sábado, 31 de mayo de 2014

Kill Your Darlings

La Generación Beat fue un grupo de talentosos escritores que cambió una época introduciendo una concepción diferente de la realidad. Creo que estudiarla es una de las cosas más apasionantes que se pueden hacer, pues su relevancia social es demasiado importante como para dejarla de lado. Allen Ginsberg, Jack Kerouac y William S. Burroughs fueron sus tres grandes exponentes y además tres escritores brillantes que dejaron una huella imposible de borrar en el campo literario. Kill Your Darlings es la opera prima de John Krokidas y su guión es una adaptación de "And The Hippos Were Boiled In Their Tanks", un gran libro escrito por Kerouac y Burroughs a dos manos que además recomiendo fervorosamente. El filme además de servir como una introducción a la Generación Beat, también nos muestra a estos talentos en el momento en el que se conocieron y dieron los primeros pasos que los llevarían a conformar un movimiento que hasta el día de hoy genera innumerables debates y controversias.

Un joven Allen Ginsberg (Daniel Radcliffe), hijo de un reconocido poeta, aplica para ingresar a Columbia y lo logra. En un primer momento, el enamoramiento va a ser absoluto. Pero no pasará mucho tiempo hasta que comience a sentirse incómodo con la rigidez académica - es decir, pacatería y esnobismo en estado puro- de un establecimiento que, con su tradición y valores anticuados, parece estancado en el tiempo. El ingreso de Lucien Carr (Dane DeHaan) leyendo a un prohibidísimo Henry Miller parado sobre la mesa de la biblioteca mientras Ginsberg y otros ingresantes reciben el tour por la universidad, logra sorprender de manera positiva al novel estudiante. El acercamiento se hará efectivo al poco tiempo y Ginsberg descubrirá en Carr a un muchacho brillante y libertino que lo inicia en la buena literatura y en los vicios más profundos que se puedan conocer. Desde un primer momento, la química entre ambos es muy extraña y contiene grandes dósis de tensión sexual e intelectual. Los demás personajes irán ingresando en la historia a medida que la relación entre los dos aumente en intensidad y supere todo tipo de límites. Mientras se prefigura el escenario donde explotará el Movimiento Beat, un conflicto amoroso hace que Ginsberg, Burroughs y Kerouac se vean involucrados en una situación que podría arruinarlos para siempre.


Lo que se ve en Kill Your Darlings es el embrión de la Generación Beat. Todavía no son nada que se le parezca y no hay un movimiento que responda a ese nombre pero de a poco el clima social comienza a cambiar tras las Segunda Guerra Mundial. La Nueva York "Beat" era ya casi una realidad para ese entonces. Los tres protagonistas centrales se retroalimentan y en esto se encuentran las bases de lo que fundaron casi sin imaginárselo o proponérselo. Cada uno fue una influencia personal e intelectual para el otro, fueron de gran ayuda para el desarrollo mútuo de sus talentos. Antes de ser "Beats", ellos planteaban un sentido común muy distinto al vigente durante 1950/60: estaban en contra del academicismo y las tradiciones, y para lograr superar este esquema buscaban incesantemente una nueva visión de la sociedad y del mundo mismo. Un sistema en el que la libertad fuese el eje central y donde las pesadas cadenas del pasado desapareciesen para no regresar. 


El centro de la trama está en la turbulenta y apasionada relación entre Lucien Carr y Allen Ginsberg. La pasión, el amor y el dolor confluyen de una manera intensa a medida que ambos se van conociendo. Carr era muy distinto a Ginsberg, poseía una personalidad explosiva e instintiva, lo racional siempre quedaba a un lado cuando se trataba de sus cuestiones personales. Obviamente que esto lo hacia una persona muy complicada no ya para sostener una relación - cualquiera que esta fuere- sino para siquiera tratar. Pero más allá de sus trastornos y obsesiones, Carr fue "la plasticola que unió a Kerouac, Burroughs y Ginsberg", como bien dijo el mismo poeta varios años más tarde mientras el Movimiento Beat se encontraba en su momento de mayor efervescencia.


El juego pasional sin ningún tipo de ataduras, prejuicios ni límites entre los cuatro personajes, que incluye una fuerte experimentación sexual y con todo tipo de drogas, derivará en una tragedia de la que no podrán escapar tan fácilmente. El "Círculo Beat" apenas si pudo salir unido de ese episodio que en ese momento estuvo muy cerca de dinamitar los cimientos de algo que recién estaba comenzando.


Hasta aquí con la trama. Ahora vayamos a las actuaciones, que en su mayoría son impecables y llevan adelante a la película con rítmo y pasión. Dane DeHaan sigue demostrándo que es un actor muy versátil y talentoso. Tiene mucho presente y no les cuento lo que tiene con miras al futuro. Aquí logra que Lucien Carr resucite y aparezca frente al espectador en la pantalla. Carr era un muchacho brillante y atormentado que tenía una relación bastante tortuosa con un profesor suyo que se tornó en obsesión y persecución de parte de este. Todos sus temores e inseguridades yacían detrás de su fachada repleta de confianza en sí mismo y es en este punto en el que DeHaan brilla ya que desde la mirada solamente logra transmitir todos los fantasmas que su personaje tiene. Michael C. Hall interpreta de manera óptima al profesor que atormentó a Carr durante toda su adolescencia y logra dar en la tecla con la enfermiza obsesión de alguien dispuesto a perder todo con tal de perseguir a su objeto pasional. Un buen paso tras el éxito de Dexter. Daniel Radcliffe no parece poder salirse de la maldición de Harry Potter más allá de ser un muy buen actor sin duda alguna. De a ratos convence como Ginsberg pero va a tener que dar algunos pasos más allá de escenas con drogas y desnudos para consolidarse. A su favor debo decir que sabe jugar con la ambiguedad sexual de su personaje y que como narrador posee una voz amena y por ello es muy eficiente. Ben Foster redondea un gran trabajo con Burroughs y es el que menos aparece en escena de los tres grandes del Beat. Aun así, cada escena le da más que tiempo suficiente para mostrar toda la oscuridad y el libertinaje que se harían marca registrada de este fenomenal autor. Un dato aparte, una pequeña nota de color: David Cross interpreta al papá de Allen Ginsberg en el filme y él mismo también se puso en la piel del poeta en la película Don't Look Back - en el fragmento del Dylan de los 60'- y a decir verdad el parecido entre ambos es realmente particular.


Como ya dijimos, Kill Your Darlings es un muy buen retrato de la Generación Beat en estado embrionário. De todas las historias que ese movimiento nos ha dado, esta sin lugar a dudas es una de las más poderosas e intensas. Si bien la película tiene sus baches en la trama y su figura central no es la que más sobresale dentro de un gran elenco, respeta los hechos tal como se los conoce y puede ser vista como la "cocina" del libro de Kerouac y Burroughs mencionado al comienzo de la crítica. Quienes gusten de esta época se van a encontrar con una fiel recreación de los años 50'/60' - tanto desde la imagen como desde la época en sí misma- y quienes sean apasionados por el Movimiento Beat encontrarán en el filme una novedad para agregar a la lista de datos. Y si les gustan las dos cosas por igual, les aseguro que no terminarán en absoluto insatisfechos.


Puntaje: 7/10
    

jueves, 22 de mayo de 2014

Inside Llewyn Davis

Soy un gran fanático de los hermanos Coen y de todo lo que se relacione con los años 60'. Mi pasión por aquellos años y toda la escena cultural que surgió en los Estados Unidos se origina en Bob Dylan y se hace más poderosa con el estudio de lo que fue el Movimiento Beat. Inside Llewyn Davis es un filme que desde el poster está impregnado de todas estas cosas que adoro y admiro, por ende era muy complicado que no me gustase. Aun así decidí sentarme a verla de la manera más objetiva posible y como me lo imaginaba- me encontré con una de las películas más hermosas del año pasado.

Llewyn Davis (Oscar Isaac) es un músico de Folk en pleno auge de ese estilo musical. La sombra de Bob Dylan sobrevuela todo el filme y parece perseguir a este particular trovador que intenta abrirse paso en el showbusiness. Localizada en Greenwich Village, Nueva York - la cuna del Folk- la película nos muestra a un infelíz, malhumorado y talentosísimo cantautor recorriendo un bar de mala muerte tras otro y durmiendo noche a noche en sillones ajenos. Llewyn Davis no tiene hogar, solamente tiene su guitarra y el recuerdo de mejores épocas. Su carrera como solista no despega tras la trágica muerte de un amigo con el que formaba un dueto que, a decir verdad, tampoco era demasiado maravilloso. Llewyn Davis es un hombre sin perspectiva de futuro y con un presente bastante complicado. Con su mal genio a cuestas camina por inercia, solo para sobrevivir a diario y conseguir que el éxito lo encuentre de una manera cuasi milagrosa. Vive con lo puesto y no parecen importarle siquiera las personas que más lo quieren y lo cuidan. Su relación con su mejor amigo Jim (Justin Timberlake) es difícil por varias cosas: tiene el éxito que él tanto desea y tiene a la mujer que él ama (o al menos eso piensa). Gene (Carey Mulligan) es la novia de Jim y hace las veces de "June Carter para Johnny Cash" en un duo con su pareja. El gran problema es que está embarazada de Llewyn, con quien venía manteniendo encuentros casuales cada vez que este se quedaba a dormir en su casa.


Hay una gran escena en la que Gene discute con Llewyn en plena calle tras haberle comunicado lo del embarazo, le dice que todo lo que toca lo destruye. Que es el hermano bobo del Rey Midas - gran expresión-, algo que lo describe a la perfección a este atormentado personaje. Ya sea con sus amigos en el Upper East Side o entre los suyos en Greenwich Village, Davis siempre es sapo de otro pozo. No sabe quien es y por esta angustia existencial se pasa los días destruyendo todos sus vínculos afectivos. Hasta llega a perder al gato, que lo sigue fielmente desde las primeras escenas y que era lo único que cuidaba con énfasis y dedicación. Llega un punto en el que nuestro anti-héroe se queda completamente solo sin siquiera tener a mano un sillón provisorio para evitar el frío asesino de las noches neoyorquinas.


En Llewyn Davis los hermanos Joel y Ethan Coen intentaron personificar a todos los que lo intentaron en los años 60'. Todos los que quedaron en el camino tras la aparición de ese huracán llamado Bob Dylan o que simplemente fueron relegados a un lugar anecdótico en la historia de la música. Llewyn es un muy buen músico, con una voz profunda y canciones que erizan la piel, que tocan el corazón. Pero el aun no haberse encontrado a sí mismo hace que todo parezca imposible, que la pendiente siga haciéndose cada vez más cuesta arriba.


Oscar Isaac realiza una brillante labor en la piel de Llewyn Davis, este músico frustrado y cansado de ir por la vida de fracaso en fracaso. Su expresión facial carga con todo su dolor y logra desgarrar el alma con una mirada. Más allá de ser un completo idiota con tintes de hijo de puta, dan ganas de ir y ayudarlo. Carey Mulligan está muy sólida y logra que su Gene sea muy sentida. Su química con Isaac es muy buena y se nota que más allá de todo lo quiere mucho a Davis y que busca ayudarlo más allá de todo el mal que le ha hecho (algo parecido a lo que le pasa a uno como espectador). El resto del elenco está excelente en su labor, pero quien sobresale es John Goodman que todo lo que hace lo convierte en una obra maestra. Su Roland Turner es lo suficientemente asqueroso como para hacer pasar a Davis por un santo.


Los Coen hacen - como siempre- un enorme trabajo detrás de las cámaras. La reconstrucción de la época es maravillosa y para el final se guardan una escena que da vuelta todo lo que uno pensaba que el filme era. Cada uno de los momentos anteriores posee otro sentido cuando los Coen usan el guión para aplicar una sutil trompada que nos deja aturdidos sin entender que pasaba hasta allí. El soundtrack es uno de los más hermosos que tuve la posibilidad de escuchar. Lo que hizo T-Bone Burnett es genial y las voces de Isaac y Timberlake no hacen más que agregarle brillo y emoción.


Inside Llewyn Davis es un viaje a lo más profundo del ser humano. Una prueba de que tanto ayer como hoy la vida siempre fue una experiencia plagada de obstáculos de la que siempre, hasta en la peor de las tormentas, se puede salir bien parado. 


Puntaje: 9/10

Adult World

Scott Coffey es un director poco conocido que la mayoría de su carrera en el cine se la ha pasado realizando papeles secundarios, algunos en filmes bastante buenos. Uno de ellos es de mis preferidos: hay muy pocos filmes que me diviertan más que Ferris Bueller's Day Off, una brillante comedia con un Matthew Broderick en pleno ascenso que relataba un día en el que su homónimo protagonista decidía fingir que estaba enfermo y escaparse con dos amigos a pasear por la ciudad. Fue el espejo en el que se miraron la mayoría de las comedias adolescentes que le siguieron y fue un éxito absoluto. Hecho este paréntesis - que estuvo solamente fomentado por haber encontrado este dato de color- vayamos hacia su segundo filme titulado Adult World. Hace varios años que asistimos a una proliferación de cintas hipsters-depresivas - muchas de ellas con actores del mainstream aun siendo independientes- que si bien se repiten hasta el hartazago a mi me suelen gustar cuando la historia y las actuaciones están en los lugares correctos. Y Adult World es uno de estos productos. Simpatico, dinámico y bien actuado, quizas de a ratos parezca más de lo mismo pero posee varias características que lo colocan por encima de la media entre sus pares.


La historia comienza con una joven poeta llamada Amy (Emma Roberts) que intenta suicidarse por asfixia. Inmediatamente un flashback nos lleva un año atrás donde vemos a esta entusiasta poeta buscando trabajo tras haberse graduado de la universidad. Ella tiene la convicción de que la grandeza la espera con los brazos abiertos, de que con su talento va a llevarse puesto al mundo. Sus padres no creen que tenga ningún futuro - al menos inmediato- como poeta y la presionan para que en lugar de gastar su mensualidad en concursos de poesía consiga un trabajo. Tras buscar en todos lados sin éxito, llega a una tienda que vende videos pornográficos y juguetes sexuales llamada "Adult World". Los dos dueños, unos viejitos geniales, la aceptan de inmediato. Al mismo tiempo va a intentar obtener el apoyo de su ídolo, el reclusivo y fóbico Rat Billings (John Cusack), un poeta al que su cuarto de hora le pasó hace ya mucho tiempo. En su nuevo trabajo conocerá a Alex (Evan Peters), que también trabaja en el local y a Rubia (Armando Riesco) un transexual que hace las veces de peluquera de Alex para ganarse unos dólares demás. Un tarde a Amy le roban el auto y cuando confronta a sus padres todo estalla: tras escuchar que es una ilusa y que nunca va a triunfar en el mundo literario, se escapa de su casa para poder ver si es posible encontrar un camino que la lleve hacia lo que más desea.


El personaje de Amy bien podría ser un cliché, pero está muy bien construido. Si bien posee una evidente facilidad para escribir poesía, todavía tiene que convertirla en talento. El proceso que pasará la llevará a descubrirse a sí misma y a definir si toda esa autoestima que posee realmente coincide con la realidad. El nombre que comparten el filme y la tienda XXX funciona como metáfora de lo complicada y poco satisfactória que puede ser la transición hacia la adultez. Esa famosa "salida a la vida real" o "al mundo" está siempre llena de decepciones y tropiezos hasta que en un momento uno logra encontrarse y poder vivir de una vez por todas esa vida.


Adult World se apoya en tres relaciones que funcionan a la perfección debido a la química entre los actores: Amy-Rubia, Amy-Rat y Amy-Alex. Cada uno de estos personajes irá ayudando a Amy a encontrar un camino por el que pueda llegar a concretar todas sus aspiraciones. Y al mismo tiempo la ayudan a ubicarse en la tierra y que deje de vivir en los sueños: a veces uno necesita que le digan la verdad por más molesta que pueda llegar a ser. No todos podemos llegar a ser todo eso que aspiramos pero mucho menos lo vamos a ser unos días después de terminar una carrera universitaria. A la vida hay que recorrerla y si se puede hay que evitar quemar etapas porque lo que se pierde no se recupera nunca más.

Las actuaciones son equilibradas y de buena calidad. John Cusack vuelve a ponerse en forma como un poeta sombrío y recluido que anhela sus viejos días de gloria y que no teme a la hora de decir lo que piensa. Las escenas que comparte con Emma Roberts son muy divertidas, pues su incomodidad ante la "persecución" casi obsesiva de esta fanática suya hace que lo peor de su carácter - bien bien ácido- florezca. Roberts sigue dando pasos agigantados en su carrera y compone a la perfección a esta muchacha que confía tal vez demasiado en una habilidad que bien podría no poseer. Siempre está entre la depresión y el ataque de nervios y consigue arrancar muchas risas al espectador y algunas reflexiones interesantes. Evan Peters es uno de los actores que más me gusta de esta nueva camada y también en general. Su talento puede verse en las tres American Horror Story, que además de ser una gema son una exhibición de todo lo que Peters puede dar adelante de una cámara. Aquí le toca hacer el típico papel de "chico enamorado con los pies en la tierra que se encuentra con chica soñadora y de carácter fuerte" que a decir verdad está muy por debajo de sus habilidades. Aun así la química con Emma Roberts - su novia en la vida real, algo que ayuda sin dudas- es perfecta y esto facilita el desenvolvimiento de su relación dentro de la historia.


Adult World es una entretenida - y bastante ácida- comedia dramática que busca enseñar o mostrar lo difícil que es la aventura de crecer. La dirección de Scott Coffey es muy buena y se ajusta a las nubes grises que hacen de fondo en cada escena. Es un filme bien hipster y las actuaciones y un guión inteligente con una trama que no da incesantes vueltas alrededor de temas irrelevantes hacen que no sea una más del montón. Que marque un punto de diferenciación respecto a varios productos de su género.


Puntaje: 7/10

martes, 29 de abril de 2014

Rush

Ron Howard es un director que tiene varias perlas en su filmografía. No puedo decir que lo adoro pero tampoco que lo odio. Hay varias de sus películas que me parecen muy buenas como es el caso de Cocoon (1985), Backdraft (1991), Far And Away (1992), Apollo 13 (1995), The Grinch (2000), The Da Vinci Code (2006) y Angels & Demons (2009). Luego están sus filmes que rozan el status de grandeza: la fenomenal Ed TV (1999), la demasiado underrated The Missing (2003) y la emotiva Cinderella Man (2005) que dan pie para sus dos mejores películas - y que sí pueden entrar tranquilamente en el salón de la fama-: A Beautiful Mind (2001) y Frost/Nixon (2008). En esta última, Howard retrata de una manera magistral un duelo entre dos personalidades muy fuertes como lo fueron Richard Nixon y su entrevistador más famoso, David Frost quien logró - con sudor y lágrimas- sacarle al ex-Presidente de los Estados Unidos una disculpa pública y una confesión a medias tras el escándalo de Watergate en una serie de memorables entrevistas. El año pasado, este director nacido en Oklahoma decidió tomar otra gran rivalidad y llevarla a la pantalla grande. El enfrentamiento entre Niki Lauda y James Hunt en la Temporada Mundial de Fórmula 1 de 1976 fue uno de los más emocionantes y trágicos en la historia del automovilismo. Estamos hablando de una época en la que la F-1 no había sido destruida en su esencia, en la que el piloto lo era todo y no había tanta ayuda de parte de la tecnología. Lauda y Hunt se odiaban y se respetaban al mismo tiempo. Y sabían lo que era dejar el alma en la pista y entregar un gran show. Una carrera de las viejas, de esas que solían ponerle la piel de gallina a cualquiera - fuese o no aficionado- que se sentase a verla.


Howard centra todo en lo opuesto de las personalidades del británico James Hunt (Chris Hemsworth) y del austriaco Niki Lauda (Daniel Bruhl). El primero un playboy talentoso y encantador al mismo tiempo. Guapo, extrovertido, carismático, amante de las fiestas, el alcohol y las mujeres. Pero por sobre todo esto un gran corredor con mucha hambre de gloria, una habilidad al volante pocas veces vista y una filosofía de vida que respetó hasta el final de sus días: vivir cada momento como si fuera el último. El segundo un joven nacido en una cuna de oro pero con una familia que nunca lo apoyó a la hora de perseguir sus sueños. No era ni por asomo como Hunt: minucioso, obsesivo, introvertido, talentoso desde lo técnico más que nada y con el solo objetivo en la vida de ganar. Eso era lo que le daba placer y a decir verdad en esto los dos coincidían, solo que el británico tenía una vida por fuera de las glamorosas pistas de la Fórmula 1. Los dos protagonistas se van a repartir durante todo el filme la narración de su rivalidad desde sus primeros choques en la F-3 hasta su inolvidable enfrentamiento en la F-1. Otra cuestión que los unía entre tantas diferencias fue el ser la oveja negra de su familia, algo que los persiguió toda la vida y que los impulsó a demostrar que podían ser los mejores del mundo.


Tanto Lauda como Hunt eran muy virtuosos y no le temían a los peligros que venían acarreados con su profesión. Había otra cuestión que los hacía distintos, además de su ya mencionada personalidad: el austriaco llegó a la máxima categoría pagando por su puesto - que luego revalidaría con títulos y carreras brillantes- y se ganó el lugar haciendo que los autos de Ferrari sean más veloces, mientras que el inglés debió luchar desde abajo para ganar su lugar en Williams, una escudería competitiva pero claramente inferior a la italiana. De entrada Lauda parece una máquina incapaz de sentir algo. Su inhumanidad es sorprendente y contrasta demasiado con Hunt, que es puro instinto. Más allá de ser aceite y agua, ambos eran dos ególatras que no tenían límites a la hora de alcanzar sus objetivos. Si bien desde lo mecánico Lauda corrió siempre con ventaja, desde lo técnico eran los dos mejores pilotos. Comienzan a intercalar victorias y monopolizan por completo ese recordado campeonato mundial de 1976.


Aunque frente a las cámaras se mostraba como alguien al que no le importaba nada más que el éxito, la fiesta y las mujeres, James Hunt era una persona muy sensible que vivía acechado por sus demonios internos. La separación compleja y dolorosa de su mujer Suzy Miller (una brillante Olivia Wilde) es un ejemplo de lo turbulenta que era su vida tanto dentro como fuera de las pistas. Su "némesis" tampoco era lo que se podía observar por televisión. Más allá de parecer perfecto y de convencer a todos de que no había nada capaz de afectarlo, cuando Hunt resurge de una manera brillante y comienza a vencerlo en varias carreras consecutivas la presión y la posibilidad del fracaso lo abruman. El solo pensar en perder lo llevará a cruzar todos los límites humanos y personales que hasta allí respetaba a rajatabla.


Luego, lo que todos conocemos. El accidente en el GP de Alemania que venía además precedido de un pedido - razonable y fundado- de suspensión previo a la carrera por parte de Lauda. La lluvia era incesante y la pista no estaba en buenas condiciones, pero Hunt - con la sangre en el ojo por una situación vivida algunas carreras atrás- presionó para que se corriese igual. A pesar de haberse quemado la cara y algunas partes del cuerpo de manera muy grave, el corredor de Ferrari sobrevive al choque. Desde la cama del hospital vio como su rival arrasa en todas las fechas y se dirigía sin obstáculos hacia el campeonato, hacia su sueño. Esto terminará siendo el combustible que lo impulse para regresar en tiempo récord a las pistas y pelear hasta la última vuelta algo que parecía estar perdido de antemano.


Chris Hemsworth está impecable y continúa su ascenso en Hollywood. Físicamente tuvo que reducir mucho su imponente musculatura para obtener un físico más espigado - aunque fibroso- como el que tenía Hunt por aquellos años. Su construcción del británico es muy buena y el personaje es interesante en sí mismo. Pura potencia, talento y carisma con una enorme sensibilidad. Hunt se sintió responsable por el accidente de Lauda y nunca pudo perdonárselo. Lo de Daniel Bruhl es digno de aplauso pues nuevamente entrega una maravillosa actuación. Su Niki Lauda es una máquina que de a poco comienza a romperse cuando la presión lo sobrepasa. Más allá de las apariencias y su poca sociabilidad, era una persona noble y sin maldad alguna. El motivo gesto del final lo enaltece como persona y lo hace completamente humano. La química entre los dos actores es óptima y sus cruces son chispeantes. Están en el mejor momento de sus carreras y aquí lo dejan bien en claro.


La filmación de las carreras es impresionante y de un gran dominio de cámaras. El trabajo de Ron Howard es excelente y resulta en una de las mejores películas de los últimos años. Técnicamente es de lo mejor dentro de su género y te mantiene atado a la butaca en todo momento. La recreación de época es otro punto a favor y las emociones no faltan en ninguna escena. Las actuaciones son muy buenas en general pero las que importan son las de Bruhl y Hemsworth que se transforman en estos dos gigantes y recrean una de las batallas más intensas y emocionantes de la historia de la F-1.


Rush es un filme lleno - lógicamente- de adrenalina. La velocidad es lo que predomina aunque también se hace lugar para el drama humano que es parte central de la historia. El guión es muy efectivo y está a la altura de las dos leyendas que llenan sus páginas. Es una verguenza que la mayoría de los grandes premios lo haya ignorado a la hora de los galardones, más allá de que nominaciones no le faltaron. Bueno, una sí le faltó pero a esta altura es un elogio eso. No fue considerada siquiera para los premios Oscar. Al fin y al cabo mejor para nosotros, ellos son los que se la pierden.


Puntaje: 10/10

  

miércoles, 26 de marzo de 2014

300: Rise Of An Empire

A contramano de lo que la mayoría de la crítica y público general opina, no creo que 300 (2006) sea la obra maestra de la que todos hablan. Es innegable que la genial novela gráfica de Frank Miller (un imprescindible a la hora de hablar del universo de los comics) es trasladada a la pantalla grande con mucha efectividad. La historia - una versión muy libre del mito de los 300 Espartanos- y el formato original son respetados a rajatabla. Los efectos visuales son impactantes - inaugurando un nuevo estilo que al poco tiempo fue imitado por todo el que tuviese un estudio dispuesto a financiarlo- y la línea que separa lo mítico de lo real es demasiado difusa como para tildar al filme de ser pura y estrictamente mitología griega. La sangre corre a borbotones y es tan espesa y oscura que uno siente que puede tocarla a través de la pantalla. Pero lo que al parecer más le ha gustado a todo el mundo son los discursos enfervorizados del Rey Leonidas (Gerry Butler, que a decir verdad está muy bien) para arengar a sus 300 leales soldados que deciden con mucho placer acompañarlo a luchar contra el Imperio Persa entero (ergo, a morir). Lo que en mi opinión hace que 300 no funcione de manera perfecta son las constantes declamaciones, los exagerados gritos de guerra y ese erotismo bizarro que se produce entre los Espartanos. La palabra "BRO-MANCE" tomada del slang norteamericano es sin dudas la que mejor describe a la mayoría de las escenas del filme. Su esperada secuela fue criticada de manera despiadada aunque al día de hoy sigue batiendo récords de taquilla a diario en todo el mundo - y habiendo sido estrenada hace ya más de 2 semanas-. Todos los dardos apuntaron a que era una mala imitación de su antecesora y a que la sangre y la violencia eran demasiado excesivas (?) algo que bien podría desconcertar a cualquier espectador. Justamente por elegir un camino diferente es que 300: Rise Of An Empire es un filme muy superior a su predecesor. Es decir: por no ahondar en interminables e insoportables discursos, por la increíble estética - que renovada supera con creces a la de 300 (2006)-, por su nivel pornográfico de violencia y por la genial y talentosa Eva Green. Ahora sí, vayamos a las cuestiones específicas que justifican mis argumentos.


300: Rise Of An Empire no se plantea como una secuela tradicional. De a momentos es una precuela, luego los hechos que narra transcurren en paralelo a la lucha de los 300 contra los Persas y recién sobre el final se coloca temporalmente después de los sucesos de la primera película. La narración es llevada adelante por Gorgo (Lena Headey), Reina de Esparta y esposa de Leonidas, que le habla a toda la flota de su nación en pleno océano. A pesar de su estructura llena de flashbacks y flashforwards, el círculo es perfecto pues todas las piezas terminan encajando en el lugar que corresponde. Hay tres personajes centrales en la trama: Themistocles (Sullivan Appleton), Xerxes (Rodrigo Santoro) y Artemisia (Eva Green). Primero vamos a conocer la historia de Xerxes, hijo del legendario Rey Darius, que ve como su padre es herido de muerte por Themistocles en la legendaria batalla de Marathon en el año 490 A.C. El Almirante griego luego terminará lamentando el no haber terminado con la vida de Xerxes en ese mismo instante. Su posterior transformación de un joven inexperto lleno de dudas y de miedos en un semi-Dios todopoderoso y sin ningún atisbo de humanidad llegará de la mano de la implacable Artemisia (Eva Green), que es la verdadera y única dueña del circo. Nacida en Grecia, de muy pequeña presenció el brutal asesinato de su familia en manos de sus propios compatriotas cuando atacaron su pueblo en uno de los habituales conflictos entre cada una de las naciones y pueblos que convivían dentro del territorio griego para ese entonces. Fue abusada sexualmente y traficada como esclava hasta que un guerrero persa la encontró en la calle a punto de morir tras una brutal golpiza propinada por uno de tantos hombres que la sometieron durante toda su adolescencia. Tras curarla, este emisario persa - al que todos ya tenemos visto en 300- decide entrenarla para aprovechar el odio que tiene dentro suyo. La venganza y su habilidad son lo que la llevan a ser la preferida del Rey y la Comandante de la monstruosa flota naval de Persia. Artemisia es una mujer sin miedo, una estratega brillante y una luchadora invencible tanto sobre un barco como en la lucha cuerpo a cuerpo. Su sed de sangre y muerte la llevan a poner en acción la maquina de guerra para vengar la muerte de Darius, a quien ella consideraba un padre. Si - como este le dijo antes de morir- solo los dioses podían vencer a los griegos, entonces Xerxes debía convertirse en uno. Veremos como lo manipula de una manera asquerosa y maravillosamente - miren que paradoja- inhumana para lograr sus dos objetivos: tener un títere en el trono y que el infierno se desate y caiga con toda la furia contra Grecia. En paralelo, Themistocles intenta en vano convencer a los espartanos de luchar codo a codo para salvar - y de paso crearla, porque hasta allí no existía- a su patria. Tras fracasar rotundamente, el ateniense decide luchar con las pocas naves que logra reunir mientras ruega que los 300 puedan unificar a todo el país con su inevitable y doloroso sacrificio. Por un tiempo mantiene a raya a la armada de Artemisia, ganándose su respeto y su odio al mismo tiempo, pero bien sabe que por una simple cuestión matemática la caída de Atenas es solo cuestión de días.


300: Rise Of An Empire está dirigida por Noam Murro, a quien no se le conoce ningún trabajo previo de gran envergadura. Zack Snyder esta vez decidió atenerse a solo redactar el guión y a producir el filme, algo que no fue bien visto de entrada. Por suerte el director israelí, y sin siquiera ser 1/4 de lo que es Snyder, logró ponerse a la altura de las circunstancias y llevar adelante una película que tiene mucha más acción y menos palabras que su predecesora. El guión es un laberinto que llega a buen puerto y - como ya mencioné- la imagen es más que excelente. Hay una predominancia de tonos oscuros y el que casi toda la acción suceda en altamar hace que el clima sea el de una tormenta perfecta. Las coreografías son muy buenas y los barcos persas son unas gigantes y admirables máquinas asesinas. Si ya en 300 (2006) había toneladas de sangre, aquí se puede decir que hay un festival de esta veinte veces mayor. La intensidad del filme es tal que no hay momento en el que uno pueda distraerse ni que no este al borde de la butaca. El 3D sin dudas que ayuda a generar toda esta tensión pues 300: Rise Of An Empire nació tanto para ese formato como para el IMAX. Los chorros de sangre siempre bañan al espectador y los espadazos y hachazos parecen destinados a quien está mirando y no para los personajes. 


Las actuaciones son buenas en general. Sullivan Appleton se ve afectado por la siempre presente sombra de Gerard Butler - que aparece en algunas escenas- pero logra que su Themistocles tenga toda la racionalidad y humanidad que aquel valiente guerrero espartano jamás tuvo. Hijo de la democracia, parte de una sociedad civilizada y opuesta a la de Esparta, intenta por todos los medios convencer a los suyos que si no pelean todo arderá. Que esta vez no hay negociación que valga, que hay que salir a responderle a la muerte con más muerte. Esto no lo exime de sentir el peor de los miedos ante el poder de Artemisia y sus barcos ni de dudar acerca de la posibilidad de conseguir un triunfo en condiciones tan adversas y disparejas. Me gustó que hayan puesto en la boca de Themistocles una de mis frases preferidas: "Preferimos morir de pie antes que vivir de rodillas". Rodrigo Santoro repite como Xerxes y si bien se profundiza mucho más en la historia de este particular rey, no es mucho lo que transmite en su nueva performance. Claro que la esencia de este persa es justamente no ser humano pero un poco más de carisma no mataría a nadie. Eso sí, desde lo físico no hay queja posible pues el imponente físico de esta estrella brasileña es ideal para ser exhibido con apenas un poco de ropa y muchas joyas encima. Lena Headey aparece poco y es quien realiza la narración del filme. Logra dar con el tono duro y autoritario del espartano aunque su presencia en un punto parece demasiado forzada. Me queda la sensación de que buscaron colocar una figura fuerte y femenina para rivalizar con Eva Green, cuestión absolutamente innecesaria e inútil pues superar el trabajo de esta enorme actriz es una tarea imposible.


Y entonces, por fin, llegamos a Eva Green. No hay mucho más que se pueda agregar a la tonelada de elogios y alabanzas que su trabajo  ha recibido. Artemisia es un personaje moderno dentro de un filme que se sitúa varios años antes de cristo. Si bien este hecho podría ser algo que interfiera con la trama, gracias a la versatilidad de Green no lo hace en lo absoluto y a decir verdad no hay momento en el que 300: Rise Of An Empire no se mueva alrededor de ella. Con una mirada de piedra y una personalidad avasallante, cada vez que aparece en escena el aire se corta con un cuchillo. No le va a temblar el pulso a la hora de asesinar a los Generales que le fallen ni se va a preocupar demasiado porque se pierdan las vidas de sus soldados y esclavos. Todos hablan de la ya famosa escena de sexo - que más bien es una pelea entre dos enemigos acérrimos- en la que utiliza su cuerpo para cooptar a Themistocles y hacerlo traicionar a su pueblo. Pero esto no es lo esencial de la actuación de Eva Green y es más bien machista centrar todo en ese momento que apenas si dura unos minutos. Desde un tono de voz lúgubre, una postura corporal firme pero que denota sus mil batallas peleadas y un vestuario que descolla por lo copado (no se pierdan la armadura con las espinas en la espalda), esta actriz francesa se roba la totalidad del filme. La verdadera cabeza del Imperio Persa es ella y no va a dejar que nada interfiera con su tan ansiada venganza. Se podría creer que Artemisia siempre se guió por los impulsos debido a su historia personal y a como se definió la Batalla de Salamina pero esto es una visión errónea. La gran escena en la que le enrostra a Xerxes que él es Rey solo por obra y gracia de ella y en la que además le advierte que con su ensañamiento con los 300 de Leonidas y la quema de Atenas solo ha logrado unificar a una nación, es la prueba de que detrás de ese deseo por matar a todo el que se interponga en su camino también había una mente maestra. Ah y cuando le dice a Themistocles, tras recibir un golpe suyo, que "peleas mucho más duro de lo que coges" se encarga de ganarle al machismo por K.O en el primer round. La elección de Eva Green para este papel no podría haber sido más acertada. 


300: Rise Of An Empire se alza con el premio mayor de esta primera parte del año. Supera a un filme que se creía imposible de vencer como 300 (2006) y eleva los niveles de violencia y sangre hasta el infinito. Cierra todos los baches que habían quedado abiertos en el filme previo y se dedica a explicar muy detalladamente la historia de sus personajes principales. Sus vaivenes temporales dotan a la trama de un factor clave: la sorpresa. El espectador nunca sabe para que momento de la historia va a salir la próxima escena y la muy buena edición impide que uno se pierda entre tanta vuelta. El CGI es despampanante y por suerte Snyder eligió bajarle un par de tonos a la imagen hasta sumirla en una oscuridad digna del fondo del amenazador océano sobre el que griegos y persas batallan sin cesar. El "BRO-MANCE" queda descartado para siempre y espero que si hay una tercera entrega - algo que se cae de maduro - no regrese nunca. Los discursos se ven reducidos al mínimo, algo que se agradece con todo el corazón y la dirección de Noam Murro es buena. El elenco es regular y se presta a la épica que plantea la película. Pero quien se lleva todas las palmas es Eva Green con su sádica y brillante Artemisia. Y en esto último hubo consenso hasta en los más críticos del filme. Cualquiera podrá realizar una crítica muy diferente a esta, pues la crítica de cine es una profesión demasiado subjetiva lo cual es sumamente positivo. Pero hay ciertas cuestiones que no pueden ser ignoradas haya gustado o no la película. 


Puntaje: 8.5/10  
      


      

lunes, 24 de marzo de 2014

I, Frankenstein

Frankenstein no es uno de mis monstruos preferidos. Si bien su historia es interesante y muy oscura, nunca lo encontré tan atractivo como a Drácula, al Hombre Lobo y a otras bestias del universo de la literatura. De la mano de Stuart Beattie, más que nada conocido por su labor como guionista en la saga Pirates Of The Caribbean, llega una total reinvención de la leyenda de Victor Frankenstein y su criatura infernal que fracasa desde casi todo punto de vista. No era necesario volver a incursionar en un personaje que ya ha tenido varios intentos fallidos y que es mejor dejarlo tal como nos lo cuenta la maravillosa novela de Mary Shelley.

Beattie decidió imaginarse la historia de Frankenstein en clave Underworld. Para sazonarla un poco le agregó una pequeña pizca de Constantine resultando I, Frankenstein en un mero pastiche de estas dos películas, en una burda imitación plagada de CGI y líneas bastante estúpidas. La trama se puede explicar en unas pocas líneas: tras un breve resumen del derrotero del monstruo - narrado por él mismo- tras asesinar a su creador nos adentramos en la típica lucha entre el bien y el mal que definirá el destino de la humanidad, que a su vez no está ni enterada de lo que sucede enfrente de sus ojos a diario (uno no puede considerar el ver a una gárgola peleando con un demonio como un evento cotidiano o normal). En paralelo un - si se quiere- diablo muy malvado (Bill Nighy, que también es el más malo de los malos en Underworld) intenta dar con el diario de Victor Frankenstein para poder utilizar su experimento y revivir a los millones de cuerpos humanos que tiene estoqueados en la parte de abajo de su fortaleza. Una vez que tengan pulso nuevamente podrán ser poseídos por millones de diablos, conquistar el mundo de una vez por todas y cargarse a las gárgolas (los Ángeles) que los vienen manteniendo a raya hace varios siglos. Mientras la lucha se desarrolla, Frankenstein (Aaron Eckhart) debe encontrarse a sí mismo y encontrar a alguien que confíe en él, pues tanto los ángeles como los demonios le realizan jugadas tramposas para utilizarlo a su favor y luego asesinarlo. 


I, Frankenstein está plagada de efectos especiales que son bastante malos, aunque gracias al generoso presupuesto del filme nunca quedan por debajo de la media de decencia. Aaron Eckhart es lo más rescatable de un filme para el olvido. Su preparación física es excelente, le pone muy bien el cuerpo a las escenas de acción y cuando es necesario le da humanidad al monstruo. Es el único que no luce forzado de todo el elenco principal, aunque Bill Nighy está - as usual- deliciosamente macabro y canchero. Estos dos buenos actores son lo único que vale la pena de este ensayo fallido. El único acierto de Beattie fue el centrar la historia en el debate interno que tiene Frankenstein entre su lado humano y su lado monstruo. En su incesante búsqueda de identidad y por ende de humanidad, algo que respeta bastante al libro original. El típico dilema de la inmortalidad que es demasiado tentadora desde afuera pero de adquirirla puede convertirse en la peor de las maldiciones. Tal vez la veta del bueno de Stuart esté más del lado de los guiones, porque queda bien claro que detrás de cámaras es un desastre. 


I, Frankenstein es un filme que debe ser dejado atrás lo más pronto posible. La modernización del cuento que ejecuta este inexperto director nunca encuentra forma siquiera y termina colgada de las anchas espaldas de Aaron Eckhart que - junto a los ratitos de Bill Nighy, que por mala suerte para nosotros y la película son muy pocos- es la razón por la que no voy a colocar una puntuación aún más baja que la siguiente.


Puntaje: 3/10

martes, 18 de marzo de 2014

Robocop

A sabiendas del éxito y la consideración en la que se tiene al filme original de 1987, se puede decir que la jugada fue más que arriesgada. Hacer una remake de Robocop no es un emprendimiento en el que muchos directores se han querido embarcar pues todos sabemos que las comparaciones si bien son odiosas también son inevitables por naturaleza en un caso como este. El brasileño José Padilha, a quien conocemos por haber dirigido Bus 174 (2002), Tropa De Elite (2007) y Tropa de Elite 2 (2010) - tres excelentes filmes ambientados en su país natal, llenos de violencia y de conflictos sociales y políticos- decidió aceptar el desafío. Su estilo está presente a lo largo y ancho del filme y logra salir triunfante de una tarea más que complicada. Lo primero que tengo para decirles es que no piensen en la Robocop original cuando la vean y libérense de todo prejuicio típico de fanático. Segundo que, si pueden, la vean en el IMAX pues es una película hecha para este formato. Ahora vayamos a ver de que se trata la nueva Robocop.

La columna vertebral de la historia es la misma que en la cinta de 1987. Alex Murphy (Joel Kinnaman) es un Oficial honesto y trabajador que junto a su compañero mete las narices donde no debe. A punto de dasarmar una red mafiosa que llega hasta la mismísima Policía de Detroit sufre un atentado en la puerta de su casa y queda en coma, con su vida pendiendo de un hilo. En paralelo una infernal maquinaria política y económica que gira alrededor del reemplazo de los soldados y policías con máquinas de guerra está puesta en marcha hace mucho tiempo. Raymond Sellars (Michael Keaton) es el dueño de OmniCorp y está buscando la oportunidad de venderle sus robots asesinos al pueblo norteamericano. Contrata al Doctor Dennett Norton (Gary Oldman) para poder llevar adelante su nuevo plan: crear un híbrido entre humano y máquina para poder seducir al país entero. Su idea es poderosa: mitad humano, mitad máquina. Un robot con todos los beneficios de la tecnología y con el privilegio de la razón humana. La realidad es que Alex Murphy se está muriendo y su mujer Clara (Abbie Cornish) acepta que su marido ingrese en este programa sin tener una idea muy clara de lo que le van a hacer. Lo que sigue es más que conocido y se centra en el debate interno de Murphy, en la lucha por no perder lo poco que le queda de humano y al mismo tiempo resolver el caso que había quedado trunco tras el atentado que casi lo mata.


Robocop tiene un guión adaptado que si bien mantiene el espíritu originario, es bastante libre. Se toma varias licencias y reinventa la manera en que Murphy es asesinado. Esa escena yo recuerdo que me impactó mucho cuando vi por primera vez Robocop (1987) y me decepcionó que no se la haya calcado - y hasta mejorado, pues era posible- en esta película. Aún así también hay que remarcar que toda la sangre que se ahorra en esa escena es compensada en un final que está plagado de disparos y muerte. Esto marca una pauta: la violencia está bien dosificada por Padilha que bien sabe como hacer que lo político se transforme en una parte vital de cualquier filme cuestión que aquí no es la excepción. Pero lo que lo lleva adelante es el drama que significa para Alex Murphy entender su nueva vida y aceptarla por lo que es: una nueva oportunidad - o al menos eso le dicen Sellars y Norton-. Hay un significativo énfasis en lo humano de esta máquina asesina, que era un tema tratado muy brevemente en la primera versión y que celebro que se haya ampliado.


Estamos ante un claro debate acerca de la conveniencia o no de que dejemos que los robots hagan las tareas que le corresponden a un ser humano, como por ejemplo ser policía o soldado que si bien son profesiones extremadamente peligrosas también requieren de la razón para que el desempeño sea el correcto. La lucha se da entre la razón y la efectividad absoluta. La balanza se inclina claramente para un lado que ustedes ya se imaginarán cual es. La escena que cierra Robocop es más que reveladora así que no esperen que les cuente más que lo que menciono en estas líneas. El lobby armamentístico queda expuesto de manera más que contundente y también la estrecha colaboración de los medios con ciertos intereses económicos. El gran negocio que se monta alrededor de Robocop - y en un hecho que es paradójico- termina siendo más inhumano que un robot. Todos quieren sacar su tajada sin importar el coste y para ello manipularán a través de los medios utilizando la paranoia pos 9/11 que se generó en el pueblo norteamericano y que está lejos de haber desaparecido.


En lo referido a las escenas de acción, son impactantes y están muy bien filmadas. Técnicamente son impecables pero también ayudó mucho a formar mi opinión el haberla visto en el IMAX. Tuve la posibilidad de verla en los Estados Unidos el día de su estreno y el formato - al cual no asistía desde que tenía 9 años- me voló la cabeza. Como ya explique al comienzo de la crítica, Robocop es una película hecha para el IMAX. El 3D también es una buena opción, aunque no esté hecha específicamente para este sino convertida pos edición.


Joel Kinnaman, el nuevo chico estrella de Hollywood, está bien en su rol de Alex Murphy pero no es ninguna maravilla. Posee tan poca expresividad que lo mejor de su performance se ve cuando adhieren lo poco que queda de su cuerpo a la estructura robótica que lo acompañará por el resto de su vida. Abbie Cornish es otra actriz que está ganando lugar en la industria norteamericana pero en este caso es puro relleno. Aprueba raspando solamente por agregarle emotividad y sufrimiento a la trama en la incesante lucha de una mujer desesperada por reecontrarse con su marido y por llegar hasta el fondo de la situación. Gary Oldman vuelve a deleitarnos con otra gran actuación y encima hecha casi de taquito - ¿Vieron que se puede hacer algo bien y de pasada?-. Su Dr. Norton es un profesional prestigioso y un buen hombre que se debate entre dejar su nombre en la historia de la medicina o hacer lo correcto. Michael Keaton vuelve al ruedo - y las Grandes Ligas que ya lo extrañaban bastante- como un empresario sin ningún tipo de escrúpulos que solo busca poder y dinero en grandes cantidades. Va a usar a Murphy como un medio para sus fines y no va a dejar que nadie se interponga en su camino. Es el típico lobbysta político y Keaton logra jugarlo con humor y oscuridad en idénticas cantidades. Demás está decir que las mejores escenas de Robocop son aquellas en las que estos dos enormes actores comparten pantalla. Se sacan chispas y logran hacer valer la entrada.


Párrafo muy aparte - pero muy muy- para quien se roba el show por completo desde un sector marginal en la trama: Samuel L. Jackson. Esta vez el actor al que vimos en casi todas las buenas películas de estos últimos 20 años se pone en la piel de Pat Novak, un host televisivo extremadamente carismático que tiene intereses concretos - tanto ideológicos como financieros- en OmniCorp. Es una excelente parodia del típico presentador de Fox News y cada una de sus intervenciones es un delirio en sí misma. Su cierre es con toda la MOTHERFUCKING furia. No se lo pierdan por nada en el mundo.


Robocop es una bastante decente remake en una era de remakes fallidas y aburridas. La reescritura del guión no es mala pues conserva el espíritu del largometraje original. Las actuaciones son buenas en general pero los que saben de verdad son Gary Oldman, Michael Keaton y Samuel L. Jackson y eso se nota en demasía. El nuevo traje es muy cool y el negro le sienta muy bien al Robocop de nuestro siglo. Los efectos especiales son muy buenos y la acción que entrega puede satisfacer hasta al espectador más puntilloso. Robocop es un gran espectáculo lleno de fuegos artificiales que entretiene más allá de algún que otro bache en la trama. Mi recomendación es que vayan a verla sin realizar comparaciones y buscando pasar un buen rato de acción pura y dura con aderezo político.


Puntaje: 7.5/10