lunes, 25 de noviembre de 2013

Lovelace

Linda Lovelace fue una actriz mediocre que se hizo famosa por protagonizar Deepthroat, uno de los más grandes éxitos de la industria pornográfica. Fue una mujer abusada laboral y físicamente por su marido que durante el tiempo que estuvo en la cima del mundo controló cada aspecto de su vida. Hay varios libros y documentales acerca de esta mujer que no era para nada linda pero que marcó una época. Lovelace, una razonable biopic, no agrega muchas cosas a lo que todos sabemos aunque es una interesante manera de adentrarse en lo que era el negocio de la pornografía en los años y en lo que fueron esos turbulentos momentos de fama para Linda Lovelace.

El filme se centra en la relación de Linda (Amanda Seyfried) con su marido Chuck (Peter Sarsgaard) que comienza siendo un cuento de hadas para terminar convirtiéndose en la peor de las pesadillas. Al poco tiempo de haberse casado, él no duda ni un segundo a la hora de entregarla a la industria del cine pornográfico para poder hacerse millonario a costa de su trabajo. Los productores no ven nada maravilloso en la joven al principio, cuando Chuck les muestra lo que ella puede hacer (de aquí el nombre de la tan famosa película) estos no lo piensan dos veces y la contratan para realizar un super producción que terminaría cambiando la manera en que la audiencia - por lo general bastante asqueada y prejuiciosa al respecto- de ver este tipo de películas. Desde aquí en más, la trama pasa a ser un verdadero drama en el que Linda debe luchar para sobrevivir a su esposo y también a los lineamientos tradicionales y represivos de esa época (vean la escena en la que discute con su madre, una impecable e irreconocible Sharon Stone, acerca de los golpes que le propina Chuck). En medio de todo esto, consigue una fama tan grande que termina por asfixiarla y por la que se planteará dejar todo atrás y comenzar de nuevo. El camino a la liberación de todas sus ataduras fue más que tortuoso y en esto es en lo que Lovelace es efectivo.  


Las actuaciones son lo mejor de la película. Amanda Seyfried hace un muy buen trabajo, más allá de no ser para nada parecida - para bien, claro- a Linda Lovelace, y logra componer un personaje muy creíble que posee todo su sufrimiento a flor de piel pero que no logra que nadie la ayude. Sin desnudos ni escenas subidas de tono, logra imprimirle muy buen ritmo y sentimiento a la historia. Peter Sarsgaard cumple con creces en su interpretación de un hombre que si bien ama a su mujer, la única manera que conoce de relacionarse con ella es mediante la explotación y el abuso. Su Chuck es de a ratos un verdadero monstruo pero en el fondo es solamente un pobre desgraciado, un fracasado que canaliza todas sus frustraciones golpeando a Linda. Robert Patrick y Sharon Stone brillan en su rol de los padres de Linda, que sin dudas la aman y están orgullosos de ella (en especial él) pero que no logran vencer el sentido común de ese momento histórico. Adam Brody como Harry Reems (su partenaire en Deepthroat) y James Franco como un joven Hugh Hefner completan un muy buen elenco que no falla en ningún momento.


Si bien la estética setentosa es impecable, Lovelace peca principalmente por su superficialidad. El cierre es más bien abrupto y la segunda parte del filme parece filmada en Fast Forward. Da la sensación de que Rob Epstein y Jeffrey Friedman solo quisieron presentar los conflictos, desarrollarlos lo suficiente como para conformar a la audiencia y luego cobrar el cheque. No es una mala película, pero podría haber sido un poco mejor sin duda alguna.


Puntaje: 5.5/10

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