lunes, 8 de julio de 2013

The Great Gatsby: Fuegos artificiales y Di Caprio

El director australiano Baz Luhrmann nos tiene acostumbrados a los grandes espectáculos. Nunca le tuvo miedo a la grandilocuencia y parece disfrutar el juego que se da dentro del terreno de lo exagerado y la fastuoso. Esto es fácil de comprobar. Alcanza con mirar Romeo+Juliet (1996), Moulin Rouge (2001) - que inexplicablemente aún no tiene su propio musical- y su más reciente Australia (2008). Si bien son muy distintos entre sí, la visión y el estilo de Luhrmann están claramente marcados en ellos. Este año nos trajo The Great Gatsby una versión del clásico de Francis Scott Fitzgerald  que supera con creces a su antecesora de 1974, un fallido filme muy lento y con muy poca chispa (más allá de que Robert Redford no está del todo mal en el rol de Jay Gatsby). Se puede decir que junto a Di Caprio, Luhrmann logró filmar una versión muy interesante y que atrapa al mismo tiempo que entretiene.

La película es narrada por Nick Carraway (un razonable pero sin alma ni expresión Tobey Maguire) que a su vez es protagonista central de los hechos que está contando. Esto puede ser un poco incómodo y hasta se lo podría haber manejado de otra manera. Daisy Buchanan - el gran amor de Gatsby y la persona por la que este decide hacerse millonario para así poder reconquistarla- es interpretada sobriamente por Carey Mulligan quien da con el estilo a la perfección pero carece de expresividad y emotividad para interpretar a un personaje tan importante. Aún así, es importante remarcar que su frialdad es ideal para el desarrollo posterior de la historia. Luhrmann recrea perfectamente la Nueva York de los años 20' y aquellos años de fiesta y jazz. El vestuario, los escenarios y los actores entran en perfecta sincronía para llevarnos de vuelta a aquella época - y es noble remarcar que el toque de modernidad no molesta en lo absoluto-. El derroche, que fue la marca de la Generación Jazz, es ideal para que el australiano despliegue sus habilidades. El soundtrack completa el cuadro: es excelente y sin dudas que ha sido un acierto del director el haber elegido música moderna (Hip-Hop con Jay-Z, Kanye West y Beyonce a la cabeza) para ambientar su creación. Se lo criticó mucho por esto en particular, pero ya lo había hecho con excelentes resultados en Moulin Rouge y en esta ocasión queda nuevamente lejos de decepcionar. El gran problema es que a veces da la sensación de que es la banda sonora, y no los actores, la que sostiene el ritmo y el dramatismo de las escenas.


Párrafo aparte para el gran Leonardo Di Caprio, que nos entrega una de sus mejores actuaciones, algo impresionante considerando que la mayoría de sus interpretaciones han sido muy buenas. Es un hecho que todavía le quedan muchas cartas bajo la manga al talentoso actor norteamericano. Su Jay Gatsby deslumbra desde el momento en el que aparece en escena. Uno se queda fijado en la pantalla, no puede sacarle los ojos de encima ni aún en sus momento de mayor oscuridad y dolor. Estos dos rasgos siempre están a flor de piel, pero solamente lo consumen al final de la película. Aunque ni así deja de ser extremadamente brillante, locuaz y encantador. Di Caprio es lo más memorable de esta película, ya que transita por las diferentes etapas de Gatsby sin fisuras ni exageraciones. Logra ser ampuloso y contenido al mismo tiempo, algo que no consigue el filme en general.


The Great Gatsby es un buen filme. Está bien dirigido por un director ideal para este tipo de películas, tiene buenas intenciones y a un talento como Di Caprio en uno de los puntos más altos de su ya de por sí excelente carrera. Pero se queda a mitad de camino, porque elige ser fastuoso antes que profundo. Elige colocar la fiesta y el exceso por sobre todo lo demás. Al fin y al cabo, es un retrato de aquellos años locos...

Puntaje: 7.5/10

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