Las novelas distópicas son bastante comunes en estos tiempos, pero muy pocas son realmente buenas. Ya he elogiado a "Divergent" de Veronica Roth y a "The Hunger Games" de Suzzane Collins, pero en esta breve lista sin dudas faltaba "The Maze Runner" escrita por James Dashner. Lo que en principio a casi todos les pareció una "nueva y lineal adaptación de una saga para adolescentes", terminó siendo una de las películas más entretenidas y sólidas del año que acaba de pasar. Los tres libros son muy entretenidos y dinámicos y se los recomiendo si no tienen ningún tipo de complejos ni prejuicios para con este género que mezcla romance, política, tensiones sociales y drama adolescente en iguales cantidades. Pero ahora hablemos de The Maze Runner, filme dirigido por Wes Ball y el primero de una trilogía que - esperemos- no vea su parte final dividida en dos segmentos.
El filme comienza con un muchacho (Dylan O'Brien) que está dentro de un ascensor viejo y oxidado. Sube a máxima velocidad por un tunel muy oscuro en el que apenas entra algo de luz y llega a destino para encontrarse con una comunidad de niños y adolescentes. La recepción es más bien cálida pero no por ello exenta de miradas sospechosas. Sin poder recordar su nombre intenta escapar, solo para darse cuenta que el extenso terreno al que ha llegado está rodeado por cuatro gigantes paredes de concreto. Es lo más parecido a una cárcel al aire libre, pues no se puede ni trepar ni derribar esas moles de cemento. Gally (Will Poulter) es el líder del grupo y lo intenta acoplar velozmente a las tareas cotidianas y le explica las tres reglas inquebrantables: trabajar en el puesto asignado, no herir a ningún compañero y nunca ingresar a la misteriosa abertura que se encuentra en el medio de la estructura. Este lugar despierta curiosidad en el recién llegado, que esa misma noche en una pelea-ritual de bienvenida recuerda que su nombre es Thomas. Pronto se hará amigo de un gordito simpático llamado Chuck (Blake Cooper) que le explica que lo que los rodea es un enorme e interminable laberinto y que su forma varía a cada noche. Conocerá también a Alby (Aml Ameen) y a Minho (Ki Hong Lee), dos "Corredores", que son los encargados y únicos autorizados para recorrer el laberinto. En toda esta confusión, no faltará el ingreso de la protagonista femenina, una muchacha llamada Teresa (Kaya Scodelario) que tampoco recuerda muy bien de donde viene ni como llegó allí, pero que por alguna razón conoce a Thomas. Extrañas circunstancias harán que nuestro hero to be termine por cruzar los límites pautados y se empiece a preguntar si realmente hay una salida. Pero para poder escapar, deberá luchar contra la negación de Gally que solo desea mantener el equilibrio y contra una misteriosa criatura que los acecha desde la oscuridad.
En The Maze Runner hay un revoloteo constante de "The Lord Of The Flies". La idea de la comunidad de niños y la manera en que están organizados entrega demasiadas similitudes. Ni que hablar de algunos personajes, como Chuck, que están calcados de la obra maestra de William Golding - a quien tal vez le debamos todas estas sagas distópicas con teenagers y pre púberes como protagonistas-. No tenemos nunca una ubicación espacio-temporal concreta y por primera vez - y aquí se diferencia de sus pares- no existe la explicación previa de por qué esos chicos terminaron allí ni de por qué el mundo y la humanidad están hechos pelota.
The Maze Runner dibuja muy claramente la línea que divide al conformismo de la revolución. Y muestra, bastante por encima pero de forma precisa en el desarrollo de Gally, que si bien es válido tener miedo tampoco debemos dejar que nos lleve a colaborar con el poder que nos oprime y reprime a diario. Los mecanismos de coerción y coacción llevados a cabo por la corporación Wicked son de manual y sirven para sumar tensión a un relato que se muestra ágil más allá de estar situado en tan solo tres escenarios. La fidelidad al libro es absoluta y la verdad es que los guionistas no se guardaron nada, un pecado habitual de las primeras partes. Tras una breve y sólida introducción, The Maze Runner va directo al foco central del conflicto y se convierte en una montaña rusa llena de drama e intensidad.
El giro que el filme da cuando empieza a merodear el cierre, es muy potente. Le suma mucho interés y consigue generar intriga en el espectador justo en el momento en el que decide dejar que la acción entre en boxes hasta que la secuela se estrene. Los efectos especiales son impecables y hay que destacar aquí la creación del laberinto que es simplemente una delicia. La desolación y la destrucción de un futuro que no sabemos si es demasiado lejano invade todos los rincones de la pantalla sin la necesidad de escenas que parezcan en exceso artificiales - y por ende, truchas-.
La actuaciones son muy buenas en un casting realmente joven y con mucho talento. El cierre logra atara varios cabos, aunque siempre dejando a nuestro criterio - je- el más importante, y explica que es lo que los llevó a estar en ese laberinto traicionero y asesino. Gasta ese recurso al final y atentos porque cuando uno menos lo cree, una nueva vuelta de tuerca se encarga de desatar los nudos que hasta hace unos minutos todos veíamos firmes. The Maze Runner es un periplo interesante, que resuelve lo necesario y consume mucha energía en tratar de atraer nuestra atención, algo que siempre se agradece. Está muy bien actuada y es de las mejores novelas-filmes distópicos que se pueden encontrar en este momento donde hay una molesta abundancia de este tipo de productos. Son muy pocos los que se dan el lujo de zafar del corte y, para nuestra satisfacción, The Maze Runner lo logra con creces y mucho más.
Puntaje: 9/10





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