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sábado, 21 de febrero de 2015

Foxcatcher

Bennett Miller es un director muy interesante - y a mi juicio en extremo talentoso- que estuvo detrás de dos filmes que sinceramente me encantan: Capote (2005) y Moneyball (2011). No conocía la historia que estaba detrás de su nuevo proyecto, pero cuando leí acerca de ella me cautivó al instante. La parábola desde la gloria hasta la tragedia que recorrió la vida del ex luchador olímpico y medallista de oro junto a su hermano Dave en los Juegos Olímpicos de Los Ángeles de 1984, en los World Championships de 1985 y 1987, en los Panamericanos de 1987 y en la Copa del Mundo de 1982. El otro día, Ezequiel Fernández Moores publicó en La Nación un muy buen artículo que ahonda sobre el lado oscuro del atletismo y que explica en tono social la parte deportiva que el filme omite para centrarse en las relaciones entre sus personajes. Se los dejo aquí antes de que nos adentremos en el análisis de esta candidata a los Oscar en cinco categorías, aunque ignorada muy injustamente en la de Mejor Película: http://canchallena.lanacion.com.ar/1769205-sueno-americano. Les aviso que una vez más lo que sigue está lleno de "spoilers", por lo que si no quieren seguir leyendo están más que invitados. Más allá de esta aclaración, les recomiendo no ofenderse mucho si se revelan partes sensibles de la trama pues Miller decidió contar una historia que al ser real, y bastante mediática en su momento, es conocida por más de medio mundo literalmente.


Como ya anticipamos, Foxcatcher se basa en la historia real de un luchador norteamericano llamado Mark Schultz (Channing Tatum) y de su tortuoso vínculo con su hermano Dave (Mark Ruffalo) y el millonario John Du Pont (Steve Carrell), que un buen día decidió usar su dinero para esponsorear primero a Mark y luego a los dos luchadores, de cara a los Juegos Olímpicos de Seúl a celebrarse en 1988. Mark y Dave son dos hermanos que han triunfado en la lucha libre, disciplina sin nada de glamour a la hora de hablar de atletismo. Lo han ganado todo, hasta el Oro olímpico en Los Ángeles 84' y ahora se encuentran en dos frecuencias muy diferentes. Dave está tranquilo con su familia, compuesta por su mujer y sus dos hijas, y con una gran cantidad de obligaciones contractuales y vínculos con las autoridades olímpicas de los Estados Unidos. Mark en cambio, acaba de ser echado de su trabajo como entrenador en Stanford y se gana la vida dando charlas por literalmente dos mangos con cincuenta. Un hombre solitario, que lleva adelante una existencia más bien deprimente - las escenas de sus comidas en su casa son más tristes que la misma muerte- y que trata de recordarse todos los días que consiguió una medalla de oro en un juego olímpico. Lógicamente, resiente de su más exitoso, talentoso y carismático hermano que lejos de estar enfrentado con él lo adora y lo cuida en todo momento. La escena en la que Mark le rompe la nariz de un cabezazo en un entrenamiento y él le pregunta luego si está bien sin siquiera preocuparse por si mismo.


Mark es la brutalidad pura, el instinto por sobre todas las demás cosas. Dave es el talento y la racionalidad, el que sabe como preparar las peleas y el que los ha llevado hasta la cima. Las luces están todas sobre Dave y las nubes cargadas de lluvia parecen perseguir a Mark tal cual lo harían en un dibujito animado. Pero un día las cosas cambian: recibe un llamado de un tal John Du Pont, millonario por herencia de una de las familias más sucias y poderosas del establishment norteamericano, que le ofrece un vuelo en primera clase a Pensylvania para discutir una importante propuesta de trabajo. Mientras espera en su amplia y lujosa mansión, Mark ve cuadros y muchas cosas más que jamás había podido ver siquiera en una foto. Du Pont se presenta con su tono lúgubre y épico al mismo tiempo, y con unos elogios y lugares comunes acerca del deporte y el deber patriótico logra ponerse al ingenuo e inculto luchador en el bolsillo. Se declara fanático de la lucha libre y le promete que bajo su tutela va a ser el mejor del mundo sin duda alguna. El círculo se completa con el impresionante gimnasio que mandó a construir para que Mark conduzca a un equipo que él podrá elegir a dedo.


Lo que queda claro es que Du Pont por sobre todas las cosas quería una nueva mascota para poder satisfacer sus caprichos y engrandecer su ego. También para poder solucionar de una vez algunos serios problemas psicológicos que lo perseguían desde su infancia y que tenían como centro a su inconforme madre Jean (una implacable Vanessa Redgrave). El Team Foxcatcher, que apunta a dirigir la escuadra olímpica en Seúl, es un deliro desde su concepción pero ninguno de los involucrados osa decir algo ante el torrente de dinero que cae en sus manos. Mark no logra convencer a su hermano de mudarse con él a la mansión gigante (contratos que cumplir y cuidar a su familia) y da comienzo a una relación muy complicada con Du Pont que desembocará en una inevitable tragedia.


Lo que empieza como un intercambio constante de elogios y una entronización mutua - que potencia los celos que Mark tiene respecto de su hermano- irá virando hacia una muy nociva obsesión que terminará por sacar lo peor del joven luchador. Du Pont procederá a aislarlo, a absorber toda su energía, a llenarlo de presión a cada segundo hasta hacerlo reventar. Se apropiará de una manera muy burda de sus logros, demostrando que no es más que un infeliz con dinero. Un porta-apellido que jamás hizo nada más que heredar una fortuna y gastarla en un sinfín de idioteces (más allá de sus negociados con la industria armamentística, ver los tanques de guerra desfilar por la entrada de su casa da la dimensión de la enfermedad del tipo).


La espiral hacia el infierno que experimentará Mark será absoluta. La inicial adicción al alcohol y las drogas, impulsadas por Du Pont y por sentirse día a día menos que Dave, logran mermar casi por completo su rendimiento y sus posibilidades de competir tanto en los futuros JJ.OO como en los torneos de preparación. De a poco verá como su relación con el millonario es peor que la droga, pues se encuentra con un espejo amplificado de lo que le pasó toda la vida con Dave, alguien a quien más allá de todo quiere y necesita con toda su alma. El tener que ser entrenador de Du Pont en sus patéticos torneos de lucha pagos lo hace sentirse un mero accesorio; alcanza con ver la pinta de este ridículo millonario en calzas para darse cuenta lo bajo que ha caído el otrora glorioso campeón.


Y aquí un punto clave de Foxcatcher, pues Du Pont detrás de toda su megalomanía y su supuesto poder, profundiza su trauma familiar hasta el punto de no retorno. Cuando la madre decide, con mucho asco, bajar a ver como su hijo en teoría entrena a estos luchadores (deporte que odia) es desgarrador. Du Pont en calzas toma la posta - Dave ya era parte del equipo y dirigía todo- y con uno de los muchachos "enseña" unos movimientos tan básicos como inútiles. Ver su cara cuando ella le pide a la enfermera que retire la silla de ruedas del lugar en medio de su "demostración", es triste más allá de lo deleznable que pueda haber sido Du Pont. Él cree que es el mentor y el ejemplo, el admirado por estos profesionales, pero no es más que un chiste con dinero de sobra para financiar una aventura olímpica.


La tensión está muy bien manejada de la mano de sus tres actores principales y de un director inteligente a la hora de los silencios y los primeros planos. El filme es en líneas generales oscuro, pero transita una curva descendente desde una relativa luminosidad hasta la total falta de luz. Hay un punto, digamos que ya entrando en los últimos 40 minutos, en los que cualquier espectador avezado se dará cuenta que hay algo que va a salir muy mal. Ni el reconstruido y encarrilado vínculo entre Dave y Mark va a terminar haciendo que sonriamos al menos una vez en todo el filme.


El trabajo de Channing Tatum es impresionante y digno de un reconocimiento total. En un rol mucho más serio de los que nos tiene habituados (consideren que es uno de los grandes actores de comedia hace varios años), compone a un luchador sin dudas habilidoso y muy fuerte, con mucha energía pero también con demasiados complejos personales que lo atan y despegan continuamente de su hermano. Una persona que sin ninguna razón siempre se sintió menos que él - a ver, ser distinto no significa ser peor o mejor- sin jamás serlo realmente. Su Mark Schultz va del entusiasmo inicial y la simbiosis con Du pont al odio puro contra una persona que lo destruyó física y psicológicamente con mucha maldad.


Steve Carrell solamente falla en la parte que no le corresponde: el excesivo maquillaje para imitar la cara caída y la nariz de águila de John Du Pont. Hay similitudes con el desastre que fue la máscara que le armaron a Anthony Hopkins en Hitchcock, pero al no ser una caricatura como en aquel caso esto queda matizado. Carrell da en la tecla porque logra mostrarnos a un niño rico que nunca se esforzó para llevar su vida de lujo, a un megalómano total que cree ser prácticamente Dios pero que debajo de todo eso es tan solo un pobre tipo. Un hombre enfermo de la cabeza y muy débil, que vive a la sombra de su dura y represiva madre. Sus devaneos y cambios de ánimo están muy bien interpretados, así como su gran acto final tras los juegos del 88'. La venganza contra Mark y Dave la concreta de la manera tal vez menos esperada, pero es un acto de crueldad digno de una persona así. Pero el gran triunfo de este gran actor reside en que, además de todo esto, logra generar odio en la persona que está mirando la película desde el primer segundo.


Un literal y simbólico párrafo aparte para Mark Ruffalo, que demuestra una vez más que es uno de los mejores actores de esta era. La nominación al Oscar como Actor de Reparto es completamente merecida, pues su labor está muy por encima de la de sus dos compañeros. Su Dave Schultz es una persona muy cálida, trabajadora, talentosa y bajada a la tierra. Ama a su conflictivo hermano y lo protege desde pequeños y lleva una vida familiar muy linda y sólida. También es un profesional de pura cepa, que jamás se pierde un solo detalle, que conoce a todos los luchadores y que se ha cansado de triunfar en su deporte.


El cierre de Foxcatcher es impactante sin duda alguna, también para los que lo saben de antemano. La escena del asesinato es tremenda y logra helar la sangre por la manera en que Du Pont le quita la vida a Dave. Conociendo o no la historia en la que el filme se basa, Bennett Miller nos lleva con recursos inteligentes hacia el desenlace trágico y previsible. Foxcatcher es una intensa, dura y silenciosa película que injustamente no ha sido nominada dentro de la categoría Mejor Película. Un retrato doloroso e intrigante del Lado B del sueño americano, de lo que sucede cuando las luces se apagan y la gran mayoría de los atletas olímpicos debe regresar a sus casas. De pie señores...




Puntaje: 9/10






miércoles, 18 de febrero de 2015

The Imitation Game

En este último tiempo, digamos desde el cambio de siglo hasta este 2015, hemos visto renacer al género de las biopics. Siempre eficaz a la hora de emocionar y de indignar en iguales cantidades al público - por lo general tratan de matizar el bronce del personaje que retratan con la vida de mierda que tuvo, casi siempre por factores ajenos a su persona-, hoy tiene a dos filmes nominados para la categoría "Mejor Película" en los ya muy cercanos Premios Oscar. The Theory Of Everything y The Imitation Game son los dignos representantes del género en la noche más relevante de Hollywood. Hoy nos toca hablar de la segunda de esta pequeña lista, del filme que retrata la vida - digamos, la parte importante de esta- de Allan Turing. Un matemático brillante que logró descifrar el Código Enigma en la Segunda Guerra Mundial y proveerle a los Aliados una veloz victoria sobre los Nazis. Un camino que no estuvo exento de sacrificios, pero que fue el paso inicial (y algo más también) para la creación de lo que hoy llamamos "computación" en plenos años 40', y que terminó en una tragedia demasiado previsible y cruel. Ah y no me vengan con eso de que no les "espoilee" el final, porque equivaldría a un pedido de no revelar como termina la película Titanic.

Será el mismo Turing (Benedict Cumberbatch) quien nos lleve por todo el filme como el lógico narrador omnisciente de su propia historia. Lo primero que queda claro es que la ambientación y el vestuario de época son impecables. Todo comienza con el momento exacto en el que Gran Bretaña ingresa en la Segunda Guerra Mundial. Turing es un emérito del King's College y ha logrado enseñar allí teniendo menos de 30 años de edad. Impulsado por un sentimiento patriótico, se dirige hacia la Blatchett Radio Manufacturer - central de telecomunicaciones del Ejército- para ofrecer sus servicios al gobierno. La primera impresión que genera es la de un genio absoluto, alguien sin dudas demasiado introvertido e ingenuo pero con una personalidad más bien poderosa. También el guionista se encarga de dejarnos en claro cada vez que puede que nuestro protagonista es homosexual, algo que a la larga atenta contra la estructura y la idea de la película. Más allá de esto, lo relevante es que Turing tras una muy particular entrevista con el Comandante Denniston (Charles Dance) se dispone a realizar el trabajo de su vida dentro del "Proyecto Enigma".


Este consiste en un reducido grupo de especialistas de diversas áreas que estarán abocados a descifrar la Máquina Enigma de los Nazis. Un aparato de ingeniería simplemente brillante, que cambia de código cada 18 horas y que encierra dentro de su aparente simplicidad - si uno la mira, es una máquina de escribir común y silvestre- 159.000.000.000.000.000.000 variable posibles por día. Lo que Turing y sus colegas deben hacer es lograr cambiar solamente una de ellas, tarea a la vista posible pero en la práctica irrealizable. Más allá de poder decodificar algunos mensajes por azar, los avances reales se obtendrían con el trabajo de 20.000.000 de año si una persona chequease cada 10 minutos una sola de estas finitas variables. 


Los primeros pasos nos muestran el trabajo a contrarreloj de una mente brillante, de un ser humano lleno de intensidad y pasión cuando hace lo que más ama. Millones de vidas se encuentran en sus manos y Turing está más que dispuesto a ayudar a a vencer a los enemigos de la única manera que él supone posible: mediante la lógica absoluta. No quiere conocer dos o tres mensajes cifrados, sino decodificar por completo el código para así poder tener en la palma de la mano toda la información disponible. Tras una pelea con sus compañeros justamente por una diferencia en lo que refiere a ambiciones - y también ante la presión que reciben desde arriba por obtener resultados inmediatos- logra con la ayuda de Stewart Menzies (Mark Strong) del MI6 que el mismo Churchill lo ponga a cargo del equipo. Tras despedir a dos personas que considera inútiles, sale a buscar nuevos reclutas por todo el país para así poder cambiar la historia. Aquí es donde aparecerá Joan Clarke (Keira Knightley), una joven muchacha que se impone en todas las pruebas y logra vencer el prejuicio de época para convertirse en una de las principales arquitectas del triunfo Aliado sobre El Eje.


Constantes flashbacks nos llevan hacia su juventud, con especial énfasis en su relación con su mejor amigo Christopher. Un vínculo muy estrecho, prácticamente romántico aunque ambiguo, que marcará su vida y determinará gran parte de lo que Turing terminó siendo cuando adulto. El otro gran foco está puesto en su relación con Joan, un hecho que ayudó a destrabar el código de forma definitiva. Turing movió cielo y tierra para que fuese aceptada dentro del equipo, pues la consideraba una persona igual o más brillante que él mismo. 


El contexto bélico es explicado correctamente con el clásico recurso del video de archivo, que se acrecienta cuando el filme llega a su clímax. Las tensiones dentro del equipo están manejadas a la perfección, sobre todo porque el director delega casi todo el peso sobre los hombros del genial Benedict Cumberbatch. Con sus expresiones faciales y corporales lo dice todo, en una personificación sensacional de una mente tan grande como perturbada y perseguida por los fantasmas del pasado. Luces y sombras de un genio, una mimetización absoluta, con sus tradicionales marcas de estilo. Matthew Goode y Keira Knightley (dos fenomenales actores siempre poco valorados a pesar de que siempre están como mínimo a la altura de las exigencias) acompañan a la perfección a quien hoy es para muchos el gran actor del momento y logran una química particular con él: uno desde el rechazo inicial a la amistad final y la otra de la fascinación-amistad a la decepción absoluta. Las dos curvas son bien claras en ambos casos y nunca llevan al filme hacia un intolerable melodrama lleno de conflictos zonzos y lacrimógenos entre personajes. Un detalle respecto de sus escenas con la actriz birtánica: ambos logran sacarnos una sonrisa en cada una de ellas.


Vemos a un hombre perseguido por su carácter, por la sospecha que levantaba ante las autoridades, que dudaban de su orientación sexual. Porque es mentira que hayan alguna vez pensado que Turing era un espía soviético; simplemente veían su homosexualidad como un crimen - literal, era ilícita- y querían arruinarle la vida, algo que terminaron logrando con mucho éxito. También queda claro que en nuestra historia hay un predominio lamentable de los brutos, de los que nunca leyeron un libro y se creen omnipotentes, por encima de las mentes que tienen las verdaderas soluciones.


The Imitation Game es un filme sencillo en su estructura pero muy profundo, intenso, angustiante y emotivo a la vez. Un retrato y homenaje a una mente como las hubieron pocas en nuestra larga historia. Desnuda a un ser humano excepcional que logró dar vuelta uno de los peores conflictos bélicos que vivimos apelando a la matemática y a la lógica y dejando de lado todo lo relacionado con el instinto. Al mismo tiempo funciona como un doloroso y fehaciente retrato de nuestra naturaleza como especie y de varias de las razones por las cuales hemos fracasado rotundamente a la hora de construir una sociedad y un mundo mejores. Grandes actuaciones de sus tres actores centrales y un guión que mecha con inteligencia elementos básicos del género de espionaje para así agregarle movimiento e intriga a la trama. Merecida la candidatura al Oscar más allá de algunos fallos, siendo el más grave de estos el énfasis que el director Morten Tyldum le da a las preferencias sexuales de Turing. Por lo demás, una película que vale la pena ser vista para conocer una vida sin lugar a dudas fascinante. 



Puntaje: 8/10








viernes, 6 de febrero de 2015

American Sniper


No hay nada que me guste y me apasione más que un buen debate político. No hablo de los tediosos monólogos enfrentados que suelen realizar los candidatos presidenciales o legislativos, sino de esas discusiones en cualquier lugar que pueden durar horas. Algo de eso generó el nuevo filme de Clint Eastwood y no es malo que por un rato se haya puesto lo político por encima de lo cinematográfico. Liberales de izquierda como Michael Moore destrozaron a American Sniper, diciendo que era una asquerosa propaganda fascista y muchos del otro lado la usaron para decir que la política de guerra de Barack Obama había sido mucho peor e inhumana que la del brutal George W. Bush Jr. Si es para poner el granito de arena en este debate, digamos que American Sniper no es ni una cosa ni la otra. Clint Eastwood es un Republicano de la vieja escuela, ninguna novedad - como olvidar su ataque de histeria con la silla vacía en la convención de hace 2 años-, pero ha sabido filmar obras con fuertes mensajes en contra de la guerra como las brillantes Flags Of Our Fathers (2006) y Letters From Iwo Jima (2006). No debemos dejar de lado que en American Sniper, hay un enaltecimiento del héroe americano por excelencia de esta década: el francotirador Chris Kyle, un sureño pura cepa, bien Red Neck, que se pasó matando enemigos sin parar durante los 9 tours que estuvo en Irak. Dicen que mató a 160 milicianos enemigos, y que podrían ser varios más si se cuenta a los que no se anotaron. Él lo consideraba hacer el bien y hasta le parecía entretenido, por lo menos eso es lo que dice en su auto biografía que lleva el mismo nombre que esta película que ha sido nominada para 6 Oscar (incluido el de Mejor Película) y ya ha recogido 20 nominaciones y 9 premios hasta aquí.


No es un hecho menor que el director haya realizado una adaptación directa del libro de Kyle, pues esto lo exime de varias de las críticas que recibió. El filme deja en claro que es la transcripción de la visión que este Navy Seal, asesinado en 2013 bien lejos de la guerra, tenía de sí mismo, de su país, de los irakíes y del conflicto que inició en el año 2003. Lo que se tendría que decir es que esa "pieza literaria" es una basura de principio a fin; una visión maniquea de la guerra, en la que el enemigo siempre es horrible y un animal y los norteamericanos son los bondadosos que llegan para instalar la civilización en esa jungla. Y no se debe olvidar lo principal: él mismo Chris Kyle, que evidentemente se consideraba un fenómeno y el brazo de Dios en la región. Se ha dicho que muchas de las cosas que el difunto soldado relata son falsas y que su pomposidad para hablar de sus logros es francamente insultante. Dos cuestiones con las que acuerdo por completo, pero que solo forman parte del plano político de American Sniper. Tratemos de no olvidarnos del cine y veamos que es lo que hace de este nuevo experimento de Clint Eastwood algo más bien disfrutable, muy bien actuado y muy bien filmado.


La escena inicial ya fue comentada por todo el mundo: Chris Kyle (Bradley Cooper) se encuentra apostado en un techo en vaya uno a saber donde de Irak. Una madre le da a su hijo de apenas cinco años una bomba para que corra hacia el convoy que Kyle debe defender. Una vez allí, su padre lo detonará vía control remoto con el fin de masacrar a los soldados. De inmediato un flashback nos lleva a sus primeros pasos en la caza junto a su padre. El que estén apuntando y luego maten a un ciervo constituye una de las menciones/homenaje más obvios de la historia del cine, pero nos sirve para que vayamos entendiendo cual será el argumento conductor del filme. Como buen tejano, fue criado por un padre duro y una madre dulce pero sumisa al mandato patriarcal. La intención de su papá es que no sea una oveja sino un lobo, que nunca se deje pisotear por nadie.


Su ámbito de crianza es el camino más recto hacia el Ejército. Familia muy religiosa y patriota, Dios y las armas, que moldea a otro Red Neck de los tantos que pueblan esa latitud de los Estados Unidos. Tras perder el tiempo en el rodeo profesional, recibe el llamado sagrado de su país cuando ve por televisión la noticia de un atentado a una embajada norteamericana en Medio Oriente. Esto es un cliché puro, pero no por ello es falso; es más, la mayoría de los reclutas llega por razones idénticas o como mínimo demasiado parecidas a las de nuestro protagonista. El duro entrenamiento por el que pasa, todas las pruebas que logra superar y su gran habilidad con el rifle de larga distancia, le hacen ganar un lugar dentro de los Navy Seals.


En otro cliché insoportable, conoce a Taya (Sienna Miller) mientras celebra en un bar con varios de sus nuevos compañeros el haber ingresado en el cuerpo de élite de la Marina. La pantalla prácticamente se divide entre su entrenamiento diario y el avance de su relación con esta joven muchacha que terminará siendo su esposa y la madre de sus hijos. Cuando todo marcha de la mejor manera, llega el 11 de Septiembre. Los dos miran atónitos y angustiados como los aviones se estrellan contra el World Trade Center y lo dejan hecho polvo. Comienzan así sus tours por Medio Oriente y al mismo tiempo el cambio radical tanto en su personalidad como en su conexión con Taya. Nada vuelve a ser igual que antes durante esos largos 9 años en los que Chris se la pasa en Irak matando personas. Ni la llegada de sus hijos, con largos embarazos vividos a la distancia, logra evitar el derrumbe de toda perspectiva de futuro familiar.


Clint Eastwood nos pone ante un hombre que de a poco se obsesiona por completo con la guerra y que en su enfermedad no concibe su vida cotidiana sin ella. Esto lleva a que arruine todo y a que se encuentre con situaciones incómodas al hablar con compañeros heridos y con otros soldados que no quieren volver nunca más al campo de batalla. El horror toca la puerta de su casa para no irse nunca más, la imagen de las Torres Gemelas cayendo bien podrían simbolizar lo que fue su vida desde la primera ronda en Irak hasta que finalmente pudo asentarse definitivamente con su familia e intentar rehacer todo lo que había destruido. Chris Kyle vivió esos tiempos de plomo con la presión alta a todo momento - hasta cuando se encuentra comiendo algo o leyendo revistas o contemplando el techo- por esa necesidad adictiva de estar en acción con las balas pasando por encima de su cabeza.


Digamos que American Sniper representa lo que es la visión Republicana/Norteamericana media de la guerra. Todos los terroristas son muy pero muy malos, parecen sacados del mismísimo averno mientras que los soldados son por poco la bondad hecha persona, los que vienen a hacerle un favor a una población tan oprimida como atrasada. Para graficarlo mejor: "Salvajes" es la manera con la que Kyle y sus colegas se refieren a quienes intentan matarlos del otro lado. Mayor claridad que esa es imposible de conseguir.


Aunque ustedes no lo crean, la crítica a la paranoia y la muerte que trajo el 11 de Septiembre se encuentra en American Sniper. Es más bien solapada y rebuscada, pero se puede leer en todos los soldados - algunos en en el medio de la misión- que le plantean al protagonista su no creencia en el papel que están jugando en Medio Oriente. Lo que le valió tantas críticas al viejo Clint es que siempre se impone el patriota, el G.I Joe que está personificado en Chris Kyle con su cara de texano buenito y su discurso de que ellos obran correctamente pues "están aniquilando el mal". Hasta tiene un francotirador bien sucio y malo que es su contraparte y con el que entabla un surreal duelo lleno de persecuciones y cálculos que no suelen realizarse en pleno combate (alimentando la idea de que gran parte del libro es un gran verso). Más allá de esto, las contradicciones están todas allí para quien desee verlas y nos explican que no todo es blanco o negro, que el mundo se compone de grises que en mayoría de casos están lejos de ser bonitos y luminosos.


American Sniper se centra desde la primera escena en un tema que tiene en vilo a los Estados Unidos desde hace mucho tiempo: el de los soldados que nunca vuelven, esos que se quedan hasta el final de sus vidas encerrados en el horror y la tragedia que vivieron en su servicio. Y deriva con mucha lógica en las secuelas que cualquier conflicto bélico deja en el ser humano, que en mayoría de casos es aplastado por las circunstancias y sufre daños psíquicos y físicos que terminan siendo irreparables.


Clint Eastwood sabe mucho de cine, para empezar sin dudas que mucho más que la media de los mortales que nos encargamos de criticar sus filmes, y es por ello que eligió tres películas bélicas de gran calidad y las combinó usando como base el libro en cuestión. The Deer Hunter (1978), The Hurt Locker (2008) y Enemy At The Gates (2001) convergen con mucha precisión para darle cuerpo a American Sniper. La guerra y sus consecuencias humanas ante nosotros sin intermediarios, con una crudeza desgarradora que no puede dejar indiferente a nadie. Un cuadro macabro de sangre, fuego y muerte que nunca parece encontrar su fin. La parte técnica es impecable, no hay ninguna sorpresa en esto. Las escenas de batalla están muy bien filmadas, con un manejo de cámaras vertiginoso pero firme que nunca - por suerte- cae en los temblores innecesarios. Los planos y la edición sirven para darle dinámica a los momentos en los que lo único que vemos es al francotirador esperando a encontrar una nueva presa. La musicalización, así como el uso de los silencios, son lo que le da el toque final a un coctail de dramatismo, profundidad y adrenalina en estado puro.


La actuación de Bradley Cooper bien lejos está de sus habituales personajes sacados de quicio que necesitan demostrar lo locos que están. Por ende, es realmente buena ya que Cooper es un excelente actor que urgentemente debe tomarse a sí mismo en serio. Este filme es un muy buen primer paso para despegarse del galancito de comedia y comedia dramática, cediendo el paso al talentoso graduado del Actor's Studio. Con su performance logra darle a Kyle una profundidad que suele pasarse por alto, pero que sin dudas tenía este implacable francotirador. Un desafío físico y mental muy complicado para el que estuvo más que a la altura. Nos logra meter en la piel de Kyle y hacer que sintamos exactamente lo mismo que él a cada momento. Su confianza, su adrenalina, sus miedos, su amor por la guerra, su compleja relación familiar, todo el proceso por el que pasa desde su ingreso como postulante a los Navy Seals...El resultado es acojonante y relanza una carrera que había ingresado en un peligroso bache. Sienna Miller acompaña muy bien y su química con su co-protagonista es fantástica, dejando de lado esas escenas bizarras donde en lugar de estar discutiendo con una niña de carne y hueso en brazos lo hacen con una muñeca.


American Sniper podrá ser pura basura propagandística con tintes más bien fascistas o el retrato solemne de un hombre complejo y mentiroso o una crítica a la guerra. Dependerá de cada espectador el decidir cual de estas posibilidades es la correcta y si el producto es o no digno de un elogio. No hay verdades absolutas en el mundo y a pesar de coincidir con varias de los ataques que American Sniper recibió, no puedo evitar pensar que todo van dirigidos principalmente a su difunto protagonista. Es mi opinión que el filme es una combinación de las tres variables que acabo de escribir y que por ello no puede ser objeto de lecturas superficiales y/o absolutas. El trabajo de Clint Eastwood y de los actores es muy bueno y la experiencia es muy llevadera. Uno podrá indignarse ante lo que ve o aplaudirlo de pie - cada cual con su gusto- pero si hay algo que no va a hacer es aburrirse. Si quieren les dejo una pista para que demos vuelta la página con este tema de una vez: en el trágico final de Chris Kyle reside el gran mensaje político del filme. Cortemos ahí, de la guerra y cuestiones geopolíticas - todas muy apasionantes sin dudas- hablemos en otro lado; en este blog siempre se hablará pura y exclusivamente de cine.



Puntaje: 8/10  

 



lunes, 19 de enero de 2015

Whiplash

Vamos a hablar un rato de la película que elegí como favorita para que se lleve el Oscar este año y de la que nada ni nadie me va a mover ni un pelo. No importa si algunas de las otras nominadas es de mi gusto personal, pues creo que la calidad narrativa, interpretativa y visual que hay en Whiplash alcanza y sobra como para dejar por el piso a cualquiera de sus contrincantes directos. El filme dirigido y escrito por Damien Chazelle y protagonizado por los fenomenales Miles Teller y J.K Simmons era sin dudas uno que esperaba y mucho tras haber visto los primeros avances hace ya unos meses. Lo primero que debo decir es que no me decepcionó en absoluto y lo segundo es que me pareció en extremo mejor de lo que ya pensaba que iba a ser, lo cual habla a mares de la calidad de la película. Que la hayan nominado para los premios de la Academia ya es un triunfo gigante para un filme que en comparación con los demás de la lista no posee ni un cuarto de su presupuesto y de su lobby publicitario. 

Fletcher (J.K Simmons) es una eminencia dentro del mundo de la música. Profesor y Director de la orquesta principal de la mejor academia de música en los Estados Unidos, se encuentra en la constante búsqueda de nuevos talentos para sumar a su grupo profesional. De casualidad, se cruza con Andrew (Miles Teller), un joven estudiante de primer año que está haciendo sus primeras armas con la batería. Con mucho talento pero también con demasiado por aprender, sorprende al experimentado pope a pesar de una audición espontánea bastante irregular. A pesar de esto, Andrew es alguien ambicioso e incansable que busca de todas las maneras posible capturar la atención de esta figura a la que admira tanto. Con sus apenas 19 años a cuestas, se gana la posibilidad de ser el segundo en la batería de la orquesta del establecimiento. Desde aquí en adelante, comenzará dos relaciones que van a configurar el resto de su vida y que lo pondrán ante una disyuntiva que suele ser el dilema de todo talentoso: primero con Fletcher, que sabe lo que vale, y casi de inmediato con Nicole (Melissa Benoist), una muchacha que trabaja en la sala de cine a la que asiste a cada semana con su padre y con la que posee una evidente química. 


Desde la primera sesión, Andrew se va a encontrar con un maestro implacable que primero presenta una faceta muy amable y compinche y luego exhibe su verdadero rostro. Alguien dispuesto a exprimir al máximo a los verdaderos talentos, a esos que pueden llegar lejos, para evitar que se queden a mitad de camino. Esto aunque implique hacerlos sudar, llorar y hasta sangrar para que se puedan encontrar a sí mismos. Los límites, claro, no existen para Fletcher que no ceja jamás a la hora de dar con la gema que termine de decorar su brillante corona. 


Whiplash es un perfecto retrato de una escuela musical de excelencia. Tenemos primera fila para las prácticas y los shows, así como para la presión total a medida que la vara comienza a elevarse. Para el protagonista, su vida se convierte en un trabajo obsesivo y nocivo a la vez, de 24 horas corridas tocando la batería con la foto de Buddy Rich pegada en la pared. Asistimos a un tour de force de la mano de Miles Teller, que está perfecto en la composición de un chico con sueños, talento y muchas ganas de ser el mejor en los suyo. Su Andrew tiene muy en claro que el momento de elegir entre una vida normal o una abocada a la música llegará muy pronto, más allá de las lógicas dudas que lo invadirán una vez que se enfrente con esa realidad. En el medio debe enfrentar a los prejuicios y burlas de su familia, basados sobre todo en la ignorancia respecto de lo que él estudia y en el hecho de que su hermano mayor es el típico Quarterback estrellita de la High School.


La pieza que le da la forma definitiva a la historia es J.K Simmons, que nos entrega una actuación memorable que ya le ha valido un Globo de Oro como Mejor Actor de Reparto y más vale que le consiga su muy merecido Oscar en esa misma categoría. Su trabajo es tan intenso y tan meticuloso que el espectador nunca puede dilucidad si él es el personaje principal o el partenaire en la trama. Con una ambigüedad maquiavélica, su Fletcher es un profesor que solo conoce un método para sacar lo mejor de los suyos: la dureza que llega a ser maldad en estado puro. Ni piedad ni contemplación alguna a la hora de armar una excelente orquesta y de, más que nada, forjar a un músico legendario.
 

La química entre Teller y Simmons es impresionante en todas las fases que atraviesa su relación. Del encanto inicial a la oscuridad y tensión que afloran casi en la mitad y terminan estallando en la magnífica resolución del filme. La progresión del blanco hacia el negro está manejada con mucho criterio y con un timing sensacional por parte de los dos actores que con el manejo corporal y de la mirada lo dejan a uno con la piel de gallina y pidiendo más al mismo tiempo. Whiplash es una batalla entre dos personajes con demasiadas aristas y un ego incontenible que, para sorpresa de muchos, es lo que los mantiene unidos aun en los peores momentos. Son dos planetas que se atraen y que terminan chocando en un duelo digno de la mejor película de acción.


El guión escrito por Chazelle es impecable y se desenvuelve con el tiempo justo. Lo mejor llega cuando todos pensamos que la lección ya ha terminado y que los buenos son los que triunfan contra el abuso y el exceso. Es allí cuando un inteligente giro, en una secuencia final que hiela la sangre, nos hace darnos cuenta que tal vez no entendimos demasiado el filme. Que hay ciertas cosas que son necesarias para llegar a ser uno de los grandes de verdad y no solo una mera atracción de bares de mala muerte. La vuelta de tuerca que espera al final es aún más potente y nos envía a la lona con un muy buen golpe al hígado, una de esas trompadas que son imperceptibles pero suficientes para derrotar a cualquiera. 


Whiplash es un viaje de ida y sin el retorno garantizado, de la sumisión y la humillación al choque directo sin jerarquías ni mediaciones. El trabajo de Miles Teller es excelente como el alumno atormentado por el mentor y ya es correcto y necesario decir que es uno de los mejores actores de la nueva generación. Pero desde el primer minuto es J.K Simmons quien se lleva todas las palmas como la encarnación perfecta de esa famosa frase de que si el fin es noble, los medios son lo que menos importa. Chazelle armó un gran libro y detrás de cámaras se luce con planos que nos meten de lleno en el corazón de una guerra a pura adrenalina, sudor y sangre. El cierre del filme es más que impresionante y no da respiro: ni en Alaska uno sentiría frío después de presenciar tamaña pieza artística. Las luces están muy bien dispuestas, siempre tenues pues Whiplash se desarrolla en las sombras del instituto y en las noches sin dormir de su protagonista y luego explotando cuando sale al exterior tras tanto encierro. Demás está agregar que la música es hermosa y que el soundtrack es uno que deben comprar de inmediato si es que aman el Jazz o la buena vida en líneas generales. Les presento a Whiplash, mi película para esta temporada de premios. 



Puntaje: 10+/10   



lunes, 12 de enero de 2015

The Grand Budapest Hotel

Wes Anderson es de esos directores a los que uno ama u odia. No suele haber términos medios a la hora de criticar su vasta filmografía, pero nadie puede dudar de dos aspectos esenciales: es uno de los pocos representantes del cine de autor que aún resisten a la industria y a los avances tecnológicos - es decir, que saben como usarlos sin por ello perder su originalidad y sus marcas- y es un brillante constructor de universos. Cada uno de ellos es siempre muy colorido y muy similar a una maqueta llena de detalles, algo que no los hace baratos sino todo lo contrario. Hay una sensación de trabajo fino artesanal que transmite cada una de sus escenografías que es notable y hermosa. Una originalidad y creatividad que han sido elogiadas y apreciadas hasta por los críticos más reacios. The Grand Budapest Hotel es a mi parecer uno de los mejores filmes de la pasada temporada y sin dudas debe estar dentro del grupo de las nominadas para Mejor Película en la mayoría de las grandes premiaciones que ya dieron comienzo ayer con los Golden Globes. 

La historia nos sitúa en Europa del Este, en la imaginaria y antigua República de Zubrowka, alguna vez cuna de un gran imperio. Al ser un típico pueblito del Este, da pie para la atemporalidad narrativa que el director busca desde la primera escena. Un escritor, que es el narrador de la historia, con un veloz flashback nos lleva a un pasado que ya parece demasiado lejano: la época en la que un lugar llamado The Grand Budapest Hotel estaba al borde de una inminente demolición. Nos encontramos con nuestro narrador de mucho más joven, hablando con el recepcionista de turno acerca de la decadencia del otrora legendario hotel. Casualmente en el hall de entrada se encuentra su viejo, excéntrico y millonario dueño, Mr. Moustafa (F. Murray Abraham) que lo invita a cenar para contarle toda la historia sin tergiversaciones ni mentiras. Con el segundo flashback consecutivo, ergo el mismo número de marcos dentro de la trama central, nos introducimos en la la nave central del filme.


M. Gustave (Ralph Fiennes) era en 1932 el primer conserje del establecimiento. Un hombre con valores y dispuesto a ir a fondo - literalmente hablando- para conseguir la lealtad de sus clientes, en su mayoría todas personas llenas de dinero. A ellos les presentaba una superficie muy amable y cálida que escondía una personalidad rapaz y trabajadora, dispuesta a sacarle el máximo beneficio al negocio. Básicamente M. Gustave es un hipócrita, pero eso no genera ningún tipo de repulsión ya que detrás de sus cuestionables medios hay un fin muy noble. Ingresa en escena Zero (Tony Revolori), el nuevo botones del hotel que se convertirá al poco tiempo en el aprendiz y confidente de M. Gustave. La relación entre los dos será tirante pero sólida y su experimentado jefe buscará enseñarle todo lo que sabe acerca del lugar y del negocio. Al dueño del Grand Budapest Hotel no lo conocemos, solo sabemos que es una presencia sombría que se presenta a cada mes para chequear los balances y luego se retira tan veloz y silenciosamente que como llegó.  


El detonante del conflicto será la muerte de una de las amantes de M. Gustave, que seguida del posible inicio de una gran guerra desembocará en una serie de reflexiones acerca de la vida misma. Heredará una fortuna incalculable y una obra de arte de gran valor al mismo tiempo que la frontera se cierra definitivamente y se da inicio a la lucha bélica. En el camino al lecho de muerte de esta señora, Zero y Gustave comenzará una serie de aventuras a través de un continente teñido de rojo sangre. Día a día las cosas cambian y nada parece indicar que las cosas van a mejorar en el corto plazo, por lo que la lucha por esta fortuna y este cuadro se hará cada vez más ardua para los dos protagonistas.


Los insertos atemporales y comentarios inundan el filme pero nunca logran cansarnos o aburrirnos. Son muy bien utilizados por Wes Anderson y les dan mucho dinamismo a The Grand Budapest Hotel. Los cortes repentinos entre las muchas, variadas y coloridas escenografías son sensacionales y muy atractivos para la vista. De a ratos el filme muta en un policial dedicado a explicar la conspiración de la que en teoría M. Gustave es víctima. 


Los contínuos enfoques violentos hacia adelante - un viejo recurso que bien utilizado nunca deja de ser eficaz- acentúan los lugares clave de cada escena y por poco que la cuentan sin la necesidad de que haya diálogo. La sincronización musical es perfecta y es lo que permite que esta apuesta técnica funcione sin fallas. La política está presente, no podía ser de otra manera, pero de manera sutil; con elementos importantes dentro de cada escena, algo que solía hacer un tal Stanley Kubrik cuando nos quería marcar una cuestión que subyacía por debajo de la historia. El Nazismo y el Comunismo son presentados como las dos caras de la misma moneda maldita y si lo pensamos estrictamente en el sentido histórico real, esta afirmación del director es cierta. 


Los personajes secundarios son en su mayoría tomados por grandes actores como Harvey Keitel, Adrien Brody, Willem Dafoe, Owen Wilson, Jude Law, Bob Balaban, Tom Wilkinson, Tilda SwintonLéa Seydoux, Bill Murray, Edward Norton y Jeff Goldblum. Todos ellos descollan en sus roles sin importar si apenas aparecen en dos escenas y su participación es más relevante que la de un simple cameo para poder cobrar un poco de dinero casi sin esfuerzo. El ingreso de Agatha (Saoirse Ronan) en la trama hace que se de una mágica combinación entre varios géneros, una multiplicidad de películas posibles dentro de una: comenzando desde el romance, pasando por el dramático, y siguiendo con la sátira, la comedia costumbrista y el más entretenido e inocente espíritu de aventura. 


La relación entre M. Gustave y Zero es lo que importa y el desarrollo de ambos personajes es óptimo así como la química entre los dos intérpretes. El resto del elenco logra dejar su marca, no quedan al margen de la historia, pero al fin y al cabo son meras herramientas manejadas con mucha viveza criolla - je- por Anderson para darle un poco de intriga y misterio a The Grand Budapest Hotel.


The Grand Budapest Hotel es una excelente película y la única manera de comprobarlo es sentarse y mirarla sin prejuicios ni influencia de lecturas previas acerca de ella. Las escenas están filmadas con una excelencia digna de los mejores, como suele suceder siempre con Wes Anderson. El guión es más bien simple y se le agregan algunos rulos dramáticos para que no se torne monótona y arrastre consigo al andamiaje que carga sobre sus hombros. La atención del espectador debe estar dedicada a cada personaje, a sus diálogos y a cada micro escena que se abre frente a sus ojos. Las actuaciones son maravillosas en Fiennes y Revolori y los demás grandes actores que completan el cast cumplen al pie de la letra su función en un esquema que los ha concebido solamente como tuercas que ayudan a que la rueda gire sin traba alguna. La nominación al Oscar debería llegar para The Grand Budapest Hotel, sería inconcebible que semejante filme no estuviese como mínimo dentro de las que van a disputar la estatuilla más codiciada. Mi conclusión es que Wes Anderson nos ha regalado otro lujo que, si se mira con mucha atención, es demasiado disfrutable como para ser ignorado.



Puntaje: 8.5/10