supuesta inocencia. Para quien les escribe, es el broche perfecto para dos horas de acción en continuado, dos horas que sin lugar a dudas son lo mejor que le puede pasar a una persona en este 2015. Imposible no salir repitiendo la frase: "Manners maketh man"...Y no estar completamente convencido de que eso es cierto.



Puntaje: 10+/10

jueves, 7 de mayo de 2015

Exists


Exists es otro filme dentro del género Found Footage. Sí, otro más señoras y señores. Pero llama la atención al punto de haber conseguido pantalla en los cines locales ¿Por qué? No es por su trama innovadora ni sus personajes profundos ni la reducción al mínimo de los clichés del género. La razón reside en que su director Eduardo Sánchez fue el segundo en la dupla que creó esa gema que es The Blair Witch Project (1999). Para quienes no lo saben, esta excelente película fue la que dió puntapié al género mencionado en la primera línea, uno que lamentablemente hoy por hoy se encuentra en un estado de putrefacción absoluta. Veamos si el trabajo de Sánchez logró salir de la media y proponer algo al menos similar a lo que dirigió hace unos largos 15 años.

El monstruo de ocasión en Exists es nuestro amigo Bigfoot o Piegrande, una criatura que es parte de las leyendas norteamericanas y al que muchos dicen al día de hoy - pleno siglo XXI y no es joda- habérselo cruzado en expediciones a lo salvaje. La historia inicia con la clásica sucesión de imágenes de un grupo de amigos compuesto por varones y mujeres que viajan por las largas y aburridas rutas de los Estados Unidos. Lo que debemos agradecer es que no siga el formato documental que sí se puede apreciar en la reciente The Frankenstein Theory (2013) de la que, en la concepción, parece un calco. 


La acción comienza cuando en medio de la noche, chocan contra algo muy grande y pesado que deja sangre en el paragolpes. Uno de ellos, el bobo que siempre registra todo con la cámara, logra captar una sombra que parece cualquier cosa menos humana pero que camina en dos pies y erguido como nosotros. A pesar de escuchar ruidos extraños que se acercan a ellos, deciden seguir su camino como lo dictan este tipo de guiones. El objetivo final es llegar a la cabaña del tío de uno de los protagonistas, pero lamentablemente el camino se encuentra bloqueado por un gran tronco que no deja pasar la camioneta. Van a pie y encuentran un lugar en ruinas, lleno de hojas y completamente abandonado en el que se disponen a pasar la noche de la mejor forma posible. Los aullidos y gritos siguen escuchándose a lo lejos, dando a entender que están siendo observados por una criatura que no se detendrá hasta obtener lo que busca. 


La referencia a Evil Dead (1981) es demasiado obvia, aunque el director es lo suficientemente sutil como para dejar todo lo relacionado con el diablo y las posesiones de lado. El juego de sombras y de sonidos para crear tensión sin exhibir al monstruo es óptimo a pesar de caer en la habitual sucesión de clichés. Las distorsiones en la pantalla no podían quedar afuera de esta fiesta, siendo el peor de los elementos del Found Footage, cabeza a cabeza con la cámara temblorosa y la respiración fuerte. La inclusión de la Go-Pro en sus salidas a andar en bicicleta por los bosques es novedosa, aunque muchos de ustedes ya habrán visto algo parecido en la fenomenal V/H/S 2 (2013), más precisamente en el corto donde se narra el comienzo del apocalipsis zombie en un POV maravilloso con una Go-Pro - solo se filmó con esta cámara- y un ciclista infectado. Claro, ese segmento está dirigido por...Eduardo Sánchez


El guión de Exists no es para nada original y mucho menos lo son sus personajes. Estamos ante el habitual: "no creíamos que existiese y vinimos a mostrar que somos machos, pero al final había un monstruo y estamos todos muertos". El esquema se desarrolla gradualmente y sin demasiadas sorpresas, aunque es destacable que el ritmo no sea frenético y se intente construir una historia sin saltear etapas. Piegrande está muy bien construido y funciona muy bien cuando aparece de noche, pues de día se desdibuja un poco más allá de estar muy bien construido digitalmente. 


Lo positivo de Exists es que la historia no se agota en el descubrimiento del horror sino que hace base en ello. El filme termina siendo uno de supervivencia más que de terror, con el protagonismo exclusivo de un monstruo que está dispuesto a asediarlos hasta matarlos a todos. Desde este momento en adelante, la historia repunta y logra salir del lugar común sobre el que se instituye. Las actuaciones son buenas, cada cual cumple con un rol básico que es hacer de sí mismos y la dirección de Sánchez es un millón de veces mejor que la de la masa de imitadores que hay allí afuera en la jungla de Hollywood. Exists es un buen producto que no tiene muchas luces al principio pero termina mostrando sus virtudes de la mitad hasta la muy buena escena final. Con clichés y todo, logra llegar a la meta sin perder demasiado en el camino. 



Puntaje: 5/10

viernes, 1 de mayo de 2015

Kill Me Three Times


Siempre me intrigaron los filmes en los que sus protagonistas principales se encuentran muy lejos de su zona de confort. Por eso es que me gusta mucho la particular The Number 23 (2007), que nos muestra a un Jim Carrey en el rol más oscuro y perturbador de toda su carrera (sí y estoy sacando de la lista a Irene, Yo y Mi Otro Yo eh). En Kill Me Three Times, dirigida por Kriv Stenders, nos encontramos con el fenomenal Simon Pegg en un rol bastante más lúgubre de los que nos tiene habituados. Que el rey de la comedia británica haya cambiado de ecosistema al menos por un rato, es noticia suficiente como para prestarle atención a este filme.

La historia comienza con Charlie Wolfe (Simon Pegg) narrando su inminente muerte tras, en apariencia, haber recibido un balazo en una lujosa mansión con frente hacia el mar. Nos anuncia tres muertes y con un flashback las primeras piezas del rompecabezas comienzan a encontrar su lugar. Nos enteramos que Wolfe es un solucionador de todo tipo de problemas, pues se encuentra en plena persecución en unas dunas. Antes de liquidar a su víctima y culminar con su trabajo, recibe un llamado al que responde con un: "estaré allí en una hora". Su viaje continuará con nuevos flashbacks y flashforwards que lo cruzarán con diversos personajes, entre ellos un dentista y su ambiciosa secretaria, un marido violento y alcohólico que sabe que su mujer lo está por abandonar, un amante dispuesto a hacer lo que sea por su enamorada, un policía que trabaja como recolector de la mafia local...todos ellos piezas centrales de un rompecabezas que comenzará a ser armado en el momento en el que nuestro trabajador sicario entra en acción.


Kill Me Three Times es un intenso filme noir con un guión que tiene todos los elementos del Guy Ritchie más clásico y un ritmo más bien sacado de una película de Quentin Tarantino. La combinación es sin dudas interesante y entretenida, pero una vez que supera las primeras escenas - donde reina la confusión por los cambiantes marcos narrativos- se termina convirtiendo en un producto demasiado previsible, pues no agrega nada nuevo a algo que ya conocemos de memoria (y que preferimos verlo de la mano de los dos directores mencionados). El choque accidental entre dos personas o grupos que poseen el mismo objetivo y que sin saberlo se allanan el camino mutuamente para conseguirlo es una fórmula eficaz pero tan explotada ya, que en mayoría de casos es un cliché absoluto.


Pero hay cosas positivas en Kill Me Three Times, como el giro que la historia da en la tercera de las muertes. Ingenioso, lo mejor dentro de un guión bastante chato que, como ya dijimos, se basa en la conexión de todos los personajes con dos o tres elementos centrales que hacen al todo como si fuese una gran telaraña. La tragedia y la sangre signan el camino del protagonista, aunque la pantalla no se tiñe de rojo comparativamente con como es preanunciado en las escenas iniciales.


Simon Pegg sale ileso de este experimento, luciéndose en un rol inesperado e intransitado por él. Humor negro y mucha maldad que logran generar una buena conexión con el espectador y hasta simpatía pues en un mar de personajes que son uno más chanta que el otro, al menos él intenta cumplir con su trabajo de manera - relativamente- limpia.


El cierre es muy bueno y logra sacar un poco el elemento previsible del medio. Esto sumado a la performance de Simon Pegg y a la dinámica que de a ratos el director le logra inyectar a la trama, consiguen salvar a Kill Me Three Times de un aplazo cantado. Las demás actuaciones - sobre todo las de Teresa Palmer y Alice Braga- son buenas y no se puede decir mucho en contra de los aspectos técnicos del trabajo detrás de cámaras, pero no por esto Kill Me Three Times deja de ser un filme calcado de cualquiera que esté dentro de la filmografía de Guy Ritchie.



Puntaje: 6/10

jueves, 23 de abril de 2015

Taken 3

Comencemos esta crítica con un pedido: es hora de que Liam Neeson deje de repetir el mismo personaje, o por lo menos no más de una vez por temporada. Desde la primera película de esta trilogía allá por el año 2008, hemos visto como este talentoso actor irlandés ha interpretado mayoritariamente roles que lo tenían como héroe de acción. Dentro de esta larga lista les recomiendo la magistral Unknown (2011) y sin dudas la ya mencionada Taken (2008) que fue el filme que lo relanzó en una industria que de a poco comenzaba a darle la espalda. Nobleza obliga, es innegable que esta particular combinación entre John McClane y Ethan Hunt que encarna el bueno de Neeson genera simpatía, entretiene y logra mantener a la audiencia enganchada hasta el final. Pero ya haberlo tenido solamente esta temporada en dos roles prácticamente iguales, terminó por ser la gota que rebasó el vaso. El mismo actor sostuvo en una entrevista durante la gira promocional de Taken 3 que por unos años iba a elegir otro tipo de rol con el fin de no cansar a los espectadores, más allá de que los números siguen siendo redondos.

Ahora hablemos de Taken 3, filme que parece cerrar de una buena vez una saga que se estaba convirtiendo en una parodia de sí misma, aunque no por ello se puede afirmar que es aburrida. Si hay algo de lo que no carece la película es de dinámica y muy buena acción, de esa que nos retrotrae a los años dorados del género en la que los efectos especiales eran apenas una excepción y/o acompañamiento y no la norma. Aquí nos encontramos de nuevo con la dirección de Olivier Megaton y el guión de Luc Besson, en una nueva aventura del sufriente pero duro Agente Bryan Mills (Liam Neeson). Tras primero haber rescatado a su hija adolescente de una red de trata en Europa Oriental y luego haber salvado a su mujer que casi muere asesinada en venganza por el desbaratamiento de aquella mafia europea, ahora Bryan tiene problemas un poco más terrenales. Leonore (Famke Janssen), que ahora es su ex esposa, no está muy conforme con su matrimonio y se la pasa coqueteando con él sin parar. Como si esto fuera poco, su eterna princesa Kim (Maggie Grace) está embarazada de un novio más bien particular y por el momento esconde su situación por lógico miedo a que todo estalle por los aires.


Tras una extraña visita nocturna de Stuart (Dougray Scott), el nuevo marido de Leonore, recibe al otro día un mensaje de ella diciéndole que quiere verlo de manera urgente en su departamento. Llega con café y bagels recién horneados y se encuentra con ella muerta en su propia cama. Al instante llega la policía que lo detiene parcialmente pero él logra a las patadas escaparse para iniciar la tradicional huida por los suburbios de Los Ángeles - sí, con saltos a los alambrados incluidos-. Aparece en escena el Detective Franck Dotzler (Forest Whitaker) que si bien no está demasiado convencido de la culpabilidad del nuevo prófugo, tampoco está con muchas ganas de incumplir con sus ordenes y lo que él cree es su deber. Bryan comienza así un camino a contrareloj para mantener a salvo a su hija, confundir a la policía, atar todos los cabos y dar con el responsable del asesinato de Leonore.


La tensión del filme está muy bien llevada de la mano de un director que, como buen discípulo de Luc Besson, sabe como crear buenas escenas de acción pura y dura. Liam Neeson y Forest Whitaker cargan con la historia sobre sus anchas espaldas sin mayores problemas, con una química ideal que convierte el trabajo en un mero trámite. El duelo entre gato y ratón que ambos llevan adelante es el centro de la trama, con pequeños bocados de sangre, fuego y trompada limpia cada tanto. Hay un exceso de momentos lacrimógenos que hace que Taken 3 pierda de a ratos su intensidad, pero todo el camino del héroe hacia su objetivo final es el mismo que en las dos antecesoras.


El guión no es para nada complejo, más bien todo lo contrario. Besson combina muy buena acción con el muy buen trabajo de dos actores con mucho oficio que no trabajan de taquito, por lo que levantan bastante lo que, caso contrario, sería otro filme basura sobre temas como la mafia, la policía corrupta, etc. El trabajo de Liam Neeson es digno de ser remarcado una vez más, ya que irradia simpatía por los poros y al mismo tiempo logra dar con la dureza necesaria para su personaje. Sus frases duras, terminantes, su tono ronco y esa mirada de nulos amigos arman un coctail explosivo con el que mejor no meterse. Lo que no queda bien es que hayan estirado sus acciones al límite total, alcanzando ya el delirio de todas las Misión Imposible y del nuevo James Bond.


Olivier Megaton pone ante nosotros todos los clichés y trucos baratos de edición que pertenecen al género. Taken 3 es entonces un filme chato por donde se lo mire pero que es efectiva si se consideran sus objetivos. El giro del final no es ninguna maravilla, pero al menos saca a la historia de la monotonía habitual y da pie a los fuegos artificiales con los que cierra la función ¿Entretiene? Sí ¿Es buen cine? Claro que sí, aunque eso depende de los gustos de cada uno. Taken 3 peca por repetirse una vez más, dejando en claro que ni el maquillaje puede sostenerla ya en el tiempo. Y una de las razones para demostrar esto es el que hasta Liam Neeson mismo esté harto de jugar este mismo rol ¿La paradoja? Que es justamente su presencia la que termina por darle el aprobado al filme.




Puntaje: 6.5/10

viernes, 17 de abril de 2015

Cub


El cine belga sigue demostrando además de vigencia, una notable vitalidad a la hora de renovar géneros en los que no parece haber muchas más cosas para inventar. Jonas Govaerts es el director de este interesante filme titulado Cub que explora un camino no demasiado transitado: el del terror para niños. No me refiero solamente a que sean jóvenes de menos de 12 años quienes protagonizan la película sino a que más allá de su componente gore, apunta a un público no tan grande en lo que a edad se refiere. Claro que todos pueden disfrutarlo, pero tengo la sensación de que es un producto más bien pensado para asustar a un determinado target y no a todos los espectadores que tengan la posibilidad de verlo. 

La trama no posee demasiada complejidad: un grupo de Boy Scouts que responde al nombre del filme, va a pasar un fin de semana de campamento a un territorio en el medio del bosque. Los dos líderes, Peter (Stef Aerts) y Chris (Titus De Voogdt), se la pasan todo el camino hablándoles del misterioso y terrorífico "Kai" que según cuenta la leyenda es una bestia poderosa que se esconde en lo salvaje. Para agregarle un poco de pimienta al asunto y tener a los chicos entretenidos, les avisan que muchos testigos avistaron a esta criatura justo en las inmediaciones del lugar al que se están dirigiendo tan inocentemente. La relevancia que le dan es nula pero uno de los chicos, Sam (Maurice Luijten), se lo toma bastante en serio al punto de que desde la camioneta que los transporta cree ver algo moviéndose entre los árboles.


En una parada, Peter entra en conflicto con dos muchachos que están jugando con un auto en el terreno donde en teoría debían acampar los Boy Scouts. Se terminan yendo tras un par de trompadas y no escuchan la advertencia desesperada de uno de estos, pidiéndoles que se mantengan alejados del peligro. Una vez que se asientan en el lugar, Sam se encuentra cavando un gran pozo a metros del campamento. Siente una presencia detrás suyo y sale corriendo hacia donde están sus compañeros, avisando que el "Kai" está cerca. Lo que recibe son golpes y burlas de parte de la mayoría así como también de Peter, que parece tener un ensañamiento particular con el chico. Este escenario es habitual para Sam, huérfano y rescatado por Chris del orfanato hace ya varios años.


Cuando cree que todo es producto de su imaginación, se encuentra con una enorme guarida construida con ramas, que cuelga de un enorme árbol. Antes de poder siquiera inspeccionarla, el supervisor del grupo lo lleva de las narices de vuelta hacia las carpas. No pasará mucho tiempo para que Sam se de cuenta que la historia del "Kai" no es ningún chiste y que tal vez sea necesario empezar a dormir con un ojo abierto y su navaja en la mano.


Cub es una película interesante, no tanto por la trama sino más bien por la manera en que lo real y lo imaginario no poseen una frontera tan claramente demarcada. El director de a ratos nos confirma que todo es parte de la realidad, pero aún así logra confundirnos pues todo es demasiado extraño. El terror es construido de una forma progresiva y sin abusar del susto fácil, aunque la primera parte es demasiado extensa y no posee ningún tipo de acción más que verlo a Sam ser sometido al bullying más básico posible.


Los interrogantes que se van generando son respondidos con buen timing, por lo que el interés en la historia jamás se pierde. Si bien la naturaleza de la amenaza es revelada antes de la mitad de la película, esto termina siendo tan solo una ínfima parte del peligro que se cierne sobre estos Boy Scouts. Sorprende que dentro de esta temática haya tanta violencia y sangre en estado puro, crudeza total, sin importar que sea un filme protagonizado por niños. La crítica político-social - algo que nunca falta y que muchas veces sobra- está en los pliegues del guión y sirve como justificación para el particular juego macabro que se desarrolla en ese bosque europeo.


Cub funciona como un raro espécimen que se mueve entre el gore y el slasher - a sabiendas de lo borrosa que es la frontera entre estos dos géneros, imaginen- y que posee influencias variadas. Desde Friday The 13th (1980) hasta Joy Ride (2001) nos podemos encontrar con filmes de los que Cub supo extraer algunas buenas herramientas. El cierre de la historia es buena, no deja cabos sueltos y resuelve el intrigante flashback que da inicio al filme con sobriedad, lo cual en estos tiempos no es poca cosa.


Cub posee un guión simple pero no por ello tonto y una dirección óptima. Las dosis de gore son perfectas y la atmósfera es creada de manera progresiva sin saltar ningún paso. El salto del espectador es buscado en algunas ocasiones, pero no en abundancia y las actuaciones son más que razonables. Los clichés dan el presente pero el Govaerts se encargó de reducirlos al mínimo posible y/o de darles una vuelta original. Cub logra aprobar porque dentro de un ámbito en el cual la repetición es ley, al menos busca ser una bocanada de aire fresco. Hay detalles, claro ¿Pero que es la vida sin esos detalles?



Puntaje: 6.5/10

miércoles, 1 de abril de 2015

Backcountry

Apenas vi el afiche promocional de Backcountry y la leyenda de "basado en una historia real", me acordé de ese gran documental de Werner Herzog titulado Grizzly Man (2005) donde mostraba mediante la edición del material crudo filmado en sus expediciones a Alaska para proteger a los osos grizzly, la trágica historia de los activistas Timothy Treadwell y Amie Huguenard. También me vino a la cabeza Jaws (1975) pues la imagen del oso acechando a uno de los protagonistas sin que este se de cuenta que está allí es un guiño demasiado obvio como para ser dejado de lado. Dirigida y escrita por Adam MacDonald, Backcountry - como puede verse- de entrada prometía mucho y algunas críticas habían sido bastante elogiosas con el filme. Nada podía hacernos pensar que iba a terminar viendo un producto bastante mediocre que se queda a mitad de camino en cada una de sus propuestas.

La trama es bastante fácil de seguir, nada demasiado complejo o filosófico: Alex (Jeff Roop) y Jenn (Missy Peregrym) son una joven pareja que sale de su rutina ciudadana para tomarse un fin de semana en lo salvaje. Él es un amante de la naturaleza, pues ha crecido entre los árboles y recorriendo reservas naturales, y dice conocer al parque nacional canadiense donde se dirigen como la palma de su mano. Ella es claramente un bicho de ciudad, aferrada a su celular todo el tiempo pero dispuesta a lanzarse en brazos de lo desconocido. Sus miedos y precauciones son objeto de burla de su pareja, que parece desconfiar bastante de los movimientos de la mujer a la que ama - digamos que, más allá de no tener razones concretas, cree que ella se la pasa coqueteando con cuanto hombre le pasa por al lado-. Más allá de esto, el viaje tiene un propósito y el lugar para concretarlo es un pasaje llamado Backfoot. El supervisor del parque le explica que no puede ir porque esta temporada se encuentra cerrado al público y le ofrece un mapa que es rechazado con altanería por él. Cruzan a remo un hermoso y ancho lago, con la clásica panorámica del mundo sin edificios ni ruido, y llegan al punto de partida. Todo un cliché hasta el momento, bastante lento y sorpresivamente consumidor de demasiados minutos sin sentido alguno. La acción que tanto se promete tarda en llegar y esto es raro porque no hay nada en la historia que amerite un desarrollo demasiado profundo.


En apenas medio día, todos los problemas que Alex y Jenn poseen como pareja afloran e implosionan. Celos, rencores, conflictos bobos...cuestiones que la rutina frenética del trabajo y la ciudad no suelen dejar salir pero que se hacen presentes con un poco de silencio y momentos en soledad el uno con el otro. Un nuevo cliché argumental, pero que no molesta demasiado porque sabemos que a la vuelta de la esquina se encuentra un feroz oso que tratará de comerlos por haber invadido su territorio de forma accidental. Pero nada de esto sucede, porque en su primera noche cruzan camino con un irlandés bien turbio llamado Brad (Eric Balfour) que es invitado por Jenn a cenar y no para de tirarle los perros y de desafiar a Alex que no reacciona ni siquiera ante la mirada de susto de su novia. Cuando retoman el camino tras ese mal trago, el joven explorador se topa con una gran huella pero decide ocultar esta información para así poder seguir adelante con su plan romántico. Una segunda noche en vela tras escuchar ruidos extraños fuera de la carpa y una serie de destrozos en el perímetro son suficiente como para asustarlos, aunque no para detener su paso raudo hacia Backfoot. Alex se dispone a mostrar que controla la situación, que conoce el lugar mejor que nadie y que ni un león va a detenerlo en su intento de recomponer una pareja visiblemente estancada.


Backcountry llega a su clímax cuando los dos protagonistas en lugar de toparse con una gran laguna (que da comienzo al pasaje hacia el que se dirigen) encuentran una marea de árboles que no parece tener fin. Poco tardan en darse cuenta que sus vidas corren peligro, pues un oso grizzly adulto y muy agresivo - con toda la razón del mundo, si lo pensamos objetivamente- los está acechando hace varios días.


La tensión está sin dudas bien construida más allá de la pereza con la que se desenvuelve el guión. El modelo a seguir es el de Jaws sin lugar a dudas, sugiriendo mucho más de lo que finalmente se termina mostrando. La confrontación final es bien explícita y no apta para personas con un estómago y mente sensibles. Cualquier amante del gore como quien escribe estas líneas, se encontrará muy agradecido con este detalle. Backcountry es una cacería combinada con un drama sentimental que nada tiene que envidiarle a cualquier libro de Nicholas Sparks (esto dicho en el peor de los sentidos posibles). El ser humano termina siendo presa dentro de ese hermoso, peligroso e intrigante laberinto que es la naturaleza.


Más allá del ambiente tenso, no suceden demasiadas cosas hasta los minutos finales. La acción pura y dura es bastante poca en comparación con el bodrio que hay que aguantar hasta llegar a ella. Y a decir verdad, si bien es lo suficientemente sangrienta, tampoco posee una duración que compense el tiempo perdido con una historia de fondo que no es para nada interesante más allá de estar construida a un buen ritmo. El filme vira de un drama clásico a una Blitzkrieg donde la supervivencia lo es todo, aunque ya sepamos lo que le va a pasar a al menos uno de nuestros aventureros. Se pueden visualizar elementos de esa obra maestra del terror llamada Open Water (2003) y de la sólida 128 Hours (2010). Me niego a colocar a la gloriosa Into The Wild (2007) en esta lista porque sería un insulto, aunque sí pondré a la ya mencionada Grizzly Man (2005) solamente por la temática que comparten.

Backcountry posee una ambientación espléndida, con paisajes hermosos que ponen la piel de gallina de tan solo pensar en su existencia. Esta belleza hace de fondo a la batalla palmo a palmo entre la bestia y el hombre, aunque en realidad debería llamarlo una carrera de los protagonistas hacia la salvación pues en la pelea no tienen chance alguna. MacDonald muestra un muy buen manejo de cámara, con la dosis exacta de frenetismo y firmeza, y la edición de imagen y de sonido es optima. Las actuaciones son aceptables, nada del otro mundo pero pasan el examen sin demasiadas complicaciones.


Lo que enoja de Backcountry es que anuncia algo impresionante y lo único que termina entregando es una resolución a velocidad luz de todos los conflictos que plantea. Se le vende al consumidor un filme de supervivencia pura, cuando en realidad esta ocupa apenas 15' de los 92' de duración. El cierre es demasiado apurado y más bien obvio, poniéndole el moño a un show de previsibilidad que nunca consigue salirse del esquema. La labor técnica es muy buena, los actores más que decentes y la idea es interesante, pero para poder tener éxito hay que saber plasmar todo eso en la pantalla. Una verdadera lástima, una hora y media a la basura.



Puntaje: 4.5/10